Ingenioso Hidalgo

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Imaginemos a Borges en sus sesenta y siete años, dando estas conferencias en un inglés impecable y poético, en la Universidad de Harvard, dentro de las cuales cabe en este año quijotesco citar algunos párrafos. Escribe Elena Bisso.El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha
Homenaje a una ocasión para la belleza

Por Elena Bisso

Lo imagino a Borges en sus sesenta y siete años, dando estas conferencias en un inglés impecable y poético, en la Universidad de Harvard, y sobretodo, imagino los rostros de un auditorio cautivado. En la conferencia que se ha publicado como ?El enigma de la poesía?, he seleccionado un fragmento oportuno en este año 2005:

?Llegamos ahora a la noción de los ?clásicos?. Debo confesar que no creo que un libro sea verdaderamente un objeto inmortal, que hay que asimilar y venerar como es debido, sino más bien una ocasión para la belleza. Y ha de ser así, pues el lenguaje cambia sin cesar. Soy muy aficionado a las etimologías y quisiera recordarles (pues estoy seguro de que ustedes saben de estas cosas mucho más que yo) algunas etimologías bastante curiosas (…) Tomemos el título de uno de los más famosos libros del mundo, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La palabra ?hidalgo? significaba ?un señor del campo?. En cuanto al nombre ?Quijote?, era considerada más bien una palabra ridícula, como los nombres de muchos de los personajes de Dickens (?Pickwick?, ?Swiveller?, ?Chuzzlewit?, ?Twist?, ?Squears?, ?Quilp? y otros por el estilo). Y además tienen ustedes ?de la Mancha?, que ahora nos suena noble en castellano, pero que Cervantes, cuando lo escribía, quizá pretendió que sonara (y pido disculpas a cualquier vecino de esa ciudad que se encuentre aquí) como si hubiera escrito ?don Quijote de Kansas City?. Ya ven ustedes cómo han cambiado esas palabras, cómo han sido ennoblecidas. Ven un hecho extraño: que porque el viejo soldado Miguel de Cervantes ridiculizó un poco a La Mancha, ahora ?La Mancha? forma parte de las palabras imperecederas de la literatura.? (1)

Sin duda, la lectura más conocida que ha realizado Borges de este clásico, que cumple cuatrocientos años de su primera edición, la encontramos en ?Pierre Menard autor del Quijote? cuento que escribe al comenzar a recuperarse de la infección que le produjo un accidente al lastimarse la cabeza, episodio que lo llevó a una experiencia límite, y que recreó en el cuento ?El Sur?. Cuando despertó de su intensa fiebre, no supo dónde estaba ni qué le pasaba; temió haber perdido la razón. Para probarse su cordura decidió escribir un cuento y ése fue Pierre Menard. Lo interesante es que el personaje Quijote de la Mancha, había enloquecido leyendo novelas de caballería, por ?abuso de la literatura? y Borges se comprueba su cordura escribiendo este cuento.

Al texto Harold Bloom lo califica de desopilante. En el cuento encontramos:

?No quería componer otro Quijote ? lo cual es fácil ? sino el Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una trascripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran ? palabra por palabra y lína por línea ? con las de Miguel de Cervantes. (…) Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo ? por consiguiente, menos interesante ? que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard.?

Silvia Molloy ha señalado:
??Pierre Menard autor del Quijote? es la primera ficción de Borges. No la primera ficción borgeana-son anteriores Evaristo Carriego, Historia universal de la infamia y ?El acercamiento de Almotásim?-pero sí la primera ficción que Borges reconoce como tal. La señala como ruptura deliberada: ?Entonces decidí escribir algo, pero algo nuevo y diferente para mí, para poder echarle la culpa a la novedad del empeño si fracasaba?. Considera Borges que lo ha escrito antes no son cuentos; apenas glosas de otros libros o falsas notas bibliográficas. (…) En ?Pierre Menard? no pasa nada. (…) La complicada textura que ofrece ?Pierre Menard? ? lo que por fin constituye la aventura del relato ? es abiertamente textual. El personaje aparece literalmente perfilado por textos, hecho de textos, lector de textos, emisor de textos. (…) No es necesario conocer toda la literatura y la filosofía para descifrar la obra de Borges, simplemente porque la obra de Borges no reclama que se la descifre. En cambio propone al lector, si no momentáneas identidades, momentáneas coincidencias. Coincidencias que no dicta el autor en sus series necesariamente elegidas, pero que reconoce y elige con libertad el lector? (2)

De Beatriz Sarlo:
?Sobre los capítulos del Quijote escrito por Menard antes de su muerte, Borges afirma que ?son infinitamente más ricos? que los de Cervantes, aunque al mismo tiempo, sean idénticos. ¿En qué se funda el plus contenido de esta paradoja?
Menard enriquece, por desplazamiento y anacronismo, los capítulos del Quijote de Cervantes. Los hace menos previsibles, más originales y sorprendentes. Borges destruye, por un lado, la idea de identidad fija de un texto; por el otro, la idea de autor; finalmente, la escritura original. Con el método de Menard no existen las escrituras originales y queda afectado el principio de propiedad sobre una obra. El sentido se construye en un espacio de frontera entre el tiempo de la escritura y el del relato, entre el tiempo de la escritura y el del relato. La enunciación (Menard escribe en el siglo XX) modifica el enunciado (sus frase idénticas a las de la novela de Cervantes). La paradoja cómica de Menard muestra, por medio de su escándalo lógico, que todos los textos son la reescritura de otros textos (en un despliegue especular, desviado e infinito de sentidos); al mismo tiempo, el Quijote de Menard exige, como toda la literatura, que se lo lea en el marco de un espacio cultural que imprime sobre el huir de los sentidos de un sentido histórico: (…)La literatura se compone, entonces, de versiones. La paradoja de Pierre Menard pone en escena el proceso de la escritura llevándolo al límite del absurdo y la imposibilidad, pero haciéndolo, al mismo tiempo, visible.? (3)

De Alicia Borinsky, en ?Re-escribir y Escribir: Arenas, Menard, Borges, Cervantes, Fray Servando?:

?La obra de Macedonio es, fundamentalmente, una galería de juegos para materializar una literatura de la nada con el objeto de desenmascarar las ilusiones creadoras de la ficción. Sus juegos son redes con una función estrictamente negativa: destruir toda lectura que no vea el texto como re-escritura de otra lectura. Macedonio jugó con personajes que llamaba ?ausentes?, ?inexistentes? y nombró una condición de existencia para sus propios trabajos. Esa condición era un lectro de naturaleza especial, alguien capaz de despojarse de ilusiones con respecto a su existencia individual y preparado para materializar la nada a medida que leía, alguien que pudiera leer sólo el ejercicio de lectura. Este era su lector fantástico y, simultáneamente, su escritor ideal.
Existe un entrecruzamiento interesante entre Macedonio y Borges. Para esa red necesitamos un tercer lector (o, por lo menos, uno al que podamos referirnos ingenuamente como tercero por el momento; se multiplicarán más adelante) que fue ?creado? por el lector fantástico de Macedonio, Borges. Se trata de Pierre Menard?

Vemos en esta selección de fragmentos de crítica literaria cómo se confirma lo que Borges mismo planteara en su afición por las etimologías y en cómo concibe la literatura, hecha de lenguaje que cambia sin cesar.

¿Qué relación podemos entablar entre el lenguaje y el tiempo? ¿Será posible rastrear esa nada que Macedonio intuía e instalaba en su ficción? ¿Esa nada relativiza la categoría de ?clásicos? en la literatura? Son cuatrocientos años los que nos acercan al Quijote de Cervantes mediados por las lecturas que ha causado. ¿Cuál será la cifra de los lectores que ennoblecieron esa novela que tiene como protagonista a un lector apasionado?

(1) Arte Poética. Seis Conferencias. Jorge Luis Borges. 2001. Editorial Crítica. Barcelona. Pág 25, 26 y 27

(2) Las letras de Borges. Silvia Molloy. Editorial Sudamericana. 1979. pág 52, 53 y 56

(3) Borges, un escritor en las orillas. Beatriz Sarlo. Grupo Editorial Planeta SAIC/Seix Barral. 2003. pág 71, 72, 73

Publicado en Leedor el 18-1-2005

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