El lápiz del carpintero

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La película española aborda las cicatrices de la memoria de un hombre abatido por la guerra

por Alejandro Zuy

¡ España, España!
todos pensaban
el hombre, la historia y la fábula,
todos pensaban
que ibas a terminar en una llama…
y has terminado en una charca

León Felipe

Hace pocos años las dos imágenes más emblemáticas de la guerra civil española fueron reunidas para su exhibición en el museo Reina Sofía de Madrid. Se trataba de la fotografía de Robert Capa ?Muerte de un miliciano? y el ?Guernica? de Pablo Picasso. El recuerdo de esta noticia me pareció inevitable al ver la película del debutante director gallego Antón Reixa.

Pienso que la reunión de ambas obras puede ser tomada como una metáfora del encuentro de dos amantes separados por la contienda, la asociación que establezco no sólo se remite al acontecimiento histórico que representan, sino también por los sentimientos que me despiertan: admiración y al mismo tiempo un espanto sobrecogedor.

Los recuerdos que un anciano relata a una prostituta en un burdel de mala muerte, cercano a la frontera con Portugal, nos introduce en el preciso momento en que se desataron sobre España las enfurecidas pesadillas de la Historia y que significarían el prólogo de lo que poco tiempo después se extendería sobre toda Europa.
Un flashback nos ubica en Santiago de Compostela en los prolegómenos de la guerra, allí el joven médico Daniel da Barca se destaca como un notable orador de las fuerzas republicanas. Marisa, su novia, es hija de un caudillo local cuya simpatía por los franquistas se sustenta en el más execrable oportunismo y que se vanagloria de tener entre aquellos que le deben favores, a las figuras más influyentes de la sociedad.

Herbal, un tosco guardia civil, es el encargado de vigilar y posteriormente detener al médico. Sus actitudes hacia la pareja reflejarán ambigüedades cuyas motivaciones serán difíciles de rastrear pero cuyo derrotero estará unido a sangre y fuego. El actor Luis Tosar presta el cuerpo a este personaje con una maestría precisa y destacable que lo hace profundamente sugestivo y que además contrasta con el esquematismo con el cual están planteados los demás personajes que parecen dividirse entre aquellos que guardan una entereza impermeable a la amenaza de una muerte próxima y aquellos dueños de una perversión absoluta.

Herbal también se constituirá en el centinela del lápiz en cuestión a partir de un hecho donde se entremezclan el asco, la piedad y la admiración silenciosa. A partir de allí, este elemento cobrará fuerza simbólica y su grueso trazo acompañará las desdichas de las cuales Herbal es alternadamente protagonista decisivo o testigo externo y distante pero mediador al fin. Otros flashbacks se insertarán a lo largo de la película constituyendo en conjunto las cicatrices que se configuraron sobre la desnudez de la memoria de este hombre abatido.

Por último, llama la atención que el film de Reixa posea una estructura narrativa y un tratamiento de la imagen bastante convencional para un pretendido homenaje a aquellos que deseaban asaltar los cielos. Si el presente consiste en una rebeldía asimilada para ser consumida lejos estamos de terminar en una llama.

Publicado en Leedor el 26-12-2004