El legado de la calle

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¿Cuántas imágenes nos deja esta desgracia infinita que fue República de Cromañón? ¿Qué enseñanza nos dejaron estos pibes en estos tiempos bravos de inseguridad, descreimiento, falta de oportunidades, futuro lejano y no alentador?El legado de la calle

Por Viviana Garay

A varios días de la peor tragedia de nuestro país es mucha la bronca, es mayor la impotencia por no encontrar respuestas a un hecho totalmente previsible y que costó la vida a casi 200 personas, en su mayoría jóvenes y adolescentes que querían divertirse y pasarla bien cantando las canciones de su grupo de rock favorito.

En un país que hace un par de meses organizó el Congreso Internacional de la Lengua Española no aparecen las palabras para explicar tanto dolor visto y oído a través de los medios de comunicación, están ausentes las definiciones ante tanto pesar y agobio, y términos como incredulidad, irresponsabilidad social, desaprensión, brotan por doquier, palabras manchadas de sangre y fuego, escupidas negras y de horror de chicas, muchachos y chiquitos que tenían las gargantas preparadas para cantar.

¿Cuántas imágenes nos deja esta desgracia infinita?. Muchas y variadas. En primer lugar la solidaridad enorme de ese piberío que no eligió el ?sálvese quien pueda? que pregonan con su ejemplo muchos adultos, herencia maldita de la cultura individualista de los años ´90. Ellos, a pesar de correr riesgo su vida, eligieron ayudar no sólo a su amigo, hermano o novia; tendieron su mano a quienes no podían salir por sí mismos y les pedían socorro. Volvieron a entrar para sacar gente que no conocían directamente pero que los unía la misma pasión por el grupo Callejeros; se podían haber alejado ya que estaban a salvo pero optaron seguir salvando vidas dentro del infierno que fue República Cromañon, y algunos teniendo la vida asegurada no volvieron a salir de la misma forma que entraron.

Fueron muchos otros los que colaboraron ?obviamente sin mencionar médicos, bomberos y policías- la gente que volvía de trabajar, los vecinos y hasta los ?chicos de la calle?. Como siempre sucede en estos casos, porque parece que las anteriores desgracias de poco sirvieron, la gente común fue la que se puso al frente para ayudar, para acompañar, para dar un abrazo y, simplemente, escuchar. Los especialistas no daban a vasto y los trámites interminables alargaban el dolor.

Los tiempos que siguen no van a ser los mismos, seguramente en Capital y el Conurbano todos tendrán algún conocido que fue al recital. Habrá primarias sin compañeritos, secundarios, facultades y trabajos sin ?rolingas? callejeros y banderas sin dueños en muchas canchas del fútbol argentino, gracias a esa íntima unión entre el rock y la pelota.

En los tiempos que siguen habrá que encontrar culpables, porque los hay, y de todos los colores. No caigamos en la liviandad de responsabilizar solamente al que tiró una bengala al aire o cargar contra los padres porque dejaron ir solos a chicos menores a un recital de rock. En Capital, y más aún en los barrios, todos sabemos que la muerte puede estar agazapada en cualquier esquina. El rock argento tiene sus víctimas que murieron en recitales anteriores y no las olvida pero todos sabemos que se puede morir por hechos tan increíbles como éste o porque un avión se despista sobre una avenida, te traga una boca de tormenta abierta o te electrocuta un inofensivo teléfono.

En la cultura del rock argentino desde los primeros B.A Rock a principios de los ´70, los padres seguidores de la denominada música progresiva salían con sus hijos a todos lados. Crecían con ellos y compartían con ellos. Y esa tendencia no varió con los años. En los recitales de los grupos más convocantes como los Redondos, Los Piojos, La Renga o La Bersuit se pueden ver familias enteras disfrutando de la fiesta del rocanrol.

El roquero es roquero a pesar de los años, no importan las canas, los rollos o la pelada, la identificación pasa por un grupo, por las cosas que dice y cuenta a través de sus canciones y por un estilo de vida que se comparte y se hereda. Los Callejeros tuvieron un gran crecimiento durante el 2004, exponentes del denominado ?rock barrial? o ?rock chabón? cantaban temas sencillos y con mucha llegada a los más jóvenes, cosas que hablaban de ellos, tuvieron su hit y se hicieron más populares. Como ocurre en los últimos años la pirotecnia llegó al rock de la mano del fútbol y le puso calor y color a la fiesta. Nadie imaginó que podía terminar de la peor manera.

¿Qué enseñanza nos dejaron estos pibes en estos tiempos bravos de inseguridad, descreimiento, falta de oportunidades, futuro lejano y no alentador. En sus historias de vida que se publicaron en estos días se explica el por qué actuaron así: eran así, con empuje para vivir y salir a flote y ayudando a los demás en sus actividades cotidianas.

Seguramente los especialistas en adolescencia explicarán que es una edad donde todo lo relacionado con la amistad tiene una connotación muy fuerte y bla, bla, bla. Digan y expliquen lo que quieran pero estos roqueritos se la jugaron en serio. Le dieron otro valor a la vida, aunque la hayan perdido, seguramente sin la intención de ser héroes.

Publicado en Leedor el 5-1-2005