El apocalipsis de Ottonello

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Aún cuando los escenarios de la pintura de Marcela Ottonello son apocalípticos todavía queda lugar para la esperanza. Marcela Ottonello y el Apocalipsis

Por Julio Portela

La angustia apocalíptica que conmueve poderosamente a nuestro siglo tuvo su comienzo mucho antes. Tal vez se habrá estado generando desde los orígenes de la civilización; pero nosotros con una visión más limitada del tiempo la estableceríamos a fines del siglo XIX con la segunda revolución industrial, continuando en el siglo XX con la sociedad de masas, para culminar en el período de la economía globalizada que nos toca padecer.

Tal vez algo de esto habrá motivado a nuestra artista Marcela Ottonello– grata sorpresa que nos regaló la Feria Arte Clásica en el Palacio San Miguel, representada por la Galería Lagard- para construir sus ambientes sugerentes y cargados de connotaciones sociales.

Ella misma nos revela su posición de artista: educada en los Estados Unidos, comenzó su actividad artística, efectuando su primera muestra individual en Argentina en 1989 en la Galeria Van Riel. Fue en el país del norte donde residió mayormente y recibió numerosos premios, formando parte asimismo de prestigiosas agrupaciones artísticas, en su especialidad de acuarelista.

Es precisamente en esta técnica tan difícil, pero que en manos del artista experto logra transparencias incomparables, donde nos deleita con sus propuestas. La artista acota que son composiciones que tratan de interpretar los problemas de Argentina de las últimas décadas, pero vistos desde el hemisferio norte, con la objetividad que puede otorgar lo lejano.

En sus cuadros nos impacta con cataratas de libros que se deslizan por escaleras mecánicas de tienda por departamentos o ?shoppings?, acompañados por personajes muchos de ellos ataviados con misteriosos sombreros, que parecen trastabillar y ?derrumbarse?. También estanterías de bibliotecas desde donde se precipitan, a veces espontáneamente, numerosos libros y otras son empujados disimuladamente por manos anónimas. En otro, será una fila de personas las que leerán con avidez diarios con las noticias terroríficas de Argentina, las que se vincularán con el espacio pictórico. La lectura del cuadro también se hace como en los libros, de izquierda a derecha, y el periódico abierto que pasa de mano en mano se va transformando en mariposa.

Miradas argentinas angustiadas aparecen en uno más: son los ahorristas que no comprenden qué funcionarios inescrupulosos hoy desplazados o refugiados en el país del norte, les hayan atrapado su dinero en el corralito.

Pero aún en estos escenarios apocalípticos no todo implica exterminio o desvastación. Aquí todavía, como nos dice la artista, queda lugar para la esperanza. Los diarios que se transforman en mariposas o los libros que si bien caen desde lo alto, encuentran en el piso alguien interesado en la posibilidad de su lectura.

Se trata de una artista sumamente interesante con planteos tratados en profundidad. Habrá que esperar para contemplar su exposición individual del mes de agosto próximo, también en la Galería Lagard.

Publicado en Leedor el 22-5-2004

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