Pájaro Antena

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Segundo fragmento de “Vida y obra de Yamndú Ringuelet Rivera” proyecto Csaba Herke y Carlos Marini…Pájaro Antena (Foto 1)
(fragmento de Vida y obra de Yamandú Ringuelet Rivera)

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por Yamandú Ringuelet Rivera

Tres días me llevó descubrir que no se trataba de mono alguno, sino de un judío internado no sé por qué extraña fobia, quien sigilosamente se aprovechaba de mis distracciones para hacerse con el girasol. Por supuesto que seguí dejando el montoncito de semillas que hacían la felicidad de esa persona, lo cual se transformó en una especie de juego. Una amistad no declarada con ese hombre del cual jamás supe su nombre.

Sin embargo, una mañana, el hombre me sacó a rastras de mi puesto de observación en el parque y me empujó para que ascienda por la escalinata. Desbordó con su actitud toda posible resistencia de mi parte. La bolsa con maíz y la que contenía alpiste quedaron tendidas sobre la verde grama, desde lejos daba la ilusión de ser un escroto gigantesco.
Llegamos a una amplia sala donde se disponían las camas y en donde aún muchos internos permanecían acompañados de sus pesadillas. Desde allí pude

avistar un Pájaro Antena, así llamado por su notable capacidad de mimetismo con antenas y pararrayos.
Su presencia suele pasar casi inadvertida a los hombres no adiestrados, y sólo es descubierta cuando interfieren las señales de los televisores, ya por que suelen apoyarse en los receptores de ondas, sobre todo en invierno cuando buscan calor o ya cuando se posan en los cables chatos, de los cuales se alimentan. El picoteo sobre estos cables produce un efecto zapping muy molesto si el televisor está encendido, el que inquieta a los usuarios que salen a cazarlos con un control remoto, artilugio éste que dará resultado siempre y cuando el pájaro antena no se halle a más de seis metros.
El Pájaro Antena es de la familia de las cigüeñas, a diferencia de éstas no emigra y se destaca por tener un cuerpo longuilíneo de plumaje acerado. Tiene una mirada de loco furioso, exaltada como la de los gorriones y jugadores de fútbol interpelados en las discotecas, esta apariencia se debe a que carece de párpados porque no duerme. Su carácter, sin embargo, es de gran mansedumbre con otras especies a las cuales suele soportar sobre sí, aunque con su pareja suele ser histérico como una diva, por eso sólo empollan un huevo, hacia los meses de marzo y abril. No tienen hábitat delimitado, sino que se extienden por toda la ciudad sin importar alturas. Suele nidificar en los techos cerca de los tanques de agua.

Leguleyo o Marabú de Tribunales (Foto 2)

Los viejos jubilados ya eran parte de mi equipo, nos unía la desesperación o la desazón frente a un mundo que no quería ver ni oír ni comprender. Ellos, quizá por aburrimiento, quizá por estar descalificados por su condición de ancianos, quizá por haber encontrado una causa para seguir luchando, mas allá de que estuviera perdida o no, no claudicaron.
Cuando otro de los integrantes del grupo, Víctor Prestipino, de mirada meridional, pícara y oscura, me dijo que su antiguo oficio era el de cazador de pájaros, lo cual le jerarquizaba como interlocutor, sus amigos
rieron y él entonces, sacándose la dentadura plástica que guardó cuidadosamente en el bolsillo superior de su saco, imitó cantos de diferentes especies con un silbido suave o triste que dijo pertenecían al pájaro tango, obviamente sus amigos parecían conocer a esta especie tan bien como él y escucharlos me llenaba de admiración. Ante esta prueba irrefutable de oficio le pregunté si consideraba alguna de las especies del lugar como interesante y me dijo que buscara al Leguleyo o Marabú de los Tribunales.
Hice un relevamiento del lugar. Los edificios públicos construidos a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX conllevaron en sus estilos la impronta de un espíritu arquitectónico clásico. No es necesario aquí hacer una descripción de los mismos, pero vale para mejor comprensión decir que sus detalles externos como cornisas, frisos, peristilos, grandes vanos, archivoltas, estilóbatos, entablamentos y arquitrabes permitieron el asentamiento de diferentes especies de las cuales son las palomas las más numerosas, pero la más extraña, como me dijera el cazador de pájaros, es la llamada vulgarmente Leguleyo o Marabú de Tribunales. El segundo de estos nombres nada tiene que ver con su clasificación zoológica puesto que en realidad pertenece a la familia de los córvidos; en cuanto al primero, se trata de una humorada por habitar el Palacio de Justicia, el Congreso, el concejo deliberante, etc.
Recorrí la laberíntica estructura del Palacio de Tribunales en una afanosa búsqueda que se vio recompensada cuando al pasar por un despacho de juzgado pude ver la silueta de apariencia triste y funeraria por su postura encorvada, absorta como un juez que medita una sentencia.
Esta especie es sumamente desconfiada, por lo que me resultó difícil hacer una fotografía. Para ello debí recurrir a una especie de espejuelo para cazar alondras. Aproveche la enorme alegoría de la Justicia que se encuentra en el hall del Palacio de Tribunales. Sin balanza, sin espada y sin venda esta alegoría extiende sus brazos hacia delante como una especie de sonámbula. Una sonámbula que no avanza ni retrocede, casi podría decirse que es una helena opiómana. El espejuelo atrajo rápidamente al leguleyo que ilustra la nota.
El leguleyo es muy voraz, un pájaro omnívoro que traga cualquier objeto sin dilación, botones de braguetas, broches de pelo, monedas especialmente, porque tiene predilección por los objetos que brillan, no es extraño verlos entonces picotear los escupitajos de los pasillos oficiales. Disfruta muchísimo devorando las migajas que caen cuando se producen entuertos entre otras especies por un pedazo de pan. El Marabú de Tribunales tiene un graznido desagradable e incomprensible como muchos otros carroñeros, devoran también los papeles y sus eyecciones son de un intenso y desagradable olor que denuncian su territorio. Viven en colonias formando diferentes grupos sociales rivales entre sí, buscando estar uno más alto que el otro para demostrar su poderío frente al grupo. Son muy diestros trepando, y en sus carreras para alcanzar una guarida mejor se pisan los unos a los otros. Se aparean en cornisas y salientes de los edificios. Lo hacen sin tapujos restregando sus lomos en las volutas de cemento, en las expresiones latinas que están inscriptas, otros aprovechan las narices de las cariátides, se cortejan golpeando las alas contra sus cuerpos lo que provoca un sonido similar al de los aplausos en las conferencias. Es difícil verlo entre rejas de una jaula puesto que es muy astuto tanto para eludir cuanto para crear problemas.

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