Voces en la noche

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Isidoro Blaisten ha publicado una novela y ya está distribuida. Quien quiera, podrá regalarse y regalar un texto excelente que analiza Elena Bisso.¿Todos somos Frankenstein?

por Elena Bisso

Acerca de ?Voces en la noche?,
la novela de Isidoro Blaisten

Isidoro Blaisten ha publicado una novela y ya está distribuida. Quien quiera, podrá regalarse y regalar un texto excelente. Ésta no es cualquier aclaración, porque el protagonista tiene dos apostolados: la venta y la salvación de la literatura.
?Todos escriben. No conocía a nadie (salvo él) que se limitase a leer sin intentar escribir?. Y también se encontrarán con un ?ghost writer?, entre otros sospechosos de cuentistas que se presentan a todos los concursos.

Respecto de uno de los personajes centrales, dirá ?Antes era un pésimo escritor. Ahora, además, se había convertido en un crítico, teórico compulsivo que hablaba con una voz que no era la suya?. Lo que también señala y vapulea esta historia es la banalidad intelectual y las cobardías de estructura.

¿Qué vende el protagonista? Camisones. Y los transporta en un maletín que le produce enormes sufrimientos, pieza de marroquinería de la estirpe de lo casi eterno. En un inicio uno puede recordar ?Carta a una señorita en París? y ?La puerta condenada? de Julio Cortázar. Pero las voces nocturnas o la enfermedad no son las que evocan esos dos cuentos magníficos, sino textos que en sí mismos, a medida que la lectura avanza, se transforman en un género dentro de la novela. Éstas voces, que no terminan de entrar en la nosología psiquiátrica, traen mensajes ¡¿cifrados?!, caricaturas de haikus y enseñanzas de un maestro que no es el prototipo taoísta, sino más bien, un maestro vapuleado por un mundo más parecido a la Argentina que tan bien conocemos, que al mítico Oriente. Bien pueden ser una versión desopilante de los comentarios de los hexagramas del I Ching. ?Dijo el maestro: sin salir de la puerta de tu casa se conoce el mundo. Fue asaltado por un falso recaudador?.

Los objetos que pueblan la novela remontarán al lector, o lo harán conocer, según la edad, el mundo al que casi no toca el avance tecnológico ni los estragos del mercado. Un mundo de objetos de la nostalgia. Porque, aunque la novela sostiene todo el tiempo un humor aniquilador, tiene un fondo de melancolía irrenunciable.

Podemos también decir que es la ?anti-novela policial?, y que para poder escribir un texto de esta particularidad, se debe estar convencido de que ?la literatura es la destrucción de la solemnidad?. Y que efectivamente, se ha leído durante toda la vida.

En el medioevo se condenaba la risa, en nuestra época la risa es un indicador de pensamiento crítico. Y, a veces, un milagro. Podemos celebrar la aparición de esta novela que ya venía anunciándose desde hace un tiempo, y agradecerle a su autor que la haya escrito, y a quien certeramente supo dar en el blanco al acompañarlo en la decisión.

Me sorprendió detectar un pasajero del subterráneo espiando la tapa de este libro, cuando subíamos por la escalera mecánica el último lunes, muy temprano. ¿Me habrá visto cuando me reía al leer durante el viaje?

Publicado en Leedor el 4-8-2004