Good Bye Lenin!

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“Hubo un tiempo que fue hermoso”… El sueño socialista, su paulatina (abrupta para ojos lejanos) desintegración, y las consecuencias de dicho derrumbe en aquellos soñadores y en nuevos escépticos: sobre todo esto trata Good Bye Lenin! , de enorme suceso en Alemaniapor Sebastián Russo

Película que da cuenta del estado de situación de una Alemania ex oriental pos muro de Berlín, que es a su vez signo de los tiempos: posmodernos y ultra capitalistas. Tiempos de transición que deprimieron a algunos, alegraron a otros, y descolocaron a la mayoría. Ser occidental implicaría, para un ex socialista, más allá de una evidencia ineludible del derrumbe (con y sin ayuda externa) de una utopía, comenzar a incorporar múltiples prácticas cotidianas. Desde alimentos que desaparecen, cambian de nombre, y otros (muchos) que se suman a la elección entre las góndolas, hasta una televisión con un centenar de canales para elegir. El consumo, bah.

Good Bye Lenin! hace foco en estos cambios que los alemanes del Este tuvieron que sobrellevar. Cambios que a priori podrí­an parecer menores, pero que, penetrantes, hacen a una cotidiana aseveración del cambio poí­tico ideológico llevado a cabo. Cambio de hábitos que trasladan a las actividades diarias, al mismo hogar, aquellos otros cambios, de fondo, trascendentales. Subjetividades que se ven horadadas en su existencia frugal, en su caminar diario y observar grandes carteles publicitarios de Coca Cola, signo ayer despreciado y hoy parte del propio hábitat. Cambios ordinarios que hablan del sustancial y extraordinario (por lo novedoso, no por lo fantástico) trastoque del imaginario socialista.

Sueño (y acá nos metemos de lleno en el argumento – anécdota, excusa- de la película) que intenta ser mantenido forzosamente, y con esfuerzos lindando la ridiculez, a una ex militante, que ha entrado en coma y ha estado inconsciente la suficiente cantidad de meses como para no estar enterada que el muro de Berlí­n cayó. Madre de un inquieto estudiante hoy polí­ticamente identificable con el movimiento globalifóbico, cae desmayada (luego en coma) al presenciar la detención de su hijo en una protesta estudiantil. Al salir de su estado crítico, su Alemania socialista adorada está siendo virtualmente invadida por todo tipo de símbolos occidentales. Su hijo, el revoltoso (ya que tiene otra hija, menos idealista, empleada ya en un Burger King), montará alrededor de su madre postrada (el médico ha sugerido un resto de vida calmo, sin exaltaciones), un gran escenario, restaurando y conservando lo poco que va quedando del comunismo de antaño. Y es precisamente en lo cotidiano donde el cambio más se trasluce, y por tanto, el más complejo ámbito a sostener imperturbable por el amoroso hijo. Esto lo lleva a atravesar múltiples peripecias solo para conseguir la misma lata de lentejas, el mismo arroz, y así­. A engendrar un mundo artificial, para mantener la salud mental y fí­sica (y espiritual) de su madre, en el que aparentemente nada haya cambiado.

Good Bye Lenin! se transforma así­, por un lado, en una metáfora (simpática, satirizada) de personajes de cierta izquierda retrógrada que, sin la excusable justificacón de haber estado un tiempo en coma, sostienen la utopí­a socialista, desligados de una realidad siempre cambiante. En otro sentido, la pelí­cula parece realizar también una (auto)critica apenada a un pensamiento que no ha sabido combatir contra (el) otro discurso, que a base de un pragmá¡tico uso del marketing (y de alguna que otra bombita arrojada por ahí­, siempre que haga falta), ha devenido único relato posible, infiltrándose si era necesario (lo fue) en las ayer sacralizadas fortalezas socialistas, provocando sus respectivas implosiones.

También resulta un buen retrato de la joven generación intermedia post muro en la Alemania oriental. Cruzados por una historia reciente de austeridad y disciplina socialista y un hoy de furtiva occidentalización generoso en esas “libertades” individuales que el mercado de consumo genera (vestirse a la moda, escuchar música variada, adquirir productos globalizados, chatear en Internet, etc.) Ubicados esquizofrénicamente entre un inculcado solemne respeto hacia un ayer comunitario, y las “bondades” de un nuevo sistema utilitarista y ultra mediatizado. Entre la esperable ruptura con sus padres, transformada en doble fractura parental al sumar a aquella, la ruptura con papá Marx y tí­o Lenin, y la interiorizada reverencia hacia (todos) ellos.

Divertida, inteligente, atrevida, quizás puede reprochársele cierta mirada simplista a una transición del socialismo al capitalismo de complejo proceso y derivaciones, no solo circunscribible a un arribo pomposo de Coca Cola, Mc Donalds, y demás iconos del consumismo capitalista. De mirada sensible hacia los conflictos familiares que tal transición agravó, la película de Wolfgang Becker se sostiene y trasciende cuando profundiza tales relaciones conflictivas, a la vez que su enfoque e interés narrativo se vuelve poco sustancioso y redundante cuando intenta dar cuenta de los cambios macrosociales de forma explí­cita.

Signo de los tiempos, estado de las cosas, Good Bye Lenin!, es una nostalgiosa y pasatista metáfora de un tiempo que quiso ser hermoso, y no supo cómo.

Publicada en Leedor el 20 de junio del 2004

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