Sobre La Caída

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Frente a la única pregunta que ha suscitado la película La caída, sobre si humaniza o no al dictador, Elizabeth Motta aproxima otros planteos.Opinión
Sobre La Caída, de Oliver Hirschbiegel.

Por Elizabeth Motta.

En primer lugar, sí, podríamos decir que el film muestra el lado humano de Hitler, en el sentido de que vemos cómo cuida el mundo de su entorno sentimental, vemos cómo se siente herido frente a la traición de sus más cercanos, etc. Ahora bien, salvo que alguien piense que haya venido de otro planeta, Hitler era un ser humano. Frente a esto se podría decir, entonces, que la película no hace más que evidenciar algo obvio, y negar que Hitler tenía sentimientos sería como negar que semejante grado de vileza es posible para los individuos de la raza humana.

Por otro lado, uno muchas veces se plantea (o por lo menos es lo que a mí me pasa) cuál es el objetivo del director frente a su obra, o qué es lo que lo lleva a plantear determinadas cuestiones. Mi pregunta es entonces ¿por qué (o para qué) mostrar el lado humano de Hitler? ¿Cuál era el objetivo de Oliver Hirschbiegel?. Ni bien me surge esa cuestión me doy cuenta que no hago más que preguntarme lo que todos, sin haber entrado en un análisis del film mismo. Ello me llevó a pensar la película desde otros lados.

Una de las cosas que se destaca es el fanatismo que el régimen nazi suscitó en muchas personas. Cuando el nazismo es vencido, aún queda mucha gente (se muestra incluso a niños) que insisten en defenderlo y que están dispuestos a dar la vida por él. Esto nos recuerda que el nazismo no lo hizo una sola persona, sino que fue apoyado por muchos.

Por otro lado, me gustaría destacar el personaje de la secretaria, pero destacar a modo de subrayar lo patético que es, no sólo porque su rostro angelical y tierno pareciera el de una persona que nunca había comprendido realmente para quién trabajara, sino que además hay una escena donde ella anda en bicicleta con un niño, imagen que suscita una ternura que resulta bastante molesta dentro de su contexto.

Pero antes de seguir, hay que tener en cuenta un hecho: mostrar los últimos momentos de la vida de una persona, es decir, estar cara a cara con la muerte, no propondría nunca un planteamiento feliz. Pero la que se ve en La caída no es cualquier persona, sino que fue una de las que más odio suscitó en la historia de la humanidad. En otras palabras, hay que preguntarse ¿Cómo debería ser planteada la muerte de Hitler?, O ¿Qué es lo que connota el planteo dramático de la muerte de un dictador? ¿Es que eso significa estar de su lado? ¿Por qué mostrar los últimos momentos de Hitler? ¿Por qué no? ¿De qué manera habría que hacerlo?. Estas cuestiones nos llevan hacia un planteo sobre el lenguaje cinematográfico mismo.

Un artículo de Serge Daney llamado ?El travelling de Kapo? habla precisamente sobre el tema de la estetización de la violencia, cuando se refiere al hecho de hacer bellos momentos que en realidad son nefastos, y los cuales no merecen que ningún factor los armonice o embellezca. En el mismo artículo, este inteligente crítico y ensayista de los años ?60 habla de Noche y Niebla de Alain Resnais, un famosísimo documental precisamente sobre el Holocausto y las terribles consecuencias del régimen nazi. Daney se preguntaba cómo se podía hacer una película del Holocausto después de ésa, cuando se ven imágenes de una barredora de cadáveres empujándolos hacia un pozo. Es decir, cómo mostrar esas atrocidades con el mismo grado que lograron esas escenas tan directas del film de Resnais.
Me pregunto qué hubiese dicho Daney hoy respecto de La caída, y no me animo a responder por él. Si me animo a plantear una cuestión:
Si no es propicio mostrar cualquier enfrentamiento de una persona con la muerte como un hecho feliz, como algo bello, qué pasa cuando esa persona que se elige es precisamente una de las más odiadas del mundo. ¿Habría que haber contado con alegría la muerte de Hitler? Algunos me dirán que si, pero ¿no sería eso estetizar la violencia? ¿No sería eso estetizar la muerte de una persona, sea quien sea? Pero alguien podría dar una vuelta mas y decir ?¡Si, a veces se justifica el embellecimiento de la muerte!?.

Y podría seguir planteando un sin fin más de cuestiones, pero volvamos a la película y al punto al que quiero llegar. Yo realmente no creo que el filme me haya ablandado mi imagen de Hitler. El hecho de verlo desesperado y preocupado, no logró que me olvidara de todas las cosas que hizo. Creo que en ese aspecto ya tenemos una imagen bastante formada como para que una película pueda cambiarla. Es decir, no nos preocupemos tanto de si Hitler se ve mas humano o no en una película. Es decir sí, preocupémonos, estemos atentos a las ideologías de los films, pero en pos de llevar el planteo mas allá para hacer surgir la reflexión, no sólo sobre lo que se muestra o cómo se lo muestra, etc., sino sobre los resultados que ello genera. Por ejemplo en este caso tal vez podríamos decir que si se estrenaba otra película que en lugar de los últimos días de Hitler hubiese mostrado las atrocidades del Holocausto (cómo hacerla luego de Noche y Niebla, se preguntaba Daney), tal vez no hubiese generado tanta opinión como la que generó La caída. En ese sentido (y siempre y cuando estemos atentos) el film de Oliver Hirschbiegel no produjo una buena impresión de Hitler, sino que al contrario, tal vez por la reflexión que generó no hizo mas que reforzar nuestra ya tan formada imagen del dictador.

Publicado en Leedor el 6-6-2005