Tatuado

0
6

Con la benevolencia de ser una de las dos películas argentinas de la Competencia Oficial del Festival de Mar del Plata 2005 la película de Eduardo Raspo ingresa al circuito oficial con este mérito plus. 10 años atrás se estrenaba su fallida Geisha.Un pequeño tatuaje en el brazo

Por Alejandra Portela, desde Mar del Plata

La sala del América en Mar del Plata está repleta. Con la benevolencia de ser una de las dos películas argentinas de la Competencia Oficial del Festival (solitario crédito junto a Un año sin amor de la profusa producción nacional), Tatuado, segunda película de Eduardo Raspo se conoce 10 años después de estrenada Geisha, su fallida ópera prima.

En el plano de la historia, desarrolla la búsqueda que emprende un joven por saber por qué su madre lo abandonó dejándole un solo legado: el tatuaje de una mangosta en su antebrazo derecho (mangosta suena a insecto, pero no, habrá que esperar al final de la película o ir a buscar luego a un diccionario). Paco, Tero y su padre emprenden por las rutas un viaje que los llevará ese conocimiento.

La película es correcta, está bien narrada, bien actuada, un medido Luis Ziembrowsky, en el papel de un padre respetuoso de la obsesión de su hijo impulsada por el nacimiento de un hermanito, acompaña esa búsqueda con el dolor de un padre que ve crecer a su hijo, crecer en este caso significa entrar en conocimiento de las cosas.

La ausencia de la madre podría haber marcado aún más la densidad del film, una ausencia explicita, preguntada, marcada, pero que necesita de esa permanente pregunta para enfatizar la búsqueda. Si esa ausencia se hubiera trasladado de la historia a la forma, el plano más abierto, los colores más aclarados, la soledad del paisaje pampeano (que no queda claro dentro del relato sino sólo en los datos que nos llegan del director o del pressbook) la película hubiera tenido una riqueza simbólica mucho más intensa.

En cambio, se queda en la simpleza de una narración más bien clásica, elaborada a partir de una claridad expositiva que no termina de ahondar en cuestiones más complejas o más oscuras, y que le hubieran dado otra dimensión al tema de la identidad, por ejemplo, un subgénero ya en el cine argentino.

Insisto, la película no está mal: hay una permanente puesta en cuestión de la necesidad de saber la verdad, y ya no en el plano madre-hijo, sino en líneas generales. El personaje de la novia irreverente, que dice ser hija de desaparecidos, según ella nació el día que tomaron Malvinas, cuestionadora, mentirosa, manipuladora. Un personaje extraño del que se podría haber extraído quizás más jugo, y que, sin embargo, su desvergüenza llega hasta el ?límite del padre?, un personaje algo estereotipado.

La conclusión, lógicamente está al final, no la vamos a develar, pero que el lector sepa que entra dentro del tono general de la película. Una película sincera y proporcionada con respecto a su intención.

Publicado en Leedor el 21-3-2005