Los días felices

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En el Teatro San Martín, un Beckett impagable, enriquecido, fascinador de la mano de una Marilú Marini única, sensible y brillante.Irónicos días de falsa felicidad

por Armando Capalbo.

La puesta en escena del francés Arthur Nauzyciel es un momento de intensidad
para este clásico contemporáneo que es Happy Days por un lado por la
interpretación magnífica de Marilú Marini y por otro porque subraya como
nunca la ironía trágica de Beckett. Así, esta traducción de Antonia
Rodríguez Gago y esta performance de Marini y Toupence hacen de Winnie y
Willy epítomes del absurdo y la incomunicación. Marini convierte un
monólogo en una pieza especial, con voces, sonidos y susurros que subrayan
la atmósfera de ausencia y degradación. Pero el mundo privado se hunde, se
sumerge cada vez más en una ciénaga personal, en un agujero sin nombre que
es el revés del destino que las ilusiones fabricaron.

Winnie no deja de repetir lo feliz que es y que está, pero descubriendo el
lamento detrás de la afirmación, el engaño, el clisé, el dolor verbal y
espiritual. “Otro día divino” es una invcocación a la presencia/ausencia de
Dios y una tibia convicción para seguir adelante, para no morir, aun cuando
el hundimiento es evidente e implacable. La puesta recombina esas dos
energías: las pulsiones de vida y de muerte en una misma sinfonía
angustiosa, lastimera. Y busca una simultaneidad de tiempos que haga cruzar
presente, pasado y futuro, a través de la aparición contunde y desnuda de
Willy. Un hombre que es sexo y pasión fenecida, un fantasma que regresa pero
que no alcanza para revertir el despiadado e inexorable hundimiento.

Happy Days, indoblegable ejercicio de un Beckett en su plenitud epresiva, ahonda en la incertidumbre de nuestro mundo cotidiano, en el autoengaño de nuestros actos mecánicos, en la infinita monotonía de los mandatos sociales.

Marilú Marini recrea sueños y pesadillas en su actuación perfecta, pero
también alude al teatro mismo como exaltación del planteo de angustias y
horrores de nuestro devenir social. El teatro es lo que queda en pie cuando
la figura humana desaparece, cuando la voz se extingue, cuando el amor y la
vida son sólo un recuerdo. Una Marilú Marini única, sensible, exterior e
interior a la vez, brillante. Un Beckett impagable, enriquecido, fascinador
como cuando el mundo era nuevo, como cuando los días eran felices.

Nota Gentileza de El Menú de Buenos Aires.

Publicado en Leedor el 25-7-2004