Obscenidades

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Estrenada a principios de 1985, en Santiago de Chile, y escrita por el dramaturgo Marco Antonio De La Parra La secreta obscenidad de cada día
tuvo un éxito de crítica especializada y de público desde ese momento hasta ahora, que vuelve a ponerse en escena. El CELCIT la estrena en estos días.La secreta obscenidad de cada día (Chile)

Según organismos teatrales internacionales ?La secreta obscenidad de cada día? es la obra teatral latinoamericana más montada en los últimos veinte años en todo este continente.Luego del estreno en Santiago de Chile en 1985 ambos la representaron en varias regiones del país, más tarde en Madrid (1987) en el contexto del gran evento cultural chileno de la época que se llamó ?Chile vive?, en diversos países latinoamericanos, en EEUUy posteriormente en Europa (España, Francia, Alemania) y últimamente en Turquía e incluso en la India, todo por elencos regionales y en los idiomas nativos.

A casi veinte años del estreno de esta clásica obra del teatro latinoamericano durante el 2004 han estado en varias salas importantes de la capital trasandina. A través de FESUR (Feria de Artes Escénicas del Cono Sur) “La secreta..” fué invitada en julio a los Festivales de El Salvador y Panamá, cosechando llenos y excelente crítica. A fines de septiembre estuvieron en el más antiguo festival latinoamericano de teatro, el de Manizales, Colombia, con igual éxito. A la semana siguiente se presentaron en Escenario 2004, Festival Internacional de Teatro que se realiza en Ecuador. Y es muy posible que hacia fines de año estén actuando en Boston, USA.

Un hombre vestido sin pantalones y con un raído impermeable se acerca con cautela a un banco de plaza situado frente a un colegio de niñas de un barrio acomodado y se encuentra con otro hombre, también sin pantalones y cubierto por un impermeable más cuidado. El absurdo es inmediato. Ambos se exponen en una evidente transgresión en un lugar público y donde, por lo demás está ocurriendo una ceremonia oficial.

Ciertamente que cuando esta obra se estrenó, en mayo de 1985, en la sala Camilo Henríquez, en pleno centro cívico de la ciudad de Santiago, significaba una ingeniosa y astuta metáfora dramática de la situación que se vivía en esos momentos y que se organizaba al lado de una plaza, unas cuantas cuadras más allá del escenario en la que se representaba.

El mismo Marco Antonio De La Parra cuenta la génesis de la obra: “Venía saliendo de las penumbras, como un convalesciente, cuando me empezó a fustigar mi amigo, futuro compadre y compañero de equipo de fútbol León Cohen (no saben qué arquero perdió la valla chilena con su dedicación a la medicina) con la idea de que hiciéramos una obrita para un festival que organizaba, ese fin de año del 83, el Colegio Médico. Me llenaba de angustias sólo imaginar la página en blanco. No había escrito casi nada, pero esa vez me sonó distinto. Se me hizo cómoda la tentación de encaramarnos de nuevo al escenario, como en los tiempos de la Escuela de Medicina Norte de la Chile, en el J.J. Aguirre, en el Casino de la Laurita, y de hacer lo que se me diera la gana, sin responsabilidad alguna por ningún tipo de trayectoria. Lo entretenido del proyecto puso en marcha las ruedas recién aceitadas por el psicoanálisis del cual yo era objeto en esos días.

Cuando escribí el primer borrador de ? La secreta obscenidad de cada día? me pareció divertido y simpático. Un sabor a algo importante se me venía por encima de la lengua. Me maravillaba esa sensación que persigo siempre al escribir, el hechizo que quiero padecer para que me transporte como el cuento relatado a un niño. Algo inusitado e inimaginable, algo que me abra el mundo y lo desdoble, que me rompa los esquemas. Tres semanas después ya ensayabamos la versión que mostraríamos. Había escogido, premeditadamente, la mayor sencillez en todo: el escenario, las luces, la ropa utilizada. La producción era menos que mínima, pobrísima. Nos juramentamos con León, el cual ya había hecho una buena trayectoria de actor desde hacía años en el Goethe Institut y luego en el Teatro de la Universidad Católica, de asumir este desafío con plena seriedad. Finalmente la obra ganó el festival y el auspicio para ser montada en el teatro de Gustavo Meza, afamado director teatral y amigo, que había asistido a la función final. Luego del estreno en el el Teatro Camilo Henríquez y de una critica delirante en el Mercurio las funciones se llenaron, en un comienzo de profesionales e intelectuales, pero luego, de un público mucho menos elitarios sobre todo cuando surgieron las presentaciones en el Parque Forestal, junto al Museo de Bellas Artes o en el Parque Bustamante y después en varias regiones. Esto culminaría con la gloriosa invitación a la muestra artística en Madrid, el “Chile vive”, punto de partida de un agitado año de creación, amistades y proyectos. “La secreta…” fue aplaudida en Madrid y mi destape fue absoluto. No tuve más que aceptar la fuerza del viento. Nunca volvería a ser el mismo.

Publicado en Leedor el 10-11-2004