Todo es música

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Fue en el instante sublime de la Creación cuando emergieron en coro armonioso el murmullo arrollador del agua en los arroyos, el trino melodioso de las aves en el follaje, el bramido de las bestias en celo, el silbido del viento en los cañones y acantilados, el susurro de las hojas entre las ramas, el timbre de la voz humana.Por Julio A. Portela

Si, por definición, consideramos música a todo sonido agradable al oído, es indudable que sus orígenes se remontan a los tiempos de la creación, cuando se formaron los elementos de la naturaleza.

Sin embargo, la música siempre fue atribuida a la acción del hombre, cuando éste, supuestamente, quiso prolongar esa sensación tan agradable de los sonidos naturales e inventó los instrumentos musicales. Estos consisten en una serie de piezas que, ensambladas adecuadamente dentro de una estructura de resonancia, permiten producir sonidos placenteros. De ellos, gracias a la habilidad del intérprete, surge la música en una combinación de la melodía y la armonía.
Por extensión, se denomina música al concierto de instrumentos o voces, a una compañía de músicos y a la composición musical; también a la colección de papeles en los que se escriben las partituras.

Comprobamos, así, que todo es música: la gran orquesta sinfónica, la pequeña orquesta de cámara, la estimulante banda de los ejércitos, el grupo de música ligera, el conjunto de tango o la estentórea banda de rock.

No resulta extraño, entonces, que desde tiempos antiguos se le adjudicaran a la música propiedades balsámicas o estimulantes, hasta llegar a las milagrosas o sedantes de épocas más actuales. La leyenda relata cómo Pan, dios de los pastores, guiaba a los rebaños tocando la flauta en las praderas. También cuenta cómo Orfeo, con las melodías que extraía de su lira de nueve cuerdas, arrancaba lágrimas a las piedras, detenía las aguas de los ríos y domesticaba a las fieras para que lo siguieran mansamente. Como si esto fuera poco, venció la seducción del canto de las sirenas, anulando sus maleficios, y descendió a los infiernos y rescató a su amada Eurídice, todo gracias al embrujo musical de su lira.

Siguiendo el curso de la historia, llegamos a Nicolás Paganini, violinista italiano del siglo XIX del que se afirmó que cuando ejecutaba su instrumento se comunicaba con el Diablo.

La importancia de lo musical en las leyendas, en los mitos y en la vida cotidiana de todos los tiempos también alcanzó a los artistas plásticos, quienes les dedicaron pinturas y esculturas. Los maestros holandeses del siglo XV, partícipes de los profundos cambios estilísticos de su época, concibieron intimistas pinturas de interiores, en las que los personajes ejecutaban flautas y mandolinas, entre otros instrumentos.
En las porcelanas europeas de Meissen y Saxon, en los siglos XVIII y XIX, se retomaron las leyendas y se representó, provistos de instrumentos musicales, a Psyche, Cupido y otros dioses. En estas piezas y también en biscuits, se representaron exquisitos personajes, especialmente damas de época lujosamente ataviadas, que interpretaban música en violonchelos, arpas y hasta pianos, como símbolo de refinamiento cultural y pertenencia social.

En ciertas épocas, los instrumentos musicales se convirtieron en objetos de arte en sí mismos, ya que en sus estructuras se utilizaban maderas de gran calidad, acompañadas a veces de ornamentos o incrustaciones en oro, plata y piedras semipreciosas.

El art déco a principios del siglo XX, claudicó ante la seducción de los instrumentos. Con sus formas se diseñaron piezas de joyería con materiales de gran fineza y engarces de piedras preciosas que, más allá de su valor intrínseco, constituyen actualmente objetos de colección.

Los instrumentos musicales también se adoptaron en la ejecución de piezas de porcelana y pate-de-verre cuando, en 1920, Argy-Rousseau diseñó objetos que incluían personajes femeninos tocando el arpa. León Zack se sumó a la tendencia, realizando en vidrio estilizadas figuras de músicos negros tocando jazz.

Referencia Imágenes

Fotos 1: Conjunto de tallas de marfil que representan la orquesta y su director. Bases realizadas en madera con forma de barriles de vino. Alemania siglo XIX (gentileza de Roldán y Cia.).

Foto 2: Santa Cecilia, patrona de la música, talla en madera estucada y policromada. Alto Perú, siglo XVIII (de una subasta realizada en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, diciembre de 1997).

Foto 3: ?Cupido?, figura de porcelana alemana de Meissen, policromada a mano, con control de la manufactura de Meissen correspondiente a los años 1860/1924. Inscripción : ?R. Hoelbe? (gentileza del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, de la subasta de agosto de 2000).

Foto 4: ?Sonidos de la memoria II?, de Susana Lascano. Escultura en bronce, plata y madera. La artista formula la interpretación abstracta geometrizante de un instrumento musical (gentileza de Galería Palatina, Buenos Aires).

Foto 5: ?Re sostenido?, de Alberto Klix. Tinta sobre chapadur, de 60 x 90 cm. El mundo de la música es visto por el artista plástico como una gran orquesta al compás de cuyos sones se elevan extraños personajes (gentileza de Galería Principium, Buenos Aires).

Foto 6: ?Fumando espero?, dibujo tinta y color de 42 x 36 cm., circa 1997, del plástico argentino contemporáneo Juan Carlos Liberti. Se trata de una interpretación del tango de la que participan los instrumentos característicos de ese conjunto orquestal (gentileza de colección Alvear, de Zurbarán)

Foto 7: Detalle del director del conjunto de tallas de marfil que representan la orquesta. Bases realizadas en madera con forma de barriles de vino. Alemania siglo XIX (gentileza de Roldán y Cia.).

Publicado en Leedor el 12-4-2004