Casi hermanos

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Sigue adelante el Festival de Mar del Plata, y aparece un nuevo gran candidato para llevarse todas las palmas: la brasileña Cuatro hermanos.Enfrentados

Por Julián Rimondino, desde Mar del Plata

El año pasado, el cine brasileño se lució en el Festival de Mar del Plata. Narradores de Javé, Carandirú y O outro lado da rua deslumbraron a quienes se acercaron al cine. Y hoy, la sección oficial levanta vuelo (tras la revelación de ayer, la iraní Bitter Dreams), con la brasileña Casi hermanos, de Lúcia Murat, retrato inteligente y sagaz de los conflictos internos de la izquierda latinoamericana y los movimientos políticos de los años ´70.
Encarcelado en la prisión de Isla Grande, un grupo de prisioneros políticos comparte un pabellón con una serie de prisioneros comunes, nativos de las cruentas favelas. Allí, cada grupo intentará impartir al otro su forma de organización (democracia sin líderes y objetivo revolucionario contra ley de la sangre y el más fuerte), confrontando la enorme brecha que separa a dos grupos hermanos irremediablemente enfrentados. Son éstos los casi hermanos del título, dos sectores sociales, los burgueses luchadores y los pobres marginados, iguales en represión y carencias, disidentes entre sí por culpa de conflictos estructurales, aquél que aisló a los movimientos de izquierda del resto de la sociedad hace 3 décadas, en toda América Latina, y que sólo dejó tras de sí un panorama más desesperante de la realidad y ex-militantes quedados en el tiempo.
Murat, ex-presa política ella misma, combina tres planos y tiempos en su relato: los años ´50, donde los protagonistas Miguel (el combatiente) y Jorge (el preso común) comparten la infancia; los años ´70 en que sufren la prisión; y el 2000, donde el idealismo de uno ha caído, donde el otro se transformado en un mafioso reinante, donde la hija de Miguel, inconsciente ante el peligro que esto representa, se vincula con un joven de la favela, repitiéndose así el acercamiento y la división infranqueable que separa a dos sectores sociales, imposibilita el diálogo y le plantea a la ideología de la izquierda su más profunda contradicción: no pueden integrar a quienes buscan liberar.
Y Murat combina el peso político de su historia con un ritmo narrativo imparable y atrapante, una Ciudad de Dios menos videoclip, un estilo crudo y realista (el trabajo con actores no profesionales tan sólo ha aumentado esta sensación), muy poco común en el cine dirigido por mujeres, y que demuestra cuán vital pueden ser una directora cuando su descarnada historia le reclama algún sentido de urgencia.
Porque la coherencia estética de Casi hermanos es impecable: sus imágenes, su relato y las ideas que éstos expresan se complementan en cada nuevo plano. La música es un cuarto lugar desde el que Murat enuncia, el único espacio de conciliación que otorga a los dos bandos de la cárcel (emocionan las sambas con letra revolucionaria), y la directora sabe integrarla al conjunto de la película hábilmente.
Casi hermanos es una película valiente. Su directora critica a la izquierda dentro de la izquierda misma, crea una película de valor cinematográfico e incitadora de la discusión, y lo hace todo con una gran inteligencia y sagacidad.
Firmísima candidata a la hora de la premiación (cuando las grandes películas parecen haberse guardado para los últimos días del festival) es éste otro de esos films que nos hacen desear, con toda el alma, que se estrenen comercialmente, que la gente los vea, que los conflictos que plantean estén en la boca de todos.

Publicado en Leedor el 17-3-2005