El Hombre Araña 2

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Brillante, desde el primer fotograma hasta el último, Spiderman 2 puede asegurarse como la película que los conocedores queríamos que hiciera Sam Raimi, cuyas visibles limitaciones al servicio del mainstream en la primera entrega, tras el estallido en el box office le dieron luz verde para hacer lo que quisiera en esta oportunidad. Raimi hizo una película sobre el conflictuado Parker antes que sobre el invencible arácnido de la Marvel.…Y Leo Oyola lloró & lloró

Por, obvio, Leo A. Oyola

Rita Wilson, actriz casada con Tom Hanks, en Sintonía de Amor (Nora Ephron. 1993) interpreta a la mujer del amigo del protagonista, jugado precisamente por Hanks, en esa comedia romántica amena ?de las que el astro de la inminente Terminal (Steven Spielberg, 2004) hacía de taquito junto a Meg Ryan- previa al espaldadarazo que supo redituarle a su filmografía los premios Oscar cosechados por sus interpretaciones en Filadelfia (Jonathan Demme, 1993) y Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994). En Sleepless in Seattle, su título en el original, el personaje de Wilson dialogando sobre el film no apto para diabéticos Algo Para Recordar ?cinta leit motiv en esa narración- lagrimea al relatar una escena clave. Su esposo ficticio y también el real, en su interpretación, se burlan de ella. ?Ustedes nunca entenderían?, los condena a priori; a lo que los muchachos retrucan: ?los hombres también nos emocionamos con las películas?, para acto seguido fingir llanto hablando del final de Los Doce del Patíbulo (Robert Aldrich, 1967), terminando emocionados en serio, muy a su pesar de la humorada.

Más allá de las diferencias de gustos entre boys & girls, quién firma esta nota evita ser fariseo al confesar que con muchas ?pero muchas- películas se emocionó hasta las lágrimas. Uno no se pone colorado si lo confiesa con títulos como Contra Viento y Marea (Lars Von Trier, 1996) o Una Historia Sencilla (David Lynch, 1999); ahora bien este año Como la primera vez (50 First Dates, Peter Segal) al autor de estas líneas lo agarró con la guardia baja. ¿Habrá sido porque uno andaba susceptible por el cambio de década en la edad? Ojo que la película de Adam Sandler y Drew Barrymore tenía con que, actuaciones y química superlativa además de ese cover del himno de The Cars, Drive, en un soundtrack impecable que homenajeaba a los ?80 al ritmo de reggae. De todas formas todavía me sigo preguntando por qué moqueé tanto. Ok, Hey! Ho! Let?s Go! Dos párrafos desvariando ?nobleza obliga confesarlo mi estimado lector- buscando justificar que Spiderman 2 a este crítico del Leedor lo emocionó, casi llegando a robar unas lágrimas en una escena.

Ya está, lo escribí, lo confesé y no hay vuelta atrás.

El Hombre Araña y el Doctor Optopus no se dan tregua sobre el tren de Manhathann. Doc Ock, como todo villano que se precie, saca ventaja en el combate al obligar al superhéroe a cambiar sus prioridades: pone en riesgo la vida de todos los pasajeros al dañar los controles del vehículo acelerandolo al máximo, con los frenos rotos y unas vías que finalizan en el Océano Atlántico. Spidey tiene que evitar la catástrofe cueste lo que cueste. Permanece inmutable al forzosamente develar su identidad cuando chispas le queman el rostro obligándolo a quitarse la máscara, que pierde por el viento generado por la velocidad del tren. Eso no es nada: la gente que va en los vagones, por ellos, todo. Inútilmente probará frenarlo con sus pies, haciendo volar durmientes. El conductor, pesimista, con su humorada aliviará un poco la tensión antes del esfuerzo titánico. Los poderes que ostenta el personaje lo encuadran en la definición de superhéroe, pero sus vivencias y sobre todo la cruz de la responsabilidad humanizan a este Cristo propio del Getsemaní. ?No es más grande que mi hijo?, apuntará alguien acertadamente; porque Spiderman, ante todo, solo es un chico común y corriente llamado Peter Parker, que sería feliz de no poseer alter ego, pero que acepta el destino que le deparan sus dones. Un destino que no es de rosas.

Brillante, desde el primer fotograma ?con un opening en viñetas para acicalarse el bigote, en el que se resume el capítulo anterior- hasta el último ?cargado de melancólica resignación-, la secuela del Hombre Araña bien puede asegurarse como la película que los conocedores queríamos que hiciera Sam Raimi, cuyas visibles limitaciones al servicio del mainstream en la primera entrega (ver crítica), tras el estallido en el box office le dieron luz verde para hacer lo que quisiera en esta oportunidad. Y Raimi lo hizo, no solo con el cameo de su actor fetiche Bruce Campbell (el iracundo Ash de la trilogía de Evil Dead) o el homenaje que hace a su Darkman (1989) y a uno de sus maestros en la escena del hospital (con John Landis oculto tras delantales y barbijos), el realizador de Un Plan Simple (1999) hizo una película sobre el joven y conflictuado Peter Parker antes que sobre el invencible arácnido de la Marvel. La Tía May apartando la mano de la de su sobrino ante su confesión, da muestra de ello. Aplausos y más aplausos para el team de guionistas que supo capturar el espíritu del personaje creado por Stan Lee, una marca registrada que aggiornó la mirada del cómic dando una impronta que se mantiene hasta la actualidad; como así también desarrollar diálogos imperdibles, inolvidables, perfectos. Bocadillos deliciosos como el citado ?no es más grande…?, o en el idioma original el ?go tiger!? de Mary Jane y el ?I?m back!? seguido del ?my back!? de Peter Parker, redondean la perfección de las escenas afinadas en timming.

Apoyado por secundarios de gran nivel ?el J.J. Jameson de Simmons es impagable- los actores principales dan lo mejor de su oficio. La Mary Jane de Kirsten Dunst va mucho más allá del unilateral rol de damsel in distress. James Franco podrá quedar pegado al papel de Harry Osborn ?de hecho, su escena con el reaparecido Willem Dafoe como su padre anticipa la adaptación de la saga Legado del Mal en lo referente al Duende Verde- pero el pibe demuestra que está para jugar en primera. Alfred Molina maneja muy bien la dualidad de su Doctor Otto Octavius, la de un villano a su pesar, controlado por su monstruosa creación, siempre verosímil ?dentro de lo que le permite el marco- alejado rotundamente de la imposición iconoclasta de músculos hipertrofiados y abdómenes marcados para subrayar presencia. Al actor de Frida (Julie Taymor, 2002) no le hace falta tanta postura para hacerse respetar. Y por último Tobey Maguire, que como Peter podrá jugarla de nerd sin caer en la caricatura fácil y el estereotipo, y que como Spiderman se lucirá, a cara descubierta, superando el abuso de los fx y las secuencias generadas en CGI.

¿Alguien duda que Spiderman detendrá el tren antes de que se precipite a las aguas? Nadie. Pero Raimi y Maguire nos convencen del peligro de la situación, de las complicaciones que van surgiendo, del esfuerzo para evitarlo y, sobre todo, del agradecimiento de esa gente y de esa promesa que van a cumplir.
El Hombre Araña no es el superhéroe norteamericano por excelencia, aunque sus colores sean los de la bandera, Spidey es el héroe de una ciudad, Nueva York, que lo ama tanto como él a ella. Spiderman es la figura que representa a To The Five Borroughts a los que cantan los Bestie Boys en su último discazo; y es precisamente esa gente, la que lo cobija y lleva en andas después de haber sido salvados por su hombre, en verdad, prácticamente un niño. El Doctor Octopus no va a dejar pasar la oportunidad de atacar a su enemigo inconsciente. Salvo el Hombre Araña, ningún mortal puede interponerse en sus planes. Pero la gente común y corriente es agradecida, y aunque sea inútil, a su héroe le deben una moneda, esa, que hace rica la escena y la película, que culmina con lógica, pero que mierda importa: lo intentaron… ¿Y todo esto sirve para justificar por qué casi lloré? ¿En el fondo él haber ingresado en los ?30 es lo que me tiene mal? Meterse la mano en el bolsillo y sentir solo el forro del pantalón no debe ser, porque uno ya está acostumbrado a andar sin plata. Mis estimados, Spiderman emociona porque es genuina, y eso, en un producto del mainstream, es todo un milagro.

Publicado en Leedor el 20-8-2004