El quinteto de la muerte

0
10

Una lógica argumentativa tempranamente previsible, dentro de un marco de pequeñas y esperables sorpresas, hacen, sumado a una extraña liviandad
humorística (tratándose de un film de los consagrados hermanos Coen), que la remake de El quinteto de la muerte, sea un film de poca trascendencia, tanto dentro de la filmografía de sus directores, como la de un tipo de cine al que se le exige algo más que entretenimiento pasatista.Por Sebastian Russo

Los hermanos Joel y Ethan Coen han sabido construir en el correr de sus producciones fílmicas (desde Educando a Arizona y Barton Fink, pasando por Fargo y El gran Lebowsky, hasta más las recientes El hombre que nunca estuvo y Dónde estás hermano?) un sello autoral tan personal como subsidiario de la tradición del cine de género. Es quizás en el cine negro donde se han desenvuelto de forma más fluida y desde donde se apoyaron para imprimir su marca personal. Situaciones macabras, o cuanto menos de sospechada aprensión, llevadas a cabo por sujetos de dudoso estado psíquico (errantes freaks), que son superadas con amarga ironía, dentro de un contexto siempre marginal, desplazado de la moral instituida, intentando imbricarse con el otro, el cotidiano, el “normal”. Esta parecería ser la escena típica (si es que algo así existe) del cine de los Coen.

En este marco también puede ubicarse su último film, Ladykillers, castellanizado como El quinteto de la muerte, misma traducción del original de 1950, del cual los hermanos Coen ensayan una remake, dirigida por Alexander Mackendrick y protagonizada por Alec Guinness (interpretando el mismo rol que Tom Hanks en esta remake), y un joven Peter Sellers.

El argumento está centrado en una banda de ladrones, poco convencional, de una heterogeneidad tal que impide una relación algo civilizada entre ellos, torpes, atolondrados, reunidos “estratégicamente” por la mente “brillante” de su líder (Tom Hanks, excelente en la piel de un genio maligno, con aires de un Satán refinado, un dandy levemente patético), y que no podrán con un obstáculo inesperado y en apariencia insignificante, una viejita conservadoramente religiosa y algo autoritaria, dueña del sótano que presta para que la banda (camuflados como grupo de música renacentista necesitado de ámbito donde ensayar) realice sus tareas (hacer un túnel hasta el calabozo del casino de la ciudad)

La historia sumariamente así relatada hace esperar una decena de situaciones graciosas, enredos, e instancias con dosis de cierto humor macabro (otra constante en el cine de los Coen, tomada luego por muchos) Y en ese sentido la película no defrauda, o sea, divierte con cierto ingenio, y gags que funcionan (casi siempre), desde un relato montado en la tradición del cine negro, de intriga y suspenso, al ritmo de gospel y cadenciosa música negra. Sin embargo, lo que vuelve a esta ultima película de los hermanos Coen una obra menor dentro de su excelente filmografía es cierta liviandad, cierta pretensión de divertir explícitamente, que por otro lado la convierte en su película mas apta para ver en familia (lo que no parece ser por cierto un halago, tratándose de un film de estos directores) La construcción y resolución de la intriga es perfecta, y es quizás este factor de precisión el que resta en la acostumbrada y explosiva imprevisión de escenas cohenianas. Una lógica argumentativa tempranamente previsible, dentro de un marco de pequeñas y esperables sorpresas, hacen, sumado a la mencionada liviandad humorística, que la remake de El quinteto de la muerte, sea un film de poca trascendencia, tanto dentro de la filmografía de sus directores, como la de un tipo de cine al que se le exige algo más que entretenimiento pasatista.

Publicado en Leedor el 7-6-2004