The Wayward Cloud

0
6

BAFICI. Día 8. En este último film del director de Goodbye, Dragon Inn, se mezclan el sexo, el musical y una historia de amor un poco obstinada.Por Elizabeth Motta

Con planos fijos e inexistentes travellings, con espacios oblicuos que se construyen desde los diferentes encuadres, las escenas se llenan a veces de ternura, en contrapunto con las explícitas y a veces cómicas escenas de sexo, y también con las escenas musicales.

En una ciudad donde abundan las sandías y escasea el agua, comienza una historia de amor entre una muchacha y un actor de películas pornográficas. Ambos personajes vienen de un film anterior del director, What Time Is It There? (2001), donde la actual estrella porno era un vendedor de relojes, y ella una estudiante de Francia. En The Wayward Cloud se reencuentran en Taipei, y continúan su historia.

Ella vive sola en un departamento, en cuya heladera sólo posee botellas de agua (que roba de baños públicos para estar constantemente abastecida, por la escasez) y una sandía. Tres pisos más arriba, hay un departamento donde se filman películas pornográficas, donde el actor es, sin que ella lo sepa, su enamorado. Allí también poseen agua y sandías, pero por supuesto le dan otros usos, como podrán imaginarse (la sandía en un momento del film reemplaza una vagina). Estos objetos actúan entonces simbólicamente. También lo hacen otros elementos, como una llave, una valija que no se puede abrir (que carga la protagonista desde What Time is It There?), flores, etc.

Entre estas escenas, siempre cargadas de humor y a veces un poco intolerables (largas escenas de sexo, cuya sonoridad y tosquedad resultan algo perturbadoras -fundamentalmente en el final, donde el protagonista mantiene relaciones sexuales un largo rato y en todas las posiciones con un cuerpo que ya esta muerto, junto con una inesperada eyaculación-) se interponen escenas de musicales, cuya puesta en escena recuerda al music hall. Las temáticas que recorren éstas canciones van desde melodías melancólicas que hablan de la soledad, pasando por canciones sobre amores eternos, hasta llegar a una cómica puesta con un actor disfrazado de pene y rodeado por varias bailarinas con pechos como punteagudos conos.

Un film atípico por la mezcla de géneros que parecen incompatibles, junto con los más insólitos encuadres y situaciones, que lo hacen interesante de descubrir.

Publicado en Leedor el 22-4-2005