El niño dormido

0
7

Introducción al mundo de la cultura popular marroquí en esta ópera prima dirigida por Yasmine Kassari, documentalista residente en Bélgica. El niño dormido aborda el tema de los que se quedan, frente a los que emigran en busca de trabajo. Por Alejandra Portela, desde Mar del Plata

En algún lugar del inhóspito Marruecos, el caserío está en pleno festejo: un hombre llena una buena cantidad de vasos de té y dice:?Uno de los vasos no tiene azúcar: lo tomará quien esté maldito?. Es la boda de la joven Zeinab. Por algún motivo en el tercer día, el matrimonio no pudo ser consumado, por lo cual la llegada del curandero es esperada con ansiedad familiar. El viene a solucionar este pequeño impedimento, que hace que el esposo no pueda partir para España. En una habitación el curandero hace que la novia cruce 7 veces por arriba de unos troncos alineados en el piso, mientras reza unas plegarias, escribe en un papel, y la hace bañar en el agua ?entintada? donde lavó las oraciones.

Afuera, un grupo de hombres se bate a duelo de canciones: ?Aquí estoy en mi casa, en España no se puede esperar nada?. Los otros contestan: ?Iletrado: piénsalo, no tienes idioma; Letrado: tu diploma se pierde en el armario.?

finalmente, el novio, tras la ?noche de bodas? abandona su lugar para irse a una España prometida, conseguir trabajo y enviar dinero a sus mujeres.

Introducción al mundo de la cultura popular marroquí en esta ópera prima dirigida por Yasmine Kassari, documentalista residente en Bélgica. El niño dormido aborda el tema de los que se quedan, frente a los que emigran en busca de trabajo. Y lo hace desde ese micromundo que, frente al universalismo de la globalización, sólo se sostiene con las leyes del pensamiento mágico. Un pequeño televisor devuelve las imágenes de los hombres en el exilio. España, para aquellas mujeres campesinas, pastoras, milagreras, es una cocina llena de hombres jóvenes entre los cuales, algunos, no se animan a hablar.

La bellísima metáfora del niño adormecido, también es una metáfora del poder. La madre sobre el hijo, el hijo sobre su esposa. La figura chamánica de la abuela. Un retrato de costumbres que no se limita a describir un pintoresquismo for export sino que ahonda con justificación en los mismos hilos que mueven la cotidianeidad de una forma de vida diferente. Espacios muy abiertos, planos generales y panorámicos, colores abundantes, la directora sabe retratar la espera de días, meses, años, que después se transforma en abandono, invisibilizando los recursos cinematográficos de tal modo que no haya en ese contexto grietas que den lugar a lo racional por sobre lo mágico. El niño ha sido adormecido en el vientre de su madre. No hay lugar para la explicación científica. Es pura poesía.

Sólo una vez aparecerá un resabio de razón, y por lo tanto de cambio. “Los espíritus nos invaden de nuevo” le dice Zeinab a la joven Halima, y ésta le contesta: “No son los espíritus sino las frustraciones”.

Yasmine Kassari se llevó del Festival de Mar del Plata un Astor de Plata a la mejor dirección y el premio Kodak al Mejor Tratamiento Fotográfico de la Competencia Oficial.

Pero eso ya forma parte de otra historia.

Publicado en Leedor el 22-3-2005