El fulgor argentino

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El Grupo Catalinas demuestra en El fulgor argentino cómo la historia argentina es digna de ser satirizada, tanto como sus pasiones. No te lo podés perder. El fulgor argentino: una historia social

Por Alejandra Portela

Desde el momento en que, a un costado superior de la platea ,aparece lo más granado de la sociedad de 1930 que, a modo de presentación, abre las puertas de ese salón de baile que la ficción dio en llamar “El fulgor argentino“, la sensación que se tiene es que la historia argentina es digna de ser dramatizada. Y la forma que eligió el Grupo Catalinas es la parodia, la caricatura, porque los personajes de esta historia (real, ficcional) son tan posibles de satirizar como sus pasiones.

Todos ellos, el profesor de música, el cura, el bombero, el presidente del club de barrio, su señora esposa, el maestro, su señora esposa, el diputado radical, recitan la estrofa que le corresponde y en ese decir, se van definiendo. Una suerte de desfile de representantes sociales, tal como dice la canción: “hijos de inmigrantes abnegados”; le sigue la murga bullanguera que pone bajo la lupa a esa dichosa gente culta que apoya a Irigoyen, un presidente echado por el golpe que comienza a liquidar a futuro la ilusión de un país.

No está mal elegido ese momento, porque el golpe de Uriburu es el punto de inicio de una larga y triste tradición de golpes militares, políticos, económicos que El fulgor registra tan bien, entre el circo y la comparsa.

Frente a esos exponentes, el pueblo, culto y castigado, la manifestación hambrienta: hambre y frío, basta! Un coro de hombres desocupados y sus mujeres en la olla popular. No pasó tanto tiempo y ese coro se convierte en piquete.

La historia social de la Argentina se corporiza en su formación tan compleja y tan rica. El escenario de ese club de barrio es el ideal: “No elijamos populacho, elijamos un doctor” . Pero también existen los reyes magos. Quién los mandó? Evita. La muerte de un personaje de la ficción se asimila a la muerte de Eva: el funeral es uno de los momentos altamente estéticos de El fulgor…. Los efectos de luces y sombras sobre las capas negras que llevan el cuerpo. La historia argentina está hecha de extremos. Verdad o mentira. Ejército-Iglesia y montoneros. Satán o Jesús, Educación laica o libre, Bolcheviques a Moscú. Peronistas o aristócratas.

La historia también es música, el tango, el rock, el cuartetazo, seguramente recuerda al film El baile, de Ettore Scola.

La parte documental la dan los cortes radiales, cuando en semipenumbra el escenario se vacía y el público debe sólo escuchar las publicidades, los comunicados, las noticias de radio. Teatro de silencios que metaforiza los golpes militares. La rendición de Malvinas.
La democracia, esa que daba de comer, curaba y enseñaba. Llega hasta el corralito y el cacerolazo.

100 actores, todos adscriptos a un proyecto, el del Grupo Catalinas, que ya tiene tantos años como la democracia, y que surgió igual que El fulgor…, desde la gente de barrio: varios mayores, algunos niños, muchos jóvenes, gordos, flacos, petisos. La obra apuesta a esa suma que es la masa y que parece remedar tantos males que hoy nos aquejan. Seguidores de las tradicionales manifestaciones artísticas de La Boca: titiriteros, músicos, actores, pintores, el grupo las funde en esta historia de 100 años de la Argentina.

Porque El fulgor argentino, además de ser un bosquejo de nuestra historia, es la punta de otro iceberg, el de un emprendimiento que se autogestiona. Al llegar a la función, una mesa en la calle ofrece todo tipo de comidas, adentro un merchandising con remeras, discos, muñequitos. Son los actores, ya caracterizados los que nos invitan a pasar, y son ellos los que nos despiden. El teatro para la gente de Catalinas está tan integrado a la gente como el galpón a La Boca. Los bomberos voluntarios cuidan los autos en la calle. En agosto del 2001 el grupo termina de pagar la hipoteca de ese espacio de la calle Benito Pérez Galdós, y comienzan a soñar con otro espacio contiguo que también hoy les pertenece. La esquina está decorada con un mural de unos 50 metros con esculturas que asoman a los balcones de La Boca, en la fachada, el teatro y el público. Y es otro espectáculo.

Hoy ofrecen la posibilidad de asociarse a ese proyecto por medio de la pertenencia a una categoría: la de los amigos-utópicos, por medio de $5 mensuales el socio puede ver todos los espectáculos del grupo.

Publicado el 28-4-2005