La obertura

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Inspirada en la biografía del último gran compositor de música tradicional tailandesa, Luang Pradit Pairoh, La obertura es una fiesta para los sentidos.
Típica casa oriental en medio de un paisaje de frondosa vegetación. Un niño pequeño ?como de 3 o 4 años- entra en una habitación y descubre allí solo, como esperandolo, un Ran-ad Ek (el tradicional xilofón de madera) y sin dudarlo empieza a tocar.
De este primer recuerdo de infancia la acción se traslada a la cama del agonizante Sorn Silapabanleng, hablando con uno de sus discípulos y de allí en más, la dinámica del film será la de un diálogo entre flashbacks y forwards, entre los últimos momentos del gran músico y todo su bagaje de recuerdos. Y son justamente esos recuerdos los que llevarán al espectador por un recorrido casi histórico ?en esta moda de biopics- del tiempo en el que las autoridades de Tailandia decidieron emprender la ?occidentalización y modernización? del país sin tener en cuenta que en el camino dejaban atrás las propias raíces.

Pero la historia es totalmente anecdótica. Usted puede sacarla de cualquier página web sobre Tailandia. Lo realmente valioso del film es la música. Una música maravillosa, compuesta en base a xilofón, timbales, campanas? que permanece resonando tercamente dentro del cráneo mucho después que uno ha salido de la sala.

La intención del director (Itthisoontorn Vichailak) es clara: recordar que existen otras expresiones, que aunque no estén de moda son parte de la cultura de un pueblo, de sus raíces. La vida del protagonista está inspirada en la biografía de Luang Pradit Pairoh, a quien muchos consideran como el último gran compositor de música tradicional tailandesa. Durante aquel período entre ambas guerras mundiales e incluso en la segunda posguerra, el país se vio embarcado en un proceso de modernización que tenia más que ver con la copia de modas y conductas occidentales que con la incorporación de tecnología y su adaptación a la producción y la cultura local. Desde la obligación de vestir de determinada forma hasta la prohibición de consumir determinados alimentos o la más radical aun transformación del lenguaje, pasando por la prohibición de enseñar y poner en práctica las expresiones artísticas tradicionales (música, teatro, etc.) la occidentalización de Tailandia continuó por décadas. El rescate de aquella tradición olvidada, de aquellas raíces sepultadas y perdidas esta presente en todo momento. Durante una discusión con la autoridad militar del gobierno, Sorn, ya anciano, enfatiza la necesidad de no olvidar la identidad: ?el árbol mas grande ?dice- soporta mejor la tormenta sólo si sus raíces están bien?.
Era costumbre en aquella época, que los distintos distritos del reino (aun Siam) compitieran para hallar quien tenia al mejor músico y el ganador era incorporado a la orquesta del palacio real. El film relata un par de estos duelos que son sencillamente fantásticos. No solamente por la belleza de la música sino por la magnífica fotografía.

En definitiva, el film es puro alimento para los sentidos (especialmente la vista y el oído). Si además lo deja pensando un poco, tanto mejor. Pero si no? al menos habrá disfrutado de casi dos horas de puro goce y saldrá tarareando un par de melodías maravillosas.

Nota relacioanda: Entrevista con Itthisoontorn Vichailak

Publicado en Leedor el 7-3-2005