The Raspberry Reich

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La sección Panorama del BAFICI trae pornografía, homosexualidad y revolución marxista, todo bien mezclado, en The Raspberry Reich, último opus de Bruce LaBruce.Revolución kitsch

Por Julián Rimondino, desde BAFICI

Independiente, pornógrafo, artista, idiota, escandaloso, divertido, simplista. Todo esto (y más) se le podría decir a Bruce La Bruce. Son éstas las reacciones a sus films, siempre porno gay, siempre mal actuados, siempre realizados por monedas.

The Raspberry Reich no es la excepción: es un film corrosivo, gracioso y ridículo. Pero es, también, muestra de que su estilo está mejorando, de que no se trata de un amateur sino de un director con un estilo claro.

La trama se desarrolla en Berlín, y presenta a la radical y alocada Gudrun (Susanne Sachsse), que mientras tiene sexo con su novio por todo el edificio donde viven (en el ascensor, contra la pared, sobre los muebles, en el piso) grita desaforada consignas marxistas revolucionarias. Y mientras su grupo de seguidores, que ella insiste en llamar un grupo revolucionario terrorista, planea y ejecuta el secuestro del hijo de un industrial millonario, Gudrun sostiene el alocado lema de que ?la heterosexualidad es el opio de las masas?, y como tales, los revolucionarios deben sumarse a la liberación sexual. Es este argumento lo que permite las múltiples escenas porno gay. Y, sorprendentemente, estas escenas están integradas en la historia. Si lo propio del cine pornográfico es que presenta sexo sin historia o sin demasiado sentido, aquí los encuentros sexuales (sí, choqueantes; sí, numerosos; sí, glorificados) están justificados por la trama y, de hecho, la hacen avanzar. Hay algunas excepciones, y en dos casos las escenas de sexo aburren por repetitivas e innecesarias; pero el resto está integrado a la propuesta en general, y el peso de estas escenas de más no medra para nada el ritmo, la locura o el disfrute de la película.

Porque The Raspberry Reich es mucho más que sólo sexo gay. Posee un trabajo de la imagen al estilo videoclip que resulta novedoso y vital. Las pantallas divididas, el montaje frenético, la sobreimpresión de las consignas revolucionarias sobre la imagen son múltiples recursos presentes en pos de formar un estilo kitsch, recargado y burlón. Y el uso de la música es también destacable, no sólo porque emplea bandas y canciones punk, sino porque la coordinación entre éstas y la imagen es impecable.

El escándalo, por supuesto, está siempre presente. Muchos se podrán ofender ante la escena en que un personaje (llamado Che) se masturba junto a un gigantesco mural del Che Guevara tras lamer escopetas y pistolas. Pero nadie que no sabe lo que hace Bruce LaBruce ve a ver un film de Bruce LaBruce, por lo que el escándalo se transforma en disfrute compartido por el público: nadie se ofende y todos disfrutan el desparpajo con que el director mezcla y confunde sexo y liberación, porno y principios políticos, pésimas actuaciones, peores doblajes y ridículas afirmaciones del tipo: ?la revolución es mi novio?.

LaBruce afirma que con sus films de porno/arte busca ?examinar las políticas sexuales y la pornografía homosexual?. En realidad, juega con ellas, y termina diciendo que lo que vale la pena es disfrutar, que hace mal tomárselo todo demasiado en serio.

Nota relacionada:
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Próximas funciones de The Raspberry Reich en BAFICI
Viernes 15 a las 23:45 hs en Hoyts 11
Miercoles 20 a las 11 hs en Hoyts 11

Publicado en Leedor el 14-4-2005