Primavera, verano….

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Primavera, verano? es una película de monjes, estaciones y animales. De escrituras y colores En ese orden, tal vez en otro, según dónde esté puesta la carga simbólica. Un cine de imágenes puras, sin sentencias, donde el escenario, aunque natural es tan claustrofóbico como si estuviéramos en un ascensorPor Alejandra Portela

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En busca de hierbas medicinales, una línea blanca diferencia la planta venenosa de la inocua. No es tan así con las buenas o malas personas. Porque entre ellas no se puede notar a simple vista la diferencia. Las hierbas y el juego infantil inician la Primavera de esta director coreano de 44 años, Kim Ki-Duk, que, sin haber pasado por escuela de cine alguna, se define a sí mismo como un voluntario ?fuera del sistema?.

Enamorado de las películas de Godard, aprendió fundamentalmente de ellas, la independencia. Y esta independencia es lo que justifica, según sus propias palabras, a las películas que hizo antes de Primavera?. la primera en estrenarse comercialmente en Argentina. Lo cual ya es un acontecimiento.

Asiduo visitante de Festivales internacionales, las tres producciones anteriores a Primavera? que aquí se vieron en el Festival de Buenos Aires La isla, Dirección desconocida y Bad Guy habían llamado la atención sobre el cine de Corea del Sur, del que además por estos días puede verse un ciclo de 8 films.

Primavera, verano? es una película de monjes, estaciones y animales. De escrituras y colores En ese orden, tal vez en otro, según dónde esté puesta la carga simbólica. Un cine de imágenes puras, sin sentencias, donde el escenario, aunque natural es tan claustrofóbico como si estuviéramos en un ascensor. Un templo flotante en un río sin tiempo y espacio donde el exterior (la civilización violenta y corrupta) está dividido por una puerta también flotante. Cómo llegan ahí desde afuera los que van ingresando a la historia y los que nos dan la pauta de la contemporaneidad del relato?: la madre viene a curar a su hija, los policías a buscar al joven asesino, la madre a dejar a su bebé. Pero de dónde vienen?
Poco importa si en esa geografía sin lugar llegan para transformar sus vidas. La joven mujer cura sus heridas del alma, los policías terminan ayudando al monje a colorear los caracteres para saciar la furia del joven.

Cada estación está acompañada, simbólicamente, por un animal: la primavera po el perro con el que juega el monje niño, el verano por el gallo, el otoño, el gato: ?si amas algo otros pueden amarlo?, entre el otoño y el invierno, una serpiente viborea por el templo, una tortuga simboliza la primamera final: conocimientos ancestrales donde el poder lo tienen los animales.

Hay muchos detalles que pueden escapársenos de esta enorme película que es Primavera, verano, otoño… Y otra vez primavera tiene que ver con esta pertenencia a otra cultura y otra religión: el sacrificio corporal en honor a Buda, la unión mente-cuerpo, lo femenino como lugar de perdición.

Existe en esta historia de solitarios monjes, en cambio, algo que podemos entender perfectamente: que el cine puede tener en estos cines periféricos algo más que una moda y que la historia de la naturaleza humana es tan cíclica comos sus procesos culturales.

En la primavera todo vuelve a comenzar.

Publicado en leedor el 27-10-2004