Un año sin amor

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En Un año sin amor el despojo con el que se presenta lo real produce un extrañamiento que no alcanza para tapar los huecos que aparecen en la ópera prima de Anahí Berneri.
Un año sin amor

Por Alejandra Portela

Este año se cumplen 10 años del estreno de Fotos del alma, la primera película argentina que trató el tema del SIDA. Un estreno que se daba en momentos en que las noticias de la enfermedad eran lo suficientemente apocalípticas como para construir una tragedia romántica en la que su protagonista, se preocupa por rescatar las imágenes de una ciudad que ya no verá. Aquel film de Muziak se iba a llamar, curiosamente, ?El amor necesario?. Así como el cine argentino no frecuenta la temática del SIDA desde aquella película, tampoco frecuenta la temática gay. Pocas películas pueden considerarse dentro de este subgénero que en otros países tiene una producción importantísima De consideración, nombremos tan sólo a la inusual ?Tan de repente? (Lerman) que, además, había traído la novedad del acercamiento a lo lésbico.

Ahora bien, si el cine no fue muy afecto al tema, la TV de los últimos años sobre todo la corriente del documental televisivo (Kaos, Ser Urbano, Punto Doc por ejemplo) fue conformando un público acostumbrado a abundantes casos de cambio de sexo, transformaciones, transgénero, variaciones de homosexualidad, sadomasoquismo, etc. Es bueno, en todo caso decir que una vez que Un año sin amor llega al cine, se enfrenta a un público ya despojado de prejuicios, al menos con respecto a lo que puede verse en la pantalla.

En un estupendo ensayo sobre el problema de lo contemporáneo en el cine argentino, tema poco tratado desde lo teórico seguramente por la reducida perspectiva temporal, Emilio Bernini, analiza desde el Nº 4 de la revista Kilómetro 111, el modo en el que el realismo contemporáneo argentino se apropia de mundos pequeños y cerrados, limitados y reducidos, desde los que no se ve más allá, sin cruces, sin roces con otros mundos. Por ejemplo, esta historia de Pablo, un joven HIV positivo cuya pareja murió en París y él se resiste a que esa ?enfermedad espantosamente porno? lo haga someter a tratamientos que sólo le permitan vivir como si esto fuera un acontecimiento ?exótico?.

Este mundo reducido se desarrolla en espacios reducidos. Una ciudad básicamente nocturna: donde el amor que no se tiene se busca en cines porno, boliches gay, el mundo de un grupo Leather y las sesiones de sadomasoquismo, donde las reglas de poder son sumamente básicas: amo y esclavo, mandar y obedecer. El círculo se cierra con el amigo de Pablo, también gay (Carlos Echevarría, de Garage Olimpo e Hijos). Pablo busca calmar su soledad respondiendo o escribiendo avisos clasificados en publicaciones de la Comunidad. Amores ocasionales, sin amor.

Por el tema y el tratamiento, la ópera prima de Anahí Berneri, se ajusta a esa corriente realista del cine argentino que, si contamos desde Pizza Birra Faso, también cumple 10 años. Con un tratamiento de la imagen a partir de un rodaje en 16 mm, una fotografía texturada de grano abierto, enfatiza esa búsqueda de verdad documental que a su vez tiene que ver con el libro original y con la forma de relato tipo diario personal. Desde la confección del guión, la dupla Berneri-Pérez optó por una narración literaria, partiendo de la escritura de un diario que luego, en la diégesis, resultará novela.

Ahora bien, la película presenta un esquema bastante elemental: relato lineal, voz en off, un desarrollo que termina sin ir a ningún lado. La soledad de Pablo le hace conocer y experimentar mundos que están fuera de su personalidad. En Pablo hay una inercia hacia la vida, no un verdadero motivo para curarse, y en esa búsqueda, se pierde el esqueleto de la película. Se desvanece la motivación y el conflicto pierde interés. El despojo con el que se presenta lo real produce un extrañamiento bastante rico que no alcanza para tapar los huecos.

Un año sin amor ganó entre 40 películas, el Teddy en Berlín a la mejor película de tema lésbico-gay, y cosechó el premio de los críticos internacionales (Fipresci) en Mar del Plata, dentro de la corrección política: la homosexualidad, el sida, la búsqueda del hombre ideal, fuerte y protector, un superhéroe como los que colecciona Pablo, (Titanes en el ring).

Creo que la clave para entender la sensación que deja Un año sin amor pasa por esa frase que le dice el editor de la novela de Pablo: ?La vida de un gay con sida, eso puede interesar más que la poesía?. A la película de Berneri, importante porque trata por segunda vez en el cine nacional el tema del SIDA, involuntariamente le viene faltando lo que Pablo parece sobrarle: poesía.

Publicado en Leedor el 27-3-2005