Letters home

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BAFICI. Día 7. Por qué la visión de esta película de Chantal Akerman resultó una desgraciada experiencia lo explica Fredy Friedlander.Ni siquiera es teatro filmado

Por Fredy Friedlander

El cine de Chantal Akerman era prácticamente desconocido en Argentina hasta el presente BAFICI. Con más de 15 largometrajes, numerosos cortos y varios films para la televisión, resultaba un misterio su ausencia de nuestras pantallas. Este enigma empieza ahora a tener alguna resolución y permite entender por qué sólo un distribuidor, obviamente independiente, se animó a traer la, hasta ahora, única película estrenada localmente: ?Un diván en Nueva York?.

Aclaremos que el título antes nombrado tenía el atractivo de contar con actores de la talla de Juliette Binoche y William Hurt en el reparto. Sin embargo la respuesta de la crítica y del público fue discreta y ningún otro distribuidor, ni antes ni después, volvió a comprar los derechos para Argentina. No es que el nombre de Akerman pasara desapercibido, ya que casi todas sus películas son programadas en algún Festival, preferentemente Cannes, adonde viajan regularmente nuestros compradores.

En tren de repasar su extensa filmografía, puede ser de interés recorrer la base de datos más consultada (imdb.com por ej), que ofrece puntajes por película, resultante del voto de los lectores. Quienes están acostumbrados a consultar esa excelente fuente de información, se sorprenderán con los bajos valores allí consignados que en promedio arroja 6 puntos para todas su películas y de apenas 5,4 para los últimos 12 años (seis largometrajes). Sólo tres películas de Akerman alcanzan los 7 puntos en la escala imdb (?News from Home?, ?Les années 80?) o la superan (?Jeanne Diezman?). Serían entonces las que más expectativas generan y por suerte todas fueron programadas por el BAFICI.

Todo lo anterior viene para sustentar la desgraciada experiencia que resultó asistir a la proyección de ?Letters Home?, del año 1986. En realidad, sería más justo admitir que esta crítica sólo se refiere a la primera hora de proyección que es lo que dura el primer acto. Pero ocurre que el segundo (y probablemente último) acto no cambia en nada el decorado ni los intérpretes. En cuanto a estos, son sólo dos: madre e hija en la vida real. Cuesta entender por qué Delphine Seyrig, la misma de ?Hace un año en Marienbad?, aceptó actuar en este despropósito que el público del Malba así entendió, al ir abandonando la sala en forma numerosa.

La nota se titula ?Ni siquiera es teatro filmado?, porque si bien uno espera del cine un espacio y un lenguaje diferentes del que da el teatro, a veces las películas ofrecen la única posibilidad de ver grandes obras y grandes actores sin tener que desplazarse al lugar (país) donde la pieza se representa. Pero tener que ver a las Seyrig hablando al mismo tiempo y en forma confusa sobre personajes reales pero escasamente trascendentes, nos parece un sacrificio que le podemos ahorrar al espectador.

Publicado en Leedor el 20-4-2005