Rooms of Melancholia

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Sigue la competencia en Mar del Plata, y el gran candidato todavía no aparece. El más reciente, The Three Rooms of Melancholia, con sus pros y contras, al menos nos hace reflexionar sobre la poética del documental.Trilogía rusa

El catálogo dice que es finlandesa. Lo es su director, Pirjo Honkasalo. Pero The Three Rooms of Melancholia es una película de tema ruso, de protagonistas rusos, sobre la historia rusa. Este documental cercano a la ficción, con una estructura de tríada y nada de miedo a los tiempos lentos, una vez superada la confusión por su nacionalidad, nos lleva a disfrutar de su primer ?room? (estadio) y a languidecer durante sus otros dos.

Es que todo empieza muy bien: ?añoranza? es el primer estadio, y resulta una crónica de la vida diaria de un grupo numeroso de niños entre 10 y 12 años en un instituto militar, que sirve tanto como academia para familias sin tiempo para cuidar a sus hijos que como orfanato. La rígida formación militar (son tratados en todo momento como soldados de bajo rango, y de ningún modo como niños en una escuela) parece haber dado una cierta sensación de constancia a sus vidas, regidas por el alcoholismo de sus progenitores o la indigencia tras la disolución familiar. Todo, narrado con una breve voz en off que enuncia los nombres de los personajes y su historia pasada. Breve intervención, ya que en este documental se imponen las órdenes de los profesores, la música ambiental y las llamadas telefónicas de los niños. Una crónica pormenorizada de las cosas pequeñas, que nos deja ver cómo la guerra de Chechenia atraviesa a todos los chicos, y cómo se los forma para batallar en ella.

Y la fuerza e incluso frescura de este primer tramo es poderosa y atrapante. Pero pronto, el director cede a impulsos más facilistas y llena la pantalla de ciudades destrozadas, niños llorando y mujeres enfermas en un obvio blanco y negro. Los estadios segundo y tercero (?respiración? y ?recuerdo?) son, entonces, más redundantes y menos fuertes que el primero. Si el valor de éste residía en aludir a la guerra de Chechenia por las noticias de la televisión, los comentarios sobre terroristas y los padres militares de los niños, era la alusión indirecta lo que hacía al retrato de la situación una propuesta ingeniosa.

Cuando se rinde ante el documentalismo más descarnado, The Three Rooms of Melancholia pierde espectadores (es a partir de aquí cuando, en plena función de prensa, el público empezó a dejar la sala) y cansa por su falta de originalidad y delicadeza.

Pero los logros de la primera parte no se diluyen, y quiero destacar por sobre todo una cosa: la fuerza cinematográfica del fuera de campo, de lo que se comprende por subtexto, y el disfrute que produce, como espectador, que le dejen a uno unir cabos por sí mismo. Después de todo, lo que no se ve es siempre más terrorífico (si no se tuviera tanto prejuicio con los recursos propios del cine de terror, qué lejos se llegaría en el cine; mírenla a Lucrecia Martel sino).

Si el film de Honkasalo se hubiera mantenido fiel a su comienzo, y a la inteligencia del planteo de éste, sería un firmísimo candidato al premio mayor del festival. Como no lo hace, es, como ya muchas películas en competencia oficial, meramente un film interesante, bien hecho, pero que deja un suave sabor amargo.

Publicado en Leedor el 15-3-2005