Menos Que Cero

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Van Helsing tiene todo lo peor de la recientemente vista Liga Extraordinaria película paupérrima de por sí. Como en la fallida transposición del cómic de Alan Moore, la consigna de esta película es la de sumar personajes clásicos literarios, tanto héroes como villanos, para enfrentarlos entre sí. Confundiendo como sinónimos más y mejor, la adición ha dado como resultado menos que cero.Van Helsing: Menos Que Cero

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Por Leo A. Oyola

Stephen Sommers alguna vez asomó como una gran promesa con su debut en Agua Viva (1998). Muchos, incluso, vaticinaron en él a un nuevo Tim Burton. Talento posee, genialidad, no; como lo demostró en la aceptable saga de La Momia con Brendan Fraser y Rachel Weitz. La presentación de Van Helsing genera expectativas, y muchas. En blanco y negro, el logo de la Universal se funde a un primerísimo primer plano del fuego de una antorcha, para dar paso al pacto celebrado entre el Conde Drácula y el Dr. Frankenstein en el advenimiento de la creación del célebre monstruo, ante una turba que viene a lincharlos durante una inequívoca noche tormentosa. Las imágenes, en forma acertada, evocan a la nostalgia propia de las míticas criaturas interpretadas por Bela Lugosi en los clásicos de la década del �30 en el siglo XX. Después, todo se va al mismísimo demonio. Y esto último escrito como eufemismo. Porque la aparición del personaje homónimo del film en cuestión, persiguiendo a Mr. Hyde por las calles de París, abrevan en lo peor de la recientemente vista Liga Extraordinaria (Stephen Norrington, 2003), película paupérrima de por sí. Como en la fallida transposición del cómic de culto de Alan Moore, la consigna de esta película es la de sumar personajes clásicos literarios, tanto héroes como villanos, para enfrentarlos entre sí. Confundiendo como sinónimos más y mejor, en este caso, la adición ha dado como resultado menos que cero.

Hugh Jackman hace de Van Helsing, y quiso el guión, verdadero Frankenstein de ideas, que su caza vampiros tuviera más de un punto en contacto como el Wolverine que lo hiciera mundialmente famoso gracias a X-Men (Brian Synger, 1999). Si bien en la novela de Bram Stoker al personaje se lo nombra como Abraham, aquí jamás se lo llama por su nombre de pila, salvo el Drácula de Richard Roxburgh (que también fue otro villano literario, Moriarty, en ¡La Liga Extraordinaria!) que le dice… Gabriel. ¿Van Helsing también es un ángel caído? Eso pareciera que pretendieron sugerir. El punto es que el protagonista anda en busca de un pasado que no recuerda, y que puesto a matar, nunca falla. Ya se expresó: extremadamente familiar al Logan de la Marvel. Por ahí deambulan también las chicas del conde, de la que hay que hacer especial hincapié en la interpretada por la española Elena Anaya, una de las protagonistas de esa perla de Julio Medem (¿y qué film de este realizador no es un hallazgo?) que es Lucía & el Sexo (2001). Si se piensa que en el Â?92 la italiana Mónica Bellucci hizo lo mismo para el Drácula de Coppola, hay que ver si Anaya consigue igual repercusión mundial que la Pershepone de Matrix.

Volviendo a la trama, se dice de Van Helsing que es tanto un hombre santo como un asesino, y el mismo personaje advierte que en él hay un poco de ambas cosas. Brazo armado de una Iglesia que jamás reconocerá su accionar en caso de ser descubierto -algo así como el Jack Cuervo de James Woods en Vampiros (John Carpenter, 1999)- el protagonista viaja al Vaticano donde se le encomienda su nueva misión, la de enfrentar al legendario monarca de Transilvania. Para eso, nuestro muchacho deberá ir armado hasta los dientes; he aquí la aparición de Carl (David Wenham, Faramir en la Trilogía de El Señor de los Anillos), un monje rata de laboratorio y no un hombre de acción -para eso lo contrataron a Hugh- que la jugaría de Q -ahora R- para Bond, James Bond, entregándole todo tipo de gadgets que van -en cuanto a tecnología- un paso más adelante en su tiempo. Incluida una pistola con soga y arnés que se la pidieron prestada, más bien se la birlaron, al Batman de Tim Burton, escena incluida la de Michael Keaton como el encapotado de Ciudad Gótica llevando en brazos a la Vicky Vale de Kim Basinger.

Siguiendo en plan de robar la presunta originalidad de estructura narrativa del 007, el contacto en el pueblo maldito será obviamente una mujer que también pasará a ser el interés amoroso del protagonista, con quien transitarán por el harto trillado sendero de primero llevarse mal para después aunar fuerzas y terminar rompiéndose la boca de un beso cuando llegue el clímax, cosa que aquí nunca pasa, lo del clímax, pero si se concreta el lengüetazo, por exigencia del estudio y de un guión poblado de lugares comunes, hiper previsibles, irrisorios y lamentables en ciertos tramos. La Anna de Kate Becksindale desde su primera aparición en pantalla deja en claro para que está en esta producción: la cámara la recorre de pies a cabeza, ella estando de espalda, siendo el único personaje femenino que no usa faldas pero sí anacrónicos como ajustadísimos pantalones, regalando un segundo a la audiencia su culito trabajado en horas de gimnasio y Photoshop. Sus nalgas, no serán lo único retocado en PC. Van Helsing abusa y satura de efectos generados en CGI, para colmo de males berretas, volviendo toda la escenografía y la acción en un video game, encima aburrido. Adictos del Playstation rueguen porque Van Helsing – The Game no sea como su versión cinematográfica.

A veinte años de los licántropos de Un Hombre Lobo Americano en Londres (John Landis, 1983), la excelente Aullidos (Joe Dante, 1984) y el mismísimo Michael Jackson de Thriller; que aún hoy asustan al más incauto, no se pueden presentar estos hombres lobos y sus transformaciones propias del programa Animorphs. Por ahí en Nicklodeon o en el Cartoon Network, pero no en una superproducción como Van Helsing, que si hubiera buscado ser un film infantil apto para todo público, debía bajar más de un cambio tanto en las curvas de doña Kate como en las novias del Conde; que a todo esto ¡que sería del vampirismo sin toda connotación sexual! Y a los que sufrimos el año pasado en Hulk (Ang Lee, 2003), también en la citada League of the Extraordinary Gentlemen y usted sabrá agregar más títulos: nos venden gato por liebre con esas criaturas que no convencen a nadie de ser reales. Mil veces Lou Ferrigno u otro fisiculturista para mostrar a un tipo grandote que meta miedo y no estas mamarrachadas que en definitiva sabrán abochornar a los especialistas en FX. Claro que tipos como The Rock -otrora luchador de catch -ahora encabezan elencos y son la nueva sensación de boletería. Quién firma esta nota sigue sosteniendo una teoría personal acerca de los tiempos establecidos por las compañías para estrenar sí o sí en determinada fecha. Uno cruza los dedos tras enterarse que la historieta de Los Cuatro Fantásticos llega al cine en el 2006, y que se empieza a filmar ahora, en agosto. Eso sí, todavía no están designados ni actor ni directores ¿Entonces? Basta de utopías y molinos de viento. Todo es por dinero, y ya ni el entretenimiento se respeta, porque con productos como Van Helsing se nos roba. Eso sí, el diseño de los créditos del ending es alucinante, pero Burton homenajeando a Ed Wood en el film homónimo del �94 ya lo había hecho en el opening.

Publicada en Leedor el 1-6-2004