Un mundo menos peor

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En desdichado periplo madurativo, la última película de Agresti parece querer emular a cierto cine argentino ochentoso, cimentado en estereotipos y lugares comunes. Por Sebastián Russo

La historia se sitúa en un lugar de veraneo, sin veraneo. En una de esas ciudades de veraneo, fantasmagóricas sin veraneo. Tal vez Mar de Ajó, tal vez Las Toninas. Ya deprimentes en verano, así que a imaginarse el efecto demoledor que estos lugares pueden ejercer en espíritus sensibles fuera de la época estival. Un fuera de época que podría también atribuírsele al Agresti actual (porque hubo otro Alejandro Agresti, el que irrumpió como enfant terrible en la escena local, con su Buenos Aires Viceversa, fundante en actitud, ruptura formal, y temática marginal, de los rasgos que luego caracterizarían al llamado ?Nuevo cine argentino independiente?). El Agresti de hoy día, y ya desde Una noche con Sabrina Love y Valentín, parece desear emular a cierto cine argentino ochentoso, cimentado en estereotipos y lugares comunes. Desdichado periplo ?madurativo? el de Agresti, de joven talentoso y provocativo a gentilhombre aburguesado.

A la mencionada ciudad de veraneo (sin veraneo) arriba un trío de mujeres: madre (separada, depresiva, de progresismo ?digamos- kirchneriano), hija mayor (en actitud de ?nada me importa? ?mientras Ale me siga convocando-, interpretada por Julieta Cardinali, de una preciosura igualable a su falta de justeza interpretativa), hija menor (en edad de preguntarlo todo) Y como estamos ante la última versión de Agresti, estos rasgos se remarcan hasta convertirse en indelebles patrones de conducta. Trío femenino que en cierta tensión interna, ha llegado en busca de un hombre: padre, esposo, ex militante, de apatía e indiferencia bordeando la psicosis (a la llegada al pueblo, veinte años atrás, se inventó ?hasta creérsela- una historia negadora de su pasado proto revolucionario), interpretado por el bueno de Carlos Roffé (esta vez no haciendo de hijo de puta, evidenciando, además de su habitual intensidad interpretativa, ductilidad) Acercamientos cautos y relativos retrocesos, se irán alternando, hasta que la cosa (el ansiado reencuentro familiar) se resolverá tal como mi tía abuela podría haberlo sospechado.

Con Mónica Galán (como la esposa ?siempre- despechada y depre), Ulises Dumont (siempre genial, interpretando a amigo fiel), Mex Urtizberea (en su acostumbrado papel de tipo atolondrado, gracioso y tierno), el mencionado Roffé (otro genio) y el nene de Valentín ?Rodrigo Noya- (ya un ?fácil- recurso agrestiano, usado como muñequito generador de ternura y risa cariñosa) El elenco se completa con un ex combatiente de Malvinas, una pareja lesbiana, y muchas viejas chismosas.

Una historia principal (la del trío de féminas tras el padre/esposo), que en su andar se ve borroneada por historias secundarias que la atoran. Finalmente erigiéndose dentro del género de ?historias entrañables?, de amores (en principio) no correspondidos, con (intuible) corolario correspondencial brindado en cantina.

Deliberadamente emotiva. Repleta de clichés. Estrenada en plena primavera, Un mundo menos peor (historia invernal en ciudad de veraneo), evidencia la fase otoñal (de marchita palidez) de un director que jactanciosamente supo prometer.

Polémica: Crítica al crítico en Carta de Leedores

Publicado en Leedor el 6-10-2004