De-Lovely

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De una cándida y naif frivolidad, la biografía del músico de jazz Cole Porter se acerca demasiado al estilo Hallmark. Escribe Julián Rimondino.
De música ligera

Por Julián Rimondino

Hay una inocencia, una ligereza, una feliz superficialidad en De-Lovely. Biografía del antes archiconocido y hoy archiolvidado compositor Cole Porter, la nueva película de Irwin Winkler (más conocido y recordado como productor que como director) es de una cándida frivolidad, quizás demasiado tradicional para sorprender como musical al estilo de Moulin Rouge o Chicago, pero que de todos modos resulta simpática y alegre. Claro que la sensación no dura demasiado.
El ambiente de aquellos locos años ?20, y el mito sobre ellos construido desde entonces, hace de esta película, inicialmente, un divertido tratado sobre el amor, con algunos corazones rotos, algunos problemas matrimoniales, un poco de diversidad sexual y otro poco de celebridades (Louis B. Mayer, Irving Berlin) que aparecen por ahí de vez en cuando.
Centrada en la relación de Cole Porter con su esposa Linda (para los parámetros de hoy, una amistad cercana) y sus correrías homosexuales, De-Lovely intercala las canciones de jazz de Porter con los eventos de su vida, yendo de uno a otro no con estética de videoclip, sino más bien como marco para ilustrar y comentar, a través de sus letras ?ayer pícaras, hoy naif? los altibajos de la vida del biografiado.
Claro que el leve entretenimiento (que no tiene nada de malo) que aquí se propone se ve medrado, principalmente, por dos circunstancias. Primero que nada, un metraje demasiado largo, con secuencias a veces repetitivas e innecesarias, lo que por momentos, más que nada hacia el final, vuelve a la película demasiado larga y un poco tediosa. Y segundo, por esa manía de poner en pantalla a los músicos (Sheryl Crow, Alanis Morissette, Elvis Costelo, Diana Krall, Natalie Cole, Robbie Williams, entre otros) para que interpreten las canciones de Porter. Porque si bien las versiones son, en todos los casos, fieles a las originales y aún así propias de los cantantes (se destacan más que nada Alanis Morissette haciendo ?Let?s Do It, Let?s Fall in Love? y Sheryl Crow haciendo ?Begin the Beguine?), por momentos las ganas de Winkler de mostrar a los intérpretes es mayor que su interés por la acción de la escena. Y, francamente, llega un momento en que las canciones son demasiadas.

Las actuaciones de Kevin Kline, siempre apropiado, y de Ashley Judd, por una vez fuera de las insípidas películas de acción que suele hacer, se pierden entre los complejos movimientos de cámara de Winkler, pero de todos modos el guión de Jay Cocks tan sólo les da escenas algo predecidles y diálogos dentro de los esperado. Si el guionista de Buenos muchachos, en otros casos, se lucía con escenas sorprendentes, diálogos potentes y narraciones atrapantes, aquí salta de un lugar totalmente esperable a otro que lo es aún más, y no hace más que seguir los lineamientos generales de todo biopic norteamericano.

Cercana a las biografías de Hallmark (aunque con actores algo mejores), De-Lovely termina siendo una película agradable, no demasiado llamativa, y que quedará en el recuerdo sólo por su banda sonora, de todos modos ya famosa.

Publicado en Leedor el 13-6-2005