Halldór Laxness

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Si al oír el nombre de Halldór Laxness (1902-1998) no se lo relaciona de inmediato con Islandia, es porque todavía no leyó nada de su obra. Luego de conocerla, es seguro que le resultará imposible de olvidar tanto su nombre exótico como su escritura.GENTE INDEPENDIENTE de Halldór Laxness
Una novela del confín del mundo.
Ed.Sudamericana 1951, Floreal Macías traductor.

por Miguel Angel Haluska

Nacido en Reykjavik, capital de Islandia, está considerado como el gran innovador y el patriarca indudable de las letras islandesas. Introductor de elementos casi ausentes en la literatura de su país, como el humor y la ironía e incluso hasta el sarcasmo y la burla de lo macabro.

Su creación, que integran novelas, obras de teatro, ensayos, cuentos y hasta memorias de viaje muestran con agudeza crítica y mirada severa las condiciones de vida a las que se ven sometidas las clases sociales bajas de Islandia. Combina para ello la tradición de las antiguas sagas y la variada y rica mitología nórdica con el presente de los temas sociales y nacionales. Obtiene numerosos premios, entre ellos el Stalin Peace Prize en 1952, el Danish Nexö Award and Sonning Award y el premio Nobel de Literatura en 1955.

Su peregrinaje ideológico, que va del agnosticismo al catolicismo, luego al comunismo y al desencanto, inciden de manera categórica en su narrativa. Es durante el período de su punto de vista socialista que escribe Gente Independiente (1934-35). Casi cuatro décadas más tarde comienza a interesarse en la religión Oriental, más específicamente por el Taoísmo. Si bien su obra es prolífica, son escasos los textos que han sido traducidos a nuestro idioma. Gente Independiente es una de esas excepciones.

Calificar una obra de tal envergadura sería necesario, como dice en la solapa del libro que en 1951 editó Sudamericana, utilizar superlativos desprestigiados por su constante empleo. Porque maravillosa es el que más justo le cabría a esta novela. A mi criterio una de las mejores del siglo XX.

Gente Independiente posee una construcción equilibrada y sólida que atrapa y conmueve al lector con una narración luminosa que mezcla sabiamente lo épico con lo lírico, seduciendo con su prosa a cada instante.
Con vestigios de las antiguas sagas islandesas, Gente Independiente cuenta la historia de un hombre simple, un campesino, Bjartur de la Casa Estival cuya premisa frente a la vida es que un hombre independiente es aquél que es dueño de su propia tierra. Dicha premisa lo enfrenta a una lucha, casi sobrehumana, contra el sistema y el propio y salvaje pegujal en el que vive, el cual Bjartur ama más allá de todo. En esta empresa hace que se sacrifique él e incluso a su propia familia en su intento por hacer valer sus ideales.
Se nota que Laxness quiere a sus personajes y los dota de una pequeña luz interior, la de los valores, que los hace brillar aún en las condiciones más miserables.
El paisaje islandés es contado con una admiración profunda por la tierra. Lo muestra rebosante de una belleza agreste, desolada y rústica pero a la vez encantadora, haciendo que el lector sienta el mismo viento helado de las noches de invierno en el páramo que castiga a Bjartur y a su familia. Entorno propicio para contener la magia que sólo puede desarrollarse en un sitio así, donde los fantasmas del lugar hacen lo imposible para desalentar a los mortales en establecerse y donde el diablo Kolumkili puede aparecerse hasta en la forma de un reno. Una magia distinta a la que podemos conocer. Palpable y cotidiana como el rocío milagroso de la víspera de San Juan. Los que se bañen en el rocío podrán formular un deseo.
En ese marco habitan la Casa Estival los personajes de esta novela, cuyo relato, si bien se centra en Bjartur tiene su otro pilar en el de su adorada hija adolescente Asta Sollilja, la verdadera antagonista de las creencias de su padre, aunque no por ello deje de amarlo con todo su corazón. También hay otros personajes y cada uno de ellos, ilumina y sostiene la arquitectura sobre la cual está cimentada esta novela. Hasta la perra Titla, compañera inseparable de Bjartur, adquiere una presencia sustancial en la prosa ágil de Laxness.
La vida le pone duras pruebas a Bjartur, pero él sigue inconmovible y firme ante las adversidades, incluso la muerte de un hijo y la huida de otro, sin claudicar. ¿ Vale la pena ese pensamiento absolutista? Las visiones absolutistas lo desmerecen todo dice Laxness en algún pasaje. Y quizás eso y su enorme orgullo, que no retrocede ante nada, sean los errores que comete Bjartur en la búsqueda de su independencia.
No deja de revelarse también en esta novela el clamor porque Islandia vuelva a sus fuentes y se equiparen las diferencias sociales entre las clases que ostentan el poder, sea cual fuere este, y las clases obreras y de los campesinos signadas siempre a la pobreza. Hay también una reflexiva mirada sobre la falta de comunicación entre los seres humanos. Dos seres humanos tienen tantas dificultades para entenderse… No existe nada tan trágico como dos seres humanos, Laxness dixit. Una muestra más de la vigencia de esta novela que a más de seis décadas de haberse publicado, muestra de qué modo no hemos avanzado nada en algunos aspectos y que los conflictos sociales y afectivos siguen siendo universales más allá del tiempo, latitudes y culturas.
Gente Independiente fue reeditada en Estados Unidos por Vintage Publisher en 1997 acaparando nuevamente excelentes críticas y comentarios. Es de esperar que el ejemplo cunda en nuestro país para que el lector interesado por la buena literatura no peregrine por las librería, en la mayoría de los casos con resultados desalentadores, en la búsqueda de un excelente libro que debería estar al alcance de la mano. Mientras tanto ofrecemos al lector dos muestrass del libro.

XXIII
Fuego o Escarcha
Bjartur no regresó a la Casa Estival hasta el día siguiente. La perra caminaba silenciosamente a su lado, en alborozada expectativa. Es hermoso volver al hogar y cada vez que el animal se adelantaba algunos metros a su amo, se detenía u le miraba con sus ojos llenos de una fe inconmovible. Luego volvía junto a él describiendo una gran curva. Su reverencia por su amo era tan fuerte que ni siquiera se aventuraba a caminar delante de él. Un perro encuentra en un hombre las cosas que quiere encontrar. Bjartur se inclinaba hacia adelante, en las ráfagas de nieve empujadas por el viento, llevando a Blesi de las riendas y lanzando de tanto en tanto una mirada a su perra… – pobre cosa piojosa y atacada por las lombrices. Pero ¿ dónde se encontrará la felicidad si no es en esos ojos castaños, dónde se encontrará la lealtad que nada puede destruir ? Ni la desdicha, ni el deshonor, ni las mordeduras de la conciencia… nada puede apagar ese fuego. Pobre perrita . A sus ojos Bjartur de la Casa Estival debía ser siempre el más alto, el más grande, el mejor, el incomparable. El hombre encuentra en los ojos de un perro lo que quiere encontrar.

IV
Nubes que pasan
Al día siguiente la novia fue llevada a su hogar en ancas de Blesi. La potranca, no acostumbrada al peso de un jinete, se mostraba inquieta y de tanto en tanto lanzaba patadas, de modo que Bjartur tuvo que conducirla durante todo el trayecto. En un costal echado al hombro llevaba las ropas de cama de su esposa, en tanto que otros dos costales atados al pomo del arzón contenían unos pocos regalos de bodas, entre ellos una sartén y un cazo que repiqueteaba continuamente, asustando de tal modo a la potranca que se espantaba incesantemente, y se habría desbocado si Bjartur no se hubiese prendido de las riendas como un ancla. Titla caminaba silenciosamente en la retaguardia, husmeando con descuido esto y aquello, como suelen hacerlo los perros en la fragancia de la primavera, pero lo bastante vigilante, cada vez que la potranca se espantaba, para lanzarse locamente sobre sus patas y asustarla más, a ella y a su jinete. Y entre las maldiciones lanzadas a la perra y a la cabalgadura, el hombre quedaba con poco aliento para nada más, de modo que no se mantuvo conversación alguna camino de la montaña.
Pero cuando llegaron el montículo de Gunnvor, Rosa, la novia, quiso apearse. Deseaba agregar una piedra a la tumba de Gunnvor, porque pensaba que ello alejaría la mala suerte. Gunnvor exige una piedra; lleva cuenta de todos los que cruzan la montaña.
– Tonterías – dijo Bjartur -, no tiene absolutamente nada de afortunado. No quiero tener relaciones con la superstición. Puede quedarse donde está, la vieja perra.
– Déjame darle una piedra, Bjartur.
– ¿ Para qué demonios necesita una piedra? No recibirá ninguna de mí o de los míos. Pagamos nuestras deudas a los vivos, cosa que tiene más sentido que hacer de alcahuete con gente que se ha quemado en el infierno durante siglos.
– Bjartur, déjame bajar, por favor.
– Ya basta de tus actitudes de papista.
– Bjartur, quiero darle una piedra.
– Si lo recuerdo bien, ayer le pagué sus honorarios al sacerdote en el acto, y eso que nos birló el sermón. No le debo ni una moneda a nadie.
– Bjartur, si no me bajas bajar sucederá algo.
– Me parecía que ya era suficiente creer en el viejo Reverendo Gudmundur, sin tener necesidad de creer en el Demonio por añadidura. Soy un hombre libre. Y tú eres una mujer libre.
– Querido Bjartur – suplicó la mujer con un sollozo en la garganta -, tengo tanto miedo de que me ocurra algo si no le doy una piedra… Es una antigua creencia.
– Déjala que se pudra, la Vieja ramera. ¡ Vamos, Blesi! Cierra el pico, Titla.
Rosa se aferró a las crines de la potranca con ambas manos; agachó la cabeza y le temblaron los labios, como si fuese una chiquilla. No se atrevió a decir nada más. Siguieron marchando.
Pero cuando llegaron a los terrenos llanos de la pradera, al otro lado de la montaña, fue Bjartur quien se detuvo, porque ya se podía ver la Casa Estival a la distancia. Apoyándose contra el cuello de la potranca señaló la nueva casa, indicó cuán próspera parecía en el verde claro de su colina baja, con la montaña sobre ella y los marjales delante; y el lago; y el río corriendo suavemente a través de los pantanos. La casa todavía era parda y los ladrillos de césped, recientemente cortados, aún estaban pelados de hierbas.
Bjartur anhelaba el momento de enseñarle la casa desde lejos, y precisamente en ese lugar, entre los arroyuelos del brezal, quería escuchar sus exclamaciones de placer. Pero, quién sabe por qué, no se vieron chispas en los ojos indiferentes que miraban hacia el valle; las sombras del dolor que el incomprensible comportamiento del hombre ante el túmulo le provocara todavía le oscurecían las facciones. Bjartur pensó que ella estaba descontenta porque la casa no estaba aún rodeada de verde… ” pero no puedes esperar que el césped crezca en cinco minutos – dijo -. Espera hasta el próximo verano y te apuesto a que no habrá mucha diferencia entre el techo y el campo”.
Ella no respondió.
– Es una hermosa casa – observó él. Luego ella preguntó:
– ¿ Por qué no me dejaste descender ante el montículo ?
– Supongo que no estarás enfurruñada porque no pudiste tirarle piedras a ese viejo vampiro, ¿no es cierto?
Pero la mujer siguió contemplando con silencio empecinado la melena del caballo, y una sombra cayó repentinamente sobre el valle de marjales, porque era uno de esos días de comienzos del verano que tienen rostros animados… blancas manadas de nubes cruzan el cielo como pensamientos y las sombras barren la tierra y arrebatan el sol a todo el valle, aunque las montañas que se yerguen en torno sigan bañadas en la luz del sol. Y como su esposa no respondió, Bjartur soltó el cuello de la potranca, tomó nuevamente las riendas, llamó a la perra, aunque fuese innecesario, y, con los regalos todavía tintineando dentro de los morrales, condujo nuevamente a su esposa.
El sendero había comenzado a descender ladera abajo, al borde del barranco que el río excava a través de la montaña, y unas gotas de lluvia empezaban a caer de la nube que pasaba sobre el valle antes de que la mujer quebrara el silencio llamando a su esposo.
– Bjartur – dijo.
– ¿ Qué ocurre? – preguntó él, volviéndose.
– Nada – contestó ella
-. Bájame aquí, ¿quieres? Me vuelvo a casa.
Él contempló a su esposa boquiabierto, pasmado.
– ¿ Te has vuelto loca, Rosa? – preguntó finalmente.
– Quiero volver a casa.
– ¿ A qué casa?
– A casa.
– Nunca te vi comportarte de este modo, Rosa – dijo el hombre, y, volviéndose otra vez, siguió caminando, conduciendo al animal de la brida. Las lágrimas brotaron de los ojos de Rosa; pocas cosas hay tan consoladoras como poder llorar. De este modo continuaron su viaje de descenso al valle. La pera caminaba silenciosamente por detrás. Y cuando llegaron frente al pegujal, Bjartur sacó a la potranca de la senda y la hizo cruzar el marjal, en dirección a la casa. Era preciso esquivar ciénagas y profundos estanques. En un lugar la bestia se hundió hasta los ijares; cuando trepó trabajosamente a terreno firme, la mujer fue arrojada y permaneció allí, en el agua y el barro. Bjartur la levantó y le limpió la mayor parte del cieno con el pañuelo.
– A ustedes, las mujeres, hay que tenerles más lástima que a los mortales ordinarios, supongo – dijo.
Esta observación hizo que Rosa dejase de llorar, y caminó a su lado el resto del camino. Se sentó junto al arroyo para retorcerse las faldas, mientras el pegujalero desensillaba a Blesi y la maneaba. Las sombras habían huido del valle y la luz del sol bañaba el campito.

Publicado en Leedor el 20-2-2005

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