Ronda Nocturna

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Con el postmenemismo como escenario, Edgardo Cozarinsky construye un film forzado con diálogos pretenciosos. Se estrena hoy.Fantasmas de la noche

Por Julián Rimondino, desde BAFICI

Ronda Nocturna ya está en DVD en Leedor.com

En el catálogo del BAFICI se puede leer que con Ronda nocturna ?Edgardo Cozarinsky dialoga con el nuevo cine argentino?. Y sí, es verdad que la última película del argentino radicado en Francia (de todos modos, filmada en y sobre Buenos Aires), cuenta un relato sobre la juventud en la era post-menemista, con la supervivencia a la orden del día, la miseria de los cartoneros siempre presente y la terrible ilegalidad que reina en la mente de todos los porteños como motor de la historia. Pero éste es un film que muy poco tiene que ver con Mundo grúa o con films más introspectivos como Taxi, un encuentro o Herencia. La noche y la soledad son su tema, pero también lo son los fantasmas y las pesadillas.

Víctor (Gonzalo Heredia, que logra ir y venir entre momentos de pibe chabón y otros de reflexión aguda con habilidad) es un taxiboy y dealer que vivirá una noche agitada que concentra toda la acción de la película, y por la que vivirá una seguidilla de encuentros con clientes, amigos, amantes y ex-novias. La ciudad, que Cozarinsky filma con devoción y romanticismo, es un lugar decadente, que mezcla lujosos gimnasios con gente que revuelve la basura, que combina la decadente y gris calle Corrientes con el vacío San Telmo y sus viejos bares de barrio. Se trata de un espacio fantasmagórico que Víctor reconoce como suyo, pero que no deja de shockearlo.

Hay muchos detalles de un realismo mágico algo artificiosos, cercanos al cliché y que dan un toque fantástico a un relato por lo demás realista, que son a la vez la marca del director y lo que más se le resiente. Pero es también su forma de narrar, un intento de poetizar y metaforizar por medio de las ?criaturas de la noche?, que desaparecen tan inesperadamente como aparecen, ciertos temas grandilocuentes: la muerte, el peso del pasado, el amor.

Existían caminos para mostrar todo esto que hubieran resultado menos forzados: no seguirlos no está mal, pero la elección molesta, porque su integración al relato se siente forzada, porque los recursos con que se los introduce y desarrolla no alcanzan la calidad que necesitarían para no ser cuestionados por el espectador.

De hecho, se sienten pretenciosos, algo burdos, sensación a la que ayudan por momentos los diálogos, esto sí definitivamente pretenciosos.

Si se salva este detalle, es porque, primero que nada, Ronda nocturna tiene pocos diálogos, y el peso de la película recae sobre la imagen. Y segundo, porque los actores los sostienen con sus actuaciones: a Heredia, se suman las valiosas performances de Rafael Ferro y Moro Anghileri (que si estaba desubicada en Fantasmas de la noche.

Si uno lee el catálogo del BAFICI, lee que con Ronda nocturna ?Edgardo Cozarinsky dialoga con el nuevo cine argentino?. Y sí, es verdad que la última película del argentino radicado en Francia (de todos modos, filmada en y sobre Buenos Aires), cuenta un relato sobre la juventud en la era post-menemista, con la supervivencia a cuatro manos a la orden del día, la miseria de los cartoneros siempre presente y la terrible ilegalidad que reina en la mente de todos los porteños como motor de la historia. Pero éste es un film que muy poco tiene que ver con Mundo grúa o con films más introspectivos como Taxi, un encuentro o Herencia. La noche y la soledad son su tema, pero también lo son los fantasmas y las pesadillas.

Víctor (Gonzalo Heredia, que logra ir y venir entre momentos de pibe chabón y otros de reflexión aguda con habilidad) es un taxiboy y dealer que vivirá una noche agitada que concentra toda la acción de la película, y por la que vivirá una seguidilla de encuentros con clientes, amigos, amantes y ex-novias. La ciudad, que Cozarinsky filma con devoción y romanticismo, es un lugar decadente, que mezcla lujosos gimnasios con gente que revuelve la basura, que combina la decadente y gris calle Corrientes con el vacío San Telmo y sus viejos bares de barrio. Se trata de un espacio fantasmagórico que Víctor reconoce como suyo, pero que no deja de shockearlo.

Hay muchos detalles de un realismo mágico algo artificiosos, cercanos al cliché y que dan un toque fantástico a un relato por lo demás realista, que son a la vez la marca del director y lo que más se le resiente. Pero es también su forma de narrar, un intento de poetizar y metaforizar por medio de las ?criaturas de la noche?, que desaparecen tan inesperadamente como aparecen, ciertos temas grandilocuentes: la muerte, el peso del pasado, el amor.

Existen caminos para mostrar todo esto que hubieran resultado menos forzados: no seguirlos no está mal, pero la elección molesta porque su integración al relato se siente forzada, porque los recursos con que se los introduce y desarrolla no alcanzan la calidad que necesitarían para no ser cuestionados por el espectador. Porque, de hecho, se sienten pretenciosos, algo burdos, sensación a la que ayudan por momentos los diálogos, esto sí definitivamente pretenciosos.

Si se salva este detalle, es porque, primero que nada, Ronda nocturna tiene pocos diálogos, y el peso de la película recae sobre la imagen. Y segundo, porque los actores los sostienen con sus actuaciones: a Heredia, se suman las valiosas performances de Rafael Ferro y Moro Anghileri (que si estaba desubicada en Buena Vida Delivery, es porque su estilo dramático y profundo tiene más cabida en una película como ésta).

Próximas funciones de Ronda Nocturna en BAFICI
Viernes 15 a las 20 hs en Hoyts 9
Miercoles 20 a las 20 hs en MALBA

Actividad especial:
El lunes 18 a las 19 hs en el Centro Cultural Rojas se presenta el libro Ronda Nocturna de Edgardo Cozarinsky

Publicado en Leedor el 14-4-2005