De cirujas putas y suicidas

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La obra de Lía Jelin crea una atmósfera nostágica por un pasado transformado y un presente acelerado que no deja de moverse a gran velocidad.De cirujas putas y suicidas

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Por Cecilia de Cruz

Recurriendo a la memoria del espectador para recuperar personajes
estereotipados de nuestra híbrida identidad nacional, De cirujas, putas y
suicidas
, crea una atmósfera nostágica por un pasado transformado y un
presente acelerado que no deja de moverse a gran velocidad.

Esto es lo que les ocurre a los personajes poco convincentes de la obra ya
que en un típico bar al estilo de San Telmo un mozo, un ciruja, una
prostituta y un viejo melancólico entrecruzaran sus historias para retratar
el progresivo cambio del bar al que concurren religiosamente todos los días
de sus vidas.

La puesta en escena se estructura en cuadros intercalados por piezas
musicales logrando hilvanar las cuatro historias que confluyen en un mismo
punto de vista: la degradación de seres arquetípicos que no logran adaptarse
a los cambios bruzcos (según ellos) de la era global. A través de la
estructura a cuadro, la articulación temporal permite avanzar el relato a un
ritmo veloz conociendo un panorama de los momentos significativos que marcan
un giro en la historia.

Con una escenográfia hundida en el polvo de un pasado reconocible pero lejano
de un bar de los años veinte y a la vez rodeada de espejos que nos devuelven
una imagen arcaica de nosotros mismos, algunos espectadores por instantes
podrán sonreirse al identificar ciertos códigos sociales remanentes y en
desuso.

Con el propósito de “revivir ese mundo tan entrañable”, como afirma su
directora Lía Jelín, la pieza teatral recurre a la utilización del grotesco
con respecto al sistema de personajes pero sin tener como efecto en la
recepción el reirse a carcajadas sino que al rememorar un pasado se queda
en la nostalgia.

Publicado en Leedor el 2-5-2005