Mar adentro

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En su última película el chileno Alejandro Amenábar se permite abandonar el cine algo estructurado y frío de sus tres films anteriores. Multipremiada en el Goya y nominada al Oscar, Mar adentro se estrena hoy en Buenos Aires. En su momento, Joseba Castaños Izquierdo nos escribió esta nota desde Madrid.Mar adentro

Por Joseba Castaños Izquierdo

El suceso terrorista más importante de la historia tras el famoso 11-S ocurrió este año (3-9-2004) en la Rusia más profunda y, una vez confirmado el número enorme de personas que no querían perder su vida y que les obligaron a ello. Mientras tanto, a unos varios miles de kilómetros de allí, en el Festival Internacional de cine de Venecia, se presentó a concurso, buscando el León de Oro, una película española que muestra el suceso real de una persona extraordinaria que quería abandonar este mundo tan cruel y tan lindo pero a la que no se lo permitían. Su título: Mar adentro.

Su protagonista es un ciudadano gallego llamado Ramón Sampedro. La película muestra parte de su lucha por mantener su dignidad como persona hasta el último momento, el de la muerte, pese a estar inmóvil de cuello para abajo debido a un accidente (o quizá intento fallido de suicidio) cuando era muy joven y que le lleva a estar postrado en una cama durante 30 años hasta que logra llevar a cabo su decisión insondable de ir lo más al fondo posible de este enorme océano que llamamos vida.

Mar adentro es uno de esos films que te remueven tanto las entrañas como las neuronas, al igual que sucede en lo acontecido en el colegio ruso. Pero en este caso vemos el otro lado del ser humano, el más positivo, el lado capaz de hacer cosas inimaginables. En esta película además de la fuerte personalidad del Sr. Sampedro se habla de otras personas corrientes en situaciones extraordinarias y cómo estas son capaces de llegar a metas que uno cree no se pueden alcanzar. Desde la abnegada cuñada que le cuida como si fuera la mejor de las madres, hasta su sobrino Javi que le trata como el hijo soñado ? me encantó la entrañable escena cuando sube a ver el partido de fútbol a la cama de Ramón pese a que sabe que al protagonista de esta historia no le gusta el deporte rey ? pasando por los dos amores sentimentales que le rodean y a las que dan cuerpo dos mujeres muy especiales: Julia y Rosa, muy diferentes entre sí y que se complementan en su adoración por Ramón.

Al ver la película recordé varios consejos de mi admirado José Luis Guerín, director de películas tan importantes como ?Tren de sombras? y ?En construcción?. El cineasta catalán me subrayó que el mejor de los cines surge de la fricción entre el cine documental más riguroso y el cine de ficción por antonomasia, en definitiva, el que utiliza los elementos más interesantes de cada tipo de cine para que en su unión logre las más altas cotas de arte cinematográfico. Pues bien, nos encontramos en Mar adentro con un film que busca estas máximas. Es curioso pues Alejandro Amenábar, el director español más exitoso tras Almodóvar, en sus tres anteriores trabajos se había caracterizado por un cine algo frío, férreamente estructurado y con evidentes ecos del cine de Hollywood más comercial. Si hubiera un cineasta con el que emparejarle bien podría ser el mismísimo Hitchcock y con este salto cualitativo, ha buscado una tendencia naturalista, encontrando un realismo que surge de los propios personajes – se nota que ha permitido improvisar constantemente – algo inimaginable en el cine de Don Alfred y del anterior Amenábar…

Se encuentran en mi mente los recuerdos de los sonidos de los programas locales de radio, de los partidos de fútbol televisado, de la música clásica proveniente de un giradiscos, … una mezcla de sonidos rutinarios que se fusionan con bellas melodías llenas de ritmo al son de gaitas gallegas que abogan por la alegría de vivir y que sirven para ayudar a narrar diversas situaciones de los 8 personajes principales que rodean al protagonista: el padre, la cuñada, el hermano, el sobrino, la pareja de abogados y las dos mujeres que le aman.

La puesta en escena también está realizada en función de lo dicho anteriormente, se busca que la cámara no se note, lo primordial son los personajes y cuanto menos se perciba la presencia de un objetivo especial o un movimiento prescindible de cámara mucho mejor. Al mismo tiempo, el espectáculo cinematográfico más evidente no se suprime del todo y aunque se nos cuenta una historia intimista no por ello se dejan de hacer escenas grandilocuentes y espectaculares como cuando Ramón Sampedro se imagina sobrevolando los montes gallegos en búsqueda del mar, hacia un mar adentro, quimérico e idealizado o cuando rememora los momentos anteriores y posteriores al fatídico accidente que le postraría sobre una cama durante los siguientes años de existencia. Estas imágenes son auténticos respiros para el espectador al igual que el humor que desprende toda la película, en especial el humor del protagonista, un humor como dolorido que poseen los gallegos: la denominada retranca, una especie de socarronería en el que Ramón se ríe hasta de su sombra y que utiliza para tirar hacia adelante pese a las adversidades de su vida. Quizá la lucha individual de Ramón Sampedro habría sido más difícil de producirse si hubiera nacido en un lugar que no fuera Galicia.

En una película como esta en la que los personajes son muchos y tan entrañables no puedo dejar de alabar el trabajo de todos los actores al margen de la gran dirección de actores y de la inmejorable selección de casting. Entre todos ellos, destaca Javier Bardem (Ramón Sampedro), un actor superdotado en muchas facetas y pese a que su dicción no se encuentra entre éstas, en esta ocasión, al tener un personaje que solamente puede mover cuello, cabeza y ojos nos atrapa por completo al basar toda su interpretación en el manejo de las inflexiones, de los gestos más leves, … su capacidad de registros no tiene límite. Todo una interpretación para el recuerdo.

Madrid, 4 de Septiembre de 2004