Tom Waits

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Ni blusero, ni jazzero, ni siquiera un pulcro cantante, Tom Waits sigue siendo, eso sí, un provocador que no se adapta a ningún dogma.Tom Waits. Como un perro en la lluvia

Por P. R. Tool

Si en algo podemos ponernos de acuerdo con respecto a Tom Waits es que es un artista que a lo largo de su carrera ha sido por partes iguales sobre y subestimado.

¿Qué música hace el viejo Tom? A ciencia cierta la pregunta es algo compleja de contestar, porque si bien formalmente (sobre todo en la primera época) la estructura armónica e instrumental lo emparenta con el blues, ciertos giros lo alejan del mismo. ¿Por qué digo esto?, porque el blues como género es una estructura férrea, inalterable fundamentada en la pureza, así los acordes, secuencias y resoluciones son predecibles, lo que hace feliz a intérpretes y público. Waits no se adapta a dogma alguno, es un claro exponente del artista conceptual que toma géneros puros y los reformula para su provecho, para generar una herramienta que le permita expresarse con éxito, por eso no es del todo “blusero”, porque sus temas con el correr de los años han sacado a patadas en el culo lugares tan sagrados como los eternos solos instrumentales para dar paso a letras profundas y complejas, por eso tampoco es “jazzero” porque no es un gran ejecutante y mucho menos un pulcro cantante.

Waits hace su música, esa sería la respuesta más cercana.

Una carrera que se aproxima a los 30 años, y que ahora mirándola a la distancia se ha dividido en dos etapas. La primera comienza con su debut CLOSING TIME (1973) y termina con HEARTATTACK AN VINE (1980), si prestamos atención, a medida que se van sucediendo las placas, Waits empieza a dejar de lado poco a poco el concepto de “canción” y manteniendo las influencias del folk, el jazz y el blues como base, las composiciones se irán tornando complejas y la música, poco novedosa, un respaldo para narrar historias.

SWORDFISHTROMBONES
(1983) abre la segunda etapa. Waits crece, se sumerge en su estilo, termina de pulirlo, crea su universo, y lo que antes eran influencias medulares terminan por ser meras herramientas que cumplen el rol que el artista decida que tienen en cada composición.

Esta segunda etapa intenta recrear climas, ambientar lo que es el mundo privado del compositor y las letras lo muestran omnipresente, protagonista o testigo, tan freak y perdedor como cualquiera de los personajes que describe. Putas carcomidas, marineros gays bailando melosos y enanos se mezclan entre el humo espeso de cigarrillos y comida de fonda. Todo se bambolea cuando se está borracho, y las letras lo hacen con maestría y poética.

Por el lado musical, comienzan a notarse esos arreglos poco usuales que se transformarían con el correr del tiempo en marca registrada del sonido Waits. Ruidos urbanos, texturas que crean ambiente cinematográfico, una peli suspendida en un instante, sin tiempo ni espacio, una peli instantánea y perpetua. También están los instrumentos típicos, los de siempre y los olvidados, guitarras eléctricas chocan con acordeones e imposibles pianos, todo apuntando a la misma premisa estética: la decadencia.

Waits en sus letras se muestra cada vez más cercano a Burroughs, los une ese gusto por el lado sórdido y suelen narrarlo como un simple juego. Una melancolía universal trasuma toda la obra y ritmos como el spirituals, el tango, o la canción francesa se suman al abanico.

El sueño americano se terminó, Tom remueve sus heridas y canta su desconcierto en RAIN DOGS (1985) como los perros a los que la lluvia les lavó el rastro, se muestra perdido, más perdedor y a contramano que nunca.

Más adelante y haciendo un arbitrario salto nos topamos con BONE MACHINE (1992) que lo mostraría más trascendental y penumbroso arriesgando ideas sobre el fin de los días desde la religiosidad, el castigo, el Apocalipsis, la gran tormenta que arrase todo su mundo subterráneo y desesperado. Aullará lo que en primera instancia parecen profecías y que en realidad son críticas sesudas y concientes sobre los días que nos tocan vivir.

El último capítulo de esta historia se cierra con MULE VARIATIONS (1999), luego de un largo silencio de seis años sin editar un álbum de canciones, lo muestra viejo pero con ganas de seguir innovando, provocando, desconcertando. Su última placa es un resumido catálogo completo de los ritmos que Waits ha mostrado en toda su carrera de pe a pa pero con el ingrediente de sumarle la voz de manera deforme, alterada.

Su música ha ido creciendo en ambición, así lo demuestra la refundación que de sí mismo hiciera en 1980. Hoy a 21 años de aquella refundación esperamos ansiosos que este crooner freak vuelva a aparecer con alguna sorpresa bajo el brazo y la espera tiene la misma comezón que todos esos bajos deseos que pueblan las canciones del viejo Tom.

Nota gentileza de sitiotres.com

Publicado en Leedor el 9-6-2004

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