Del otro lado del mar

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La nueva propuesta de Omar Pachecho en el Teatro La otra Orilla requiere de un espectador atento a crear sentido.Por Micaela Pereira

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Este espectáculo nos sitúa en un espacio- tiempo ritual, el punto de partida para la iniciación del rito será la oscuridad y la niebla como únicos rasgos perceptibles.
Los personajes brotarán de la sombra y, confundidos con ella, presentarán imágenes que nos invitarán a participar de la confección de un sueño. El espacio está fragmentado, hay juegos de simetría y claroscuro que puede compararse con un montaje cinematográfico.

El cuerpo de los actores, será el núcleo escénico como marca poética de la experimentación teatral llevada a cabo por Omar Pacheco. Es muy fuerte e impactante el entrenamiento actoral, simplemente el hecho de que elaboren en la oscuridad trabajos de encastre y salto, desarrollados en perfecto equilibrio.

Si bien el espacio se presenta como múltiple, podríamos hacer un recorte para tomar lo que sucede en el frente y el fondo (fuera de campo).
En el frente tendremos distintos planos de una situación entre un hombre y una mujer que lo tienta con una copa, los sonidos percibidos parecen de vampiros deseosos de tomar sangre, está el hombre por ceder frente a la tentación y la mujer muerde su cuello, pasamos por corte (fundido a negro como en el cine) a una imagen proyectada en el fondo, de mujeres en fila unidas por una cuerda que caminan, de las que vemos sombras nada más.

Nuevamente situados en espacio del frente, ahora veremos a un hombre que intenta volar y entrena su cuerpo en esa búsqueda, simultáneamente en el otro espacio, veremos un hombre-pájaro. Esta imagen desarrollará un juego con la luz que nos permitirá ver volar a este hombre-pájaro. Está de más, creo, decir que estamos frente a una metáfora que implica la posibilidad del hombre de lanzarse a sus deseos venciendo la represión que habita en su super yo, en la consciencia de su vida cotidiana.

Todas estas descripciones no hacen más que tentar al espectador para que vaya en busca de sus propias imágenes y comparaciones, es una obra que apela al trabajo de la mirada del espectador con sus posibilidades de dar sentido al espectáculo, y que todo el tiempo lo deja en sombra, que se asemeja a una especie de puesta en jaque, no le da certezas, sino incertidumbre a todas sus posibilidades de percepción.

Frente al mundo onírico en el que la puesta nos instala, al mando del inconsciente, se proyecta también nuestra sombra, nuestro doble: ¿qué es un actor sino ese hombre imaginario que habla de nosotros mismos?.

Publicado en Leedor el 16-5-2005