Buena Vida Delivery II

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Despojada, angustiante, cómica: Buena Vida Delivery fue la película ganadora del último Festival de Mar del Plata y se estrena finalmente en Buenos Aires.Por Alejandra Portela

Evidentemente por el premio recibido en Corea en el Festival Pi Fan a mejor película, la crisis argentina es posible de ser incluida dentro del género fantástico. Vistas desde una perspectiva mediana de tiempo, algunas cosas de las que pasaron entre diciembre del 2001 y diciembre del 2002, se evidencian como pertenecientes al más absoluto género fantástico.

Efectivamente, cuando Pato le ofrece Patacones o Lecops a Hernán por el alquiler de la habitación en Buena Vida Delivery, los espectadores estallan en carcajadas. También cuando en la cola del consulado italiano, alguien vende su lugar a través de un cartón, o se canjea un trabajo sucio por bonos para el club del trueque. Género fantástico y terrible, y en todo caso, extraño giro de la tragedia a la comedia en un país que siempre parece estar renaciendo.

Buena Vida Delivery es una ópera prima suficiente, rodada en el borde de una ciudad posmoderna: la autopista arriba y abajo, el monoblock, la estación de servicio en Camino Negro en la Pcia de Buenos Aires, la casa sencilla, chata, sin rejas, la nostalgia de un tiempo feliz, pero corroído por la humedad y el tiempo, los muebles estilo década del ´70, el sueño de estudiar una carrera utópica: diseño industrial, en un pais con la industria aniquilada . El comienzo es la despedida familiar: ir a España sin futuro es mejor que quedarse acá sin futuro. También eso podría catalogarse como fantástico y también da para una risa nerviosa y excluyente.

La casa de Hernán es invadida desfachatadamente por una familia, representada por Di Césare, fuera del grotesco, aunque la elección del actor Oscar Núñez, sólo por su cara, haya sido intencionadamente una marca burlona, semi felliniana, éste, como los demás están siempre al filo de la parodia. Es decir, Buena Vida Delivery no es Esperando la carroza, tampoco es La nona. Lo que Di Césare, propone que la realidad sola, sin exagerarla, es ya por sí misma sustanciosamente grotesca, y no necesita de ninguna construcción extra para remarcarla.
Es probable, que de haberse jugado por ese camino, la película hubiera ganado en humor y en menos patetismo, pero como en toda obra simbólica siempre hay una elección.

El naturalismo de Di Césare promete despegarse del de Rejtman o del de Trapero, es crítico, pero es romántico en cuanto a creer en la búsqueda interior, en la elección esperanzadora, en la posibilidad de transformación, es sintético pero no es abstracto, es cruel y es sublime, en el sentido de ese tipo de belleza que no puede definirse en términos de cánon estético.

Como dice el afiche: le podría pasar a cualquiera, claro que esa universalización se sazona con los matices bien autóctonos: una sociedad sin ley, si no ver el abogado de Gabriel Goity, o los micro emprendimientos: la crianza de caracoles o los churros, da igual: el placer y la dignidad de ver la chimenea echando humo.

Habrá que ver seguramente la producción por venir, por lo menos el debut cinematográfico viene lleno de halagos, no es un cine nuevo pero es sumamente contundente.

Publicado en Leedor el 11-8-2004