Argentina-Brasil

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Somos de una generación que los vimos levantar varias copas y esas alegrías son impagables. Cada uno de nosotros recuerda exactamente qué estaba haciendo el día que el barrilete cósmico levantó vuelo, o cuando el Matador guapeó en el primero entre tantas camisetas naranjas o cuando el pibe de Lima le atajó la ilusión a los tanos. En cambio ellos no. Ya sea porque no habían nacido o eran muy chiquitos…
Tostadas

Por Viviana Garay

Argentina-Brasil
Final Copa América
Domingo 25-7-2004

Se puso a hacer tostadas en el entretiempo, como una forma de machacar los minutos, esos que son larguísimos cuando se juega algo tan importante y uno quiere que todo termine rápido y bien, pero ya mismo. Las cábalas se cumplieron como desde el primer encuentro. Había seguridad y tranquilidad previa, incluso antes del partido. Compartieron las risas por las explicaciones evidentes del Doctor y los nerviosos relatos del rubio santafesino que lo vivía ?como uno de nosotros?. Linda dupla armaron estos dos, pensó y recordó los tiempos del blanco y negro cuando Horacio Aiello acunó su célebre frase ?a la derecha de la pantalla señora…?. Hoy son otros tiempos y corrió mucho agua bajo el puente pero la esencia y la emoción siguen siendo la misma. La verdad que tuvimos suerte: somos de una generación que los vimos levantar varias copas y esas alegrías son impagables. Cada uno de nosotros recuerda exactamente qué estaba haciendo el día que el barrilete cósmico levantó vuelo, o cuando el Matador guapeó en el primero entre tantas camisetas naranjas o cuando el pibe de Lima le atajó la ilusión a los tanos.
En cambio ellos no. Ya sea porque no habían nacido o eran muy chiquitos no lucen en el pecho esa cucarda victoriosa que nos iguala con nuestros pares con la identificación tipo ?yo estuve ahí? o ?yo sí lo vi?. Vivimos para contarles lo que nuestros pibes conocen por referencia. Les causa gracia el ?stiamo fori de la copa? y el inglés ?ese pequeño hombrecito otra vez? de Quilmes que remueve el fuego de nuestro recuerdos juveniles. Y si no qué mejor ejemplo que el aviso de YPF: hubo varios entreveros entre los chicos que desconocían quiénes eran los dos ?viejitos? del final de la publicidad y los que conocían quienes eran y qué habían hecho. Y este domingo era su día, la tarde que podían dejar de vivir de los buenos recuerdos de los padres. Ya tienen edad para festejar solitos. Eso fue lo que sintió cuando los vió seguir con ansiedad cada jugada del partido, comiéndose las uñas, moviéndose de un lado a otro, explicando el movimiento de los muchachos. Iban treinta minutos y decidió que ya era suficiente, la canasta de tostadas rebalsaba y la merienda esperaba el final del partido para ser compartida. El buen juego daba tranquilidad pero era una final, y algunos quieren ganar como sea. Llegó el gol sobre la hora y nos quedamos afónicos. Nuestros cuerpos saltaban y se agitaban en ese comedor luminoso.?Así hay que ganarles a estos negros? dijo y se hundió en el sillón y maldijo por el tiempo adicionado. Tres minutos es mucho tiempo y a éstos siempre les dan una mano. Protestó más por el descuento que por el gol del empate, tan injusto como impiadoso. La lotería de los penales no premió al que jugó mejor, al que fue protagonista siempre, el que quiso jugar al fútbol, el que trabajó y dejó el corazón para ser campeón. Pero andá a explicárselos a ellos, a nuestros pibes que tenían todas las ganas de gritar Campeones y no pudo ser. Sintió más pena por ellos y por los jugadores que por nosotros.?Quería que estuviésemos todos contentos? murmuró. Le dijeron que estaban asombrados por cómo había reaccionado ante el resultado adverso. Desde el sillón, bancándose la bronca y con la cabeza en alto -igual que las imágenes de nuestros muchachos que mostraba el televisor- respondió ?estoy tranquila?. Se imaginó esa sensación multiplicada en muchos, la selección argentina de fútbol dejó todo en la cancha pero no alcanzó. Como siempre ante una derrota futbolística trató de rescatar cosas que sirven tanto desde el aspecto humano como deportivo: la hidalguía del final, el buen comportamiento, el reconocimiento de y hacia el pueblo peruano, no son cosas de todos los días. Seguro que hubo errores y que hay explicaciones para lo que aún hoy parece increíble. Pero hay jugadores y las alegrías van a llegar.
Al día siguiente, ni bien abrió los ojos se preguntó si era verdad lo que creía que había pasado, el informativo de las 7 lo corroboró. Se bancó leer los diarios y escuchar la crítica de alguna gente pero le llamó la atención uno de los títulos de Clarín: ?Una puñalada en el corazón de la justicia?. Qué sentencia para un país soberanamente injusto para con muchos de sus ciudadanos. A esa gente que una victoria en el fútbol les regocija el alma porque por más que la remen en la vida no pueden ganar nada. Por eso deseó que los títulos sean los correctos y las palabras elegidas, las necesarias.
En la calle la gente está un poco triste, con la sensación de que se le escapó algo que ya lo tenía y estaba preparado para festejar. El día sigue y se la va bancando, está tranquila y canalizó la desazón escribiendo unas líneas que en algún momento se humedecieron un poco. Qué lástima, sólo quería que estuviéramos todos contentos un rato.

Publicado en Leedor el 26-7-2004

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