Cantando bajo la lluvia

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La historia de “Cantando bajo la lluvia” es, en realidad, la historia de una canción. La película se llamó así antes de que se hubiese previsto toma alguna bajo la lluvia. Pero la tozudez del productor Arthur Freed lo hizo posible. Nos lo cuenta Carlos Pagura

Cantando bajo la lluvia

Carlos Pagura

La historia de “Cantando bajo la lluvia” es, en realidad, la historia de una canción. La película se llamó así antes de que se hubiese previsto toma alguna bajo la lluvia. Pero la tozudez del productor Arthur Freed lo hizo posible.

Freed tenía compuesta una canción con ese nombre, y siempre había pensado en hacer una película con ella. Gene Kelly se opuso, porque le parecía una idea disparatada, y al final aceptó la idea a regañadientes. Entonces, se propuso crear un número de baile para ambientarla…

En ese momento Freed ya era una autoridad dentro de la Metro y había estado en la producción de cuarenta musicales. Justo un año antes de “Cantando…” había logrado un resonante éxito con “Un americano en París” (también con Gene Kelly). Uno de los protagónicos iba a ser para Howard Keel, hasta que Kelly se decidió, se hizo cargo de la coreografía y terminó dirigiendo junto a Stanley Donen.

Donen y Kelly ya habían dirigido juntos “Un día en Nueva York”, un film que estuvo coprotagonizado por el mismo Kelly y Frank Sinatra (allí Sinatra recibió sus primeras clases de baile). La buena factura de “Un día en Nueva York” les permitió disponer de 2 millones y medio de dólares para “Cantando bajo la lluvia”.

El argumento se basó en anécdotas de la vida del propio Freed en los estudios de cine, en torno al gran problema que presentó el cine sonoro: cómo reciclar a la estrellas de la época muda que, en ocasiones – como la Lina Lamont (Jean Hagen) del film- poseían voces chillonas, desagradables o una dicción directamente indescifrable.

Así, cada personaje del film tenía su correlato real: Lina Lamont representaba a Judy Hollyday, actriz del cine mudo caída en desgracia; detrás del jefe de los estudios se escondía el mismo Freed; la periodista chismosa era una caricatura de Louella Parsons, columnista del diario del magnate Randolph Hearst que se dedicó a despotricar con fiereza contra Orson Welles (a raíz de “El ciudadano”, donde Welles retrataba con crueldad a Hearst).

Fue un éxito de público, pero la Academia de Hollywood casi la ignoró. Sólo obtuvo dos nominaciones a los Oscar 1952: Mejor Banda Sonora y Mejor Actriz de Reparto (Jean Hagen), y no ganó ninguno. El reconocimiento llegaría más tarde, cuando se la integró al listado de películas del Registro Nacional y ocupó el décimo lugar de preferencias del American Film Institute.

La popular escena de Kelly cantando en la acera, bajo la lluvia, no fue el único acierto; el film poseía un buen guión y otros logrados números musicales. Gracias a uno de ellos (en el que baila y trepa frenéticamente por el suelo y las paredes), Donald O´Connor debió pasar tres días en cama, debido al esfuerzo. Gene Kelly también sufrió algunos problemas de salud, y rodó varias escenas del número principal con fiebre.

Fue el primer protagónico de Debbie Reynolds, a quien Kelly no soportaba sus limitaciones a la hora de bailar. Debbie confesó después que filmar “Cantando…” y dar a luz fueron las dos cosas más difíciles de su vida. Kelly llegó a tratarla realmente mal, al punto que no entendió “cómo no dejó de hablarme”.

Fred Astaire era terriblemente reservado cuando ensayaba, y en contadas ocasiones permitía que alguien lo observara en sus prácticas. Sin embargo, cuando se dirigía a la sala, encontró a Debbie Reynolds llorando, escondida, en el set de filmación, y la llevó con él para enseñarle algunos trucos. Así, Reynolds recibió clases gratis de uno de los más grandes bailarines de la época dorada de los musicales.