Temporada de patos (II)

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BAFICI. Día 11. Esta vez en Buenos Aires, la película de Eimbcke despierta los mismos intereses que en Mar del Plata.No otro domingo más

Por Julián Rimondino, desde BAFICI

Temporada de Patos ya está en DVD

Moko y Flema tienen 14 años. Son pretenciosos, vagos, arrogantes y difíciles de tratar. Tienen sus propios códigos y no se los piensan explicar a nadie. Se creen más independientes de lo que son en realidad y nadie los convencerá de lo contrario. Son dos típicos adolescentes y en este domingo en que la casa de Flema queda libre, planeaban pasarse el día jugando a los videojuegos, comiendo pizza y tomando baldes de Coca-Cola. Hasta que la vecina Rita se instale en la cocina, convencida a no irse hasta preparar una torta. Y hasta que el repartidor de pizzas, por una discusión idiota (ellos dicen que llegó tarde, él que no) se niega a irse hasta que le paguen.

Estos cuatro personajes, confinados al departamento de un monobloc gigantesco y poco atrayente, son el motor de Temporada de patos, ejercicio de humor absurdo pero realista a la vez, muestra de virtuosismo de guión y gran debut de Fernando Eimbcke en la dirección.

Filmada en un blanco y negro muy prolijo y estilizado, Temporada… se desarrolla a lo largo de ese domingo sin nada en especial, donde las frustraciones de ser joven surgirán de los cuatro personajes: Flema se quejará por el divorcio de sus padres, el repartidor Ulises lamentará no poder volver a su pueblo, Rita no se dejará abatir porque su familia haya olvidado su cumpleaños, y Moko vivirá un incómodo despertar sexual que va y viene entre Rita y Flema. Su casual reunión da a los cuatro un marco donde vincularse a pesar de estos problemas, unidos por la sensación de ser ignorados por sus familias.

Sus deseos y sueños (que no cuentan en el mundo exterior) surgen con toda fuerza dentro del departamento, espacio que, lejos de resultar claustrofóbico, Eimbcke explota al máximo gracias a sus planos fijos y amplios y sus tomas prolongadas.
Con un excelente manejo del humor y la fantasía (especialmente fabulosa es la secuencia en que los cuatro, tras comer brownies con marihuana, comienzan a tener alucinaciones), Temporada de patos reniega del realismo tan caro al cine latinoamericano y prefiere reducirse teatralmente a un solo espacio para sacar el máximo de sus personajes y su historia.

Si existe justicia en el mundo, Temporada… se llevará algún premio. Lo más justo sería a la dirección o el guión. Porque es una película fuertemente independiente, original y novedosa como no se ve demasiado seguido, y no necesita para esto emplear ningún recurso gastado y probado, ya que es justamente en su alejamiento de todo lo previsible (cinematográfica y narrativamente) donde reside su mayor valor.

Nota relacionada:
Temporada de patos, por Cecilia de La Cruz, a própósito de su proyección en el Festival de Mar del Plata

Publicado en Leedor el 23-4-2005