Miguel Caride

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Frente a la obra de Miguel Caride la primera actitud de recogimiento se trasformará en un extenso diálogo intersubjetivo donde la luz y el silencio se ofrecen como primeros elementos de la liturgia. MIGUEL CARIDE
Poética del Silencio

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Por Alejandro Zuy

MAMAN
Av. del Libertador 2475
Ciudad de Buenos Aires
Del 19 de abril al 4 de junio
Lunes a viernes de 11.30 a 20 hs. sábados de 11.30 a 15 hs.

Miguel Caride nació el 12 de Julio de 1920 en Buenos Aires. Su nombre completo es Miguel Poklépovich Caride. Pintor, dibujante e ilustrador autodidacta. En 1937 realizó su presentación como pintor en una muestra del Ateneo Popular de la Boca. Abordó el post-impresionismo hasta 1940, año en el que inició su participación en el ?realismo mágico?, el cual primó en su expresión hasta 1943. En ese año, una circunstancia reveladora lo convocó a iniciar una de las aventuras más asombrosas en la historia de su vida. Participa en el movimiento surrealista desde esa fecha, manteniendo siempre una posición de independencia.

?Nada se mueve, pero ocurren muchas cosas?
J. G. Ballard
La sequía

¿Qué significa un acercamiento a la obra de Miguel Caride? La pregunta surge naturalmente ante la experiencia frente a las realizaciones de un creador que hasta hace unos pocos días me resultaba desconocido. Las palabras plenas de una cuidada veneración de una amiga y ex discípula del propio Caride me despertaron una inevitable curiosidad. Un llamado interno, intuitivo, próximo a un juego azaroso me instaba a traspasar ese halo de misterio y conocerlo.
Una de las posibles respuestas a la pregunta inicial es entonces la descripción del registro de esa vivencia. Experiencia que certeramente atraviesa al espectador colocándolo en una actitud de recogimiento que se trasformará en un extenso diálogo intersubjetivo donde la luz y el silencio se ofrecen como primeros elementos de la liturgia. Luz que parece emanar de la propia obra y silencio que no es vacío sino materia.

Su obra se puede dividir en tres etapas que se van plegando una sobre otra para conformar un todo coherente y compacto. La primera, llamada por él mismo ?Realismo mágico?, se aprecia en las naturalezas muertas que conectan con la tradición cezanneana pero que como otros artistas surgidos en el ámbito del barrio de La Boca adquieren un marcado tono metafísico heredero de los grupos italianos ?Valori Plastici? y ?Novecento? que rescatan la precisión de las formas.
En la segunda etapa, se vuelca de lleno al surrealismo, es aquí donde definitivamente Caride parece encontrar las formas indicadas para madurar un universo personal que contó con el reconocimiento de quien fuera introductor del surrealismo en la Argentina, el poeta y critico Aldo Pellegrini.
En esta etapa Caride nos lleva hacia territorios que crean un nuevo sentido del tiempo que emerge de los propios paisajes, donde lo pétreo, lo mineral, se concatena con maravillosas configuraciones biológicas. Un auténtico programa de exploración del espacio interior, un rescate de contenidos latentes donde la imaginación rompe con las apariencias y se manifiesta.
La tercera etapa se caracteriza por una mayor abstracción y síntesis. La técnica se despliega con extrema rigurosidad. Lo geométrico dentro de un espectro de colores fríos predomina de manera ascética pero manteniendo de manera inclaudicable los climas sugestivos de la etapa anterior, despojados ahora de puntos de apoyo que pudieran ofrecernos seguridad para definitivamente trasladarnos a un nivel de contemplación más complejo y revelador.

Caride concibe el arte como un camino hacia la perfección de sí mismo, prefiriendo ubicarse en los márgenes del circuito artístico y concentrarse en el cuidado de cada gesto, de cada pincelada, condensando en él una elaborada meditación que seguramente carga consigo la asimilación de todo lo que ha significado el siglo XX. Más allá de la idealización que supone toda construcción de una leyenda alrededor del artista, seguramente su extensa trayectoria es ampliamente merecedora de un análisis que lo distancie de esos riesgos.

Referencias Imágenes
Foto 1: La Caja Roja (1939)
Foto 2: Imagen para un templo sin miedo (1948)
Foto 3: Eternidad (1966)

Publicado en Leedor el 2-5-2005