El Pánico

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Luego de una exitosa temporada en el 2003, el 4 de julio vuelve El pánico, escrita y dirigida por Rafael Spregelburd. La obra es parte de una tramposa hepatalogía sobre los pecados capitales, en la que el autor aborda con amargo humor la pérdida de todo acuerdo moral en nuestros tiempos. Retomamos la crítica de Adriana Libonatti publicada en ese momento en Leedor.El pánico

Por Adriana Libonati

Como en otras oportunidades, Rafael Spregelburd, indaga en los 7 Pecados Capitales traduciéndolos para nosotros en referencias que podamos reconocer. Esta vez le tocó el turno a La Pereza, que en su acepción de remoloneo y entresueño, se va convirtiendo, a medida que transcurren los tiempos, en un bien desconocido.
Porque si uno no desea, no peca. Hoy, tenemos que reemplazar aquella soledad improductiva, que era como se consideraba en los albores de la humanidad a la “Pereza”, y contra la cual se erigió en su momento la penalidad, por la sensación de Pánico que aparece cuando nos damos cuenta que ya no hay espacio para aquel sentido.
En la puesta pueden observarse como materiales de base – que hoy ya constituyen verdaderas marcas autorales: el diestro aprovechamiento de los intertextos de films exitosos de la actualidad, un uso de los géneros populares como el policial y el fantástico. Otro signo que denota la firma de Spregelburd es la utilización de variados idiomas en el texto y la constante, en ese mismo sentido del recurso paródico, siempre a medio camino entre el homenaje y la ironía.
Se van marcando, personaje tras personaje, algunos modelos cotidianos muy reconocibles. Es muy fuerte para todos la necesidad de ver plasmados en los escenarios de las nuevas propuestas, los indicios de una identidad argentina. De algo, que nos represente.

En mi opinión, resulta visible que la puesta responde a la búsqueda de un estereotipo argentino. Pero no un estereotipo cualquiera, sino el que frecuenta los diferentes diámetros de los círculos intelectuales, por eso se apela a tantos personajes, y a algunos actores cumpliendo diferentes roles.

Hay en El Pánico una semántica evidente sobre la extendida metáfora del mundo global convertido en una Babel posmoderna. Pero, como novedad, se observa en los personajes moverse en un mundo donde el socio-posmodernismo se va alejando a paso vivo de las conductas. El agradecimiento que esto entraña, pronto es arrasado, por una sensación de pánico, sobre lo que podrá ser el mundo mas allá de él; ya que hemos visto y comprobado, que es ingenuo – o inoperante – el creer en la seguridad, que confería el sentirse único y soberano entre todos los demás. Hoy esa certeza se esfuma, se diluye en el horror del porvenir. Esa intención alertadora esta presente en Spregelburd y su gente.

Hoy mas que nunca El pánico aparece ante los innumerables fantasmas que nos rodean, y nos obligan a para jugar a las escondidas con los signos. El texto nos advierte que si vuelve el Horror, será mucho mas peligroso que las inocuas mezclas de los 90´: de antagónicos, de idiomas, de tradiciones o de estéticas, Si vuelve el pánico, se mezclarán los espacios de la vida y el de la muerte, del ayer y del hoy, de la guerra y la paz.

Publicado el 30-5-2003


Premios:

Premio Teatro del Mundo a la Dramaturgia: Rafael Spregelburd (Universidad de Buenos Aires)

Premio Teatro del Mundo a la Dirección: Rafael Spregelburd (Universidad de Buenos Aires)

Premio del Espectador al Mejor Dramaturgo y Director: Rafael Spregelburd (Centro Cultural de la Cooperación) / Terna del Premio María Guerrero, Mejor Director / Terna de los Premios Teatro del Mundo al mejor vestuario: Julieta Álvarez / A los que se suma el reciente Premio Konex a Rafael Spregelburd por su labor del último quinquenio.

Nota gentileza de El Menú de Buenos Aires, nº 101, mayo 2003