Finding Neverland

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En su larga traducción literal, Descubriendo el país de Nunca Jamás lo que nunca termina es de levantar vuelo.
Por Alejandra Portela

Por algunas razones que se intentarán explicar, lo primero que hay que decir de Descubriendo el país de Nunca Jamás es que es una película contenida que no termina de soltar vuelo.

Sirve tal vez recordar a Barton Fink, de las mejores producciones de la década del 90, para hacer algunas posibles comparaciones, fundamentalmente en el tema del artista creador. La película de los Hermanos Coen también empieza con un autor teatral espiando detrás del telón en el momento del estreno de su obra, (previamente la cámara subió en un travelling por las sogas de la escenografía). El éxito de esta representación hace que a Barton lo reclamen desde Hollywood. Mientras, el público que asiste al estreno de una obra del l londinense James M. Barrie dirá que ?es una obra lenta y aburrida?.

El éxito y la frustración; el fracaso y la creación absoluta son los dos polos entre los que ambas películas se mueven. En Barton Fink se genera el trauma de no poder acomodarse al negocio cinematográfico. En Finding Neverland, en cambio, el viaje es a la inversa: aquel rechazo provoca la búsqueda interna que lleva a Barrie a la aparición de esa obra que trasciende a cualquier artista, en este caso se trata de ?Peter Pan?.

Ahora bien, mientras los hermanos Coen eligen un tratamiento formalmente cinematográfico, Marc Forster es demasiado obediente a su matriz teatral: la pieza de Allan Knee ?El hombre que era Peter Pan? adaptada al cine por el principiante David Magee. El relato se enriquece con las interrupciones de escenarios imaginados, que bien pueden recordar cualquier juego de la infancia, y con la presencia de dos actores de culto como son Johnny Depp y Kate Winslet, pero nada más. Ciertamente asexuado y con un pie puesto en un mundo irreal, “James-Depp” es ?el hombre que no tuvo infancia?, mientras la joven madre de Kate Winslet pide desde su lecho de enferma un poco de atención.
Sumamente formal, en su mayoría transcurriendo en pequeños y victorianos espacios, Finding Neverland elige el camino de la represión, sin dejar nada librado al azar del espectador. Lo cual ya de por sí es un Nunca Jamás muy particular

Publicado en Leedor el 10-2-2005.