Los guantes mágicos

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Basada en la palabra minimalista antes que en el gesto ampuloso, Los guantes mágicos de Martín Rejtman es un absurdo urbano en el que las relaciones se entablan a través de lo que se dice.Por Alejandra Portela

Conseguí Los guantes mágicos en DVD en la librería de Leedor.com

Este muchacho redondo, que usa ropa lisa, sin rombos, ni guardas, ni flores, ni rayas, con ojos apagados y llorosos, mirada de nada, y anteojos fuera de moda, se llama Alejandro, es remisero de un Renault 12 (quién quiere viajar en un renault 12 a esta altura de la civilización?) y acaba de dejar a su novia y ser dejado a su vez.

En este mágico mundo de Rejtman, Vicentico, un músico del establishment argentino, con 12 discos grabados junto a una de las bandas más importantes de la Argentina, los Fabulosos Cadillacs, y un disco nuevo que lo lanza como solista, se transforma en su antípoda: Alejandro es un tipo absolutamente común. Decir que es un perdedor sería caer en un lugar demasiado banal para una película que le escapa a todos los lugares comunes.

En algún momento habíamos hablado del mundo geométrico de Rejtman (ver Silvia Prieto) que con este, su tercer largometraje película se afirma como un “autor de estilo” propio y personal, en el que el mundo está ocupado por personajes más preocupados por arreglarle la vida a los demás que la de ellos mismos. Siempre es más fácil. No?

Y el cine es un poco eso también: ir a ver estrategias ajenas para enfrentar la vida. En ese caso el diseño de los personajes es acertadísimo, Susana, por ejemplo, verborrágica, trabaja en una agencia de viajes, se la pasa arreglando viajes a un spa de Brasil y termina contagiándose la depresión que intenta curar a la ex novia de Alejandro. Diagnósticos intuitivos y curaciones caseras donde la discusión que se plantea es el debate entre lo emocional y lo orgánico. Es mejor el viaje, el yoga, la caminata. Dicen, me dijeron…

Los médicos (que son fabulosos) aparecen como especies de mecánicos que aceitan ese cuerpo que a los 40 empieza a necesitar ajustes por todos lados.

Automedicación, la obsesión por de sus efectos, el trueque: transporte por vivienda, un paseo al perro por viajes en remis.

Los guantes mágicos de Martín Rejtman es una comedia Rejtman: basada en la palabra minimalista, antes que en el gesto ampuloso, un absurdo urbano en el que las relaciones se entablan a través de la palabra, no importa si en verdad Alejandro es o no un ex compañero de colegio. A partir de esa confusión, la relación ya está entablada. Y la palabra es precisa, justa, sin neologismos, ni insultos, es una palabra literaria que sorprende. En ese sentido, se aleja suficientemente del género. Pero también se aleja del espectador, un espectador tan contaminado del naturalismo que invadió a la televisión y el cine argentino de los últimos años que le puede resultar demasiado construido este lenguaje. El dilema de Los guantes mágicos pasa por ejemplo en que nadie cree que Alejandro usó siempre ropa lisa “todo liso” repiten mientras revisan el placard, las valijas, las bolsas, los estantes llenos de ropa. Al día siguiente Alejandro usa por primera vez un pullover con rombos. Valeria no cree que Cecilia engordó 7 kilos en una semana. 7 kilos! repite. Y en esa repetición está la confirmación.

La comedia Rejtman no es de risa delirante, ni de carcajada exorbitada, es de sonrisa sostenida. En este cine y, al revés de la frase, una palabra, dos o tres veces dicha, vale más que mil imágenes.

Como en Silvia Prieto, hay jóvenes viejos, comida repetida, objetos que pasan de mano en mano, hay amor sin efusividad, compromisos sin corrupción, trabajos pequeños y sueldos pequeños. Los estados, ¿se suman o se neutralizan? se pregunta el paseador de perros de Los guantes mágicos.

Hace exactamente 5 años (será casualidad?) se estrenaba Silvia Prieto, en todo caso esta tercer película de Rejtman es un óptimo homenaje.

Nota publicada el 22-5-2004