Llevados por el deseo

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Un mundo de personajes obsesivos en la versión cinematográfica de Closer , constituídos, además, por su pura oralidad.?Mentir no es amor?

Por Alejandra Portela

Hay una obsesión en la literatura de Closer (digo literatura porque se diferencia bien el texto que se dice del relato material que la constituye como película): la mentira y la verdad.

En Closer, lo extraño parece ser verdadero, lo conocido, mentiroso, sentencia tramposa que se instala cuando bastaría quedarse con la aparición, recién a los 10 minutos, de la increíblemente bella Julia Roberts si no fuera porque la película de Mike Nichols invita a hurgar sobre las relaciones amorosas y por lo tanto se desliga del star system (al que apela) abriéndose a personajes y conductas antes que a maquillajes y máscaras.

La acción transcurre en Londres lo cual, aunque parezca pretenderlo, no la hace una película europea: un cine intimista de diálogos secos y cortantes que preceden a la acción: digo esto porque soy así: ?pervertido? (dirá el médico), ?paranoico?, (dirá el escritor), ?confundida? (dirá la fotógrafa), etc-

La palabra, como ese chat en el que un personaje masculino se hace pasar por una mujer y ?levanta? al doctor, proponiendo un encuentro ?real? muy caliente, se sostiene por lo virtual: la virtualidad sobrevuela todo el tiempo del diálogo, nada es lo que parece, nada es definitivo, decime la verdad: ?si no perdonamos, somos salvajes?. Lo virtual otra vez: ?crees que el corazón es un diagrama ?le dice Larry (Clive Owen) a Dan (Jude Law) ? yo vi un corazón: es como un puño lleno de sangre?. Clive Owen hace de dermatólogo, cuestión de piel.

Hay un acierto en Closer: el relato está construido de tal manera que la fragilidad de estas relaciones está directamente relacionada con ese ordenamiento en pastillas temporales que propone Nichols: escenas-secuencias separadas por un espacio temporal que el diálogo, como no podía ser de otra manera, se preocupa en señalar: ?me veo con él desde hace un año?, ?pasaron tres años?, ?nos encontramos hace tres meses?.

En este cine que abandona la imagen y se hace palabra, las miradas masculinas que interrogan a lo femenino y viceversa se atroquelan en temas como la soledad, el abandono, la vida en pareja, el sexo, explicitamente dicho, nunca mostrado, la frustración, la arrogancia.

Las respuestas, para ambos lados, tienen que ver con el cambio permanente, por lo tanto, con la debilidad de lo que nunca llega a ser definitivamente.

Publicado en Leedor el 30-1-2005