André Vilaron

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André Vilaron comenzó a fotografiar profesionalmente en 1994 como corresponsal en Río de Janeiro del diario Folha de Sao Paulo. Desde 1999 dirige junto a Cinara Barbosa, Cámara Clara, la única galería de Río de Janeiro dedicada exclusivamente a la fotografía.André Vilaron: la fotografía en trance

Entrevista por Pablo Garber

André Vilaron comenzó a fotografiar profesionalmente en 1994, como corresponsal free-lance en Río de Janeiro del diario Folha de Sao Paulo. De allí pasó al centro de documentación Imagens da Terra para el cual realizó reportajes publicados en revistas y diarios norteamericanos como el Miami Herald, el Chicago Tribune, y San Francisco Chronicle, y entre 1996 y 1997 se desempeñó en la revista brasilera Manchete. Desde 1999 dirige junto a Cinara Barbosa, Cámara Clara, la única galería de Río de Janeiro dedicada exclusivamente a la fotografía, un emprendimiento en vías de ampliarse a través de la producción de eventos relacionados con la fotografía y el cine.

¿Cómo empezaste a interiorizarte en el tema de las religiones afro-brasileras?

Mi formación comienza en la Universidad Federal Fluminense estudiando cine. Siempre me gustaron mucho las películas de Glauber Rocha, uno de lo mayores realizadores brasileros, que perteneció al movimiento Cinema Novo de los sesenta. El solía incorporar músicas y referencias a uno de los principales rituales afro-brasileros, que es el Candomblé; y tomaba sus personajes de la cultura popular del nordeste: el cangaceiro, el campesino de la región árida, las romarias, etc. Por otra parte, uno de mis compañeros era hijo de santo, es decir, un iniciado en el culto, conocedor de los secretos del ritual. Era el año 1991.
Como a mí me interesaba el tema conversaba mucho con él, hasta que me llevó a una ceremonia y finalmente comenzamos a filmar un corto en 16 mm. A raíz de ese documental pude visitar otros terreiros (templos) y ya hace ocho años que trabajo en el tema. Mi interés se centra especialmente en el aspecto simbólico, más que en el antropológico; me gusta trabajar con la imagen como forma de lenguaje autoral.

¿Por ejemplo?

El cuerpo es muy importante en estos rituales. Tanto en Brasil como en Cuba, la expresión del cuerpo en la danza, su resonancia con la percusión y los sonidos, es fundamental en el desarrollo del ritual y es lo que intento interpretar.

Hay siempre una música con tambores que acompaña a todos los movimientos, o incluso los provoca, como en los casos de trance, donde la postura y el gesto de la persona se transforman por completo en cuestión de segundos. En mi serie, por ejemplo, podés ver un par de fotos de una niña, cuando recibe el espíritu de un personaje de la noche, y comienza entonces a fumar y a hablar como un trabajador del puerto.

¿Te ocurrió a vos, entrar en trance?

No, no. En el Candomblé, y en la santería cubana hay un juego de predicción: se lanzan unas caracolas y a través de ellas se puede conocer el futuro. En todas las ocasiones en las que participé, el sacerdote me aseguró que yo nunca voy a entrar en trance, es una característica mía. Nunca he sentido nada extraño durante los rituales, pero tengo amigos que sí han experimentado algo así.

¿Has hecho fotografías de muchas comunidades?

Hace muchos años que voy a los mismos terreiros -o casas/templo como les dicen en Cuba- allí las personas me conocen, me tienen confianza. Hay rituales que son abiertos al público y yo voy como un asistente más. Luego, si hay una interacción, si hay un buen ambiente, me acerco y les muestro mi trabajo, les explico mi interés por las imágenes. Siempre he sido muy bien aceptado; yo creo que porque no fuerzo las cosas, dejo que sucedan cuando deben suceder. Muchas veces permanezco durante meses sin tomar una sola fotografía.

¿Cómo pensás mostrar la obra?

El trabajo es muy amplio, yo a veces muestro sólo algunas, para dar una idea de qué se trata, pero hay una gran cantidad de imágenes que componen diversas ediciones: el trance, el cuerpo, el símbolo, la danza, las comunidades, la iconografía, el sincretismo, etc. El proyecto de la beca Guggenheim es establecer las diferencias y las semejanzas simbólicas en las religiones afro-brasileras y afro-cubanas.

(André señala una serie de imágenes que muestran a San Jorge sincretizado con Ogún, el orixá de la guerra; a Iemanjá en Cuba; a una persona en una barca con flores, “es Iemanjá en Brasil” – dice el autor. Hay secuencias en dípticos o trípticos; y una persona danzando que “es un Orixá muy popular en Brasil y en Cuba: Obaloayé, dueño y responsable de nuestra salud.”)

Cuando decís que esta persona es Iemanjá, o es Obaloayé, ¿decís que es el propio espíritu que tomó el cuerpo que estamos viendo en la foto?

Sí, la persona entra en trance y los demás le ponen la ropa, la visten con los atributos del espíritu que la encarnó. Los que ves en las fotos son iniciados, es decir, que han pasado por un proceso para el cual hay que quedar tres meses viviendo en la casa/templo haciendo una serie de rituales.

¿Cuál es las reacción de ellos ante las fotos que tomás? ¿Les interesa verlas?

Sí, claro. Se interesan mucho en las fotografías; pero no en las imágenes que forman parte del proyecto, sino en las que pueden formar parte de su album familiar, donde están mirando y sonriendo a cámara. Yo siempre les hago fotos así para regalarles.

Vos empezaste a sacar fotos prácticamente al mismo tiempo que empezaste con este trabajo. ¿Qué cambió desde entonces?

Todo. He acumulado mucha experiencia en estos años. El gran desafío para mí hoy es traducir este trabajo desde una perspectiva contemporánea. No me interesan mucho los momentos o situaciones importantes del ritual desde el punto de vista antropológico o histórico, sino las imágenes impactantes, que son fuertes por sí mismas, que son expresivas sólo a través del lenguaje fotográfico. A veces se hace difícil, porque hay una tendencia muy marcada en mirar este tipo de imágenes desde una perspectiva antropológica.

Yo soy muy amigo de Milton Gurán, ambos admiramos nuestros respectivos trabajos, pero tenemos puntos de vista completamente opuestos. Para él, el contexto histórico y cultural es fundamental. Para mí, lo importante es lo que estoy sintiendo y mi intención es interpretarlo o transmitirlo por medio de imágenes. Por eso, en una ceremonia, puede estar sucediendo algo muy significativo en un lugar y yo estar fotografiando por otro lado, donde para mí está ocurriendo lo que es visualmente significativo.

Así como el sonido sale del tambor, que está a un costado, lo visual puede estar saliendo por otro costado…

Claro! Es que en una situación como esta, no hay “real”. Lo que hay es invisible, es inmaterial, es misterio. Mirá que yo no soy creyente, pero cuando ocurre un trance, es una situación fuera de todo lo conocido. Además, la ideología del Candomblé me resulta muy interesante: en este sistema, cada persona tiene su propio Dios. Yo puedo ser hijo de Iemanjá, y vos también, pero tu Iemajá es diferente de la mía. De esta manera, el Candomblé ayuda a las personas a fortalecer la confianza en sí mismas, principalmente a los más pobres.
Desde mi punto de vista, toda la magia está dentro del ser humano, no existe algo afuera de él que baja de repente; son las propias personas las que desarrollan una cantidad de cuestiones o “poderes” (si quieres llamarlos así) misteriosos, que son parte de la complejidad de lo que es un ser humano. Entonces, es esta idea de poner al individuo en el centro de la cosa, lo que más me interesa del Candomblé. De esta manera somos todos iguales: un presidente, un actor, o un pescador tienen la misma investidura . El propio sacerdote que dirige una ceremonia, si bien tiene el mando en esa circunstancia, es tan importante como cualquiera del resto de los participantes.

Decías que el eje de tu trabajo no se basa en la cuestión antropológica. ¿Cuál es entonces el punto central de tu investigación?

Me llama la atención encontrar los mismos dioses y rituales en dos países tan distantes geográfica y culturalmente, como Cuba y Brasil. Yo llegué a Cuba y entré en una casa/templo y ya sabía todo lo que tenía que hacer. Mi proyecto se basa en estudiar las similitudes y diferencias en las religiones provenientes del Africa, en estos dos países tan distantes, en los que se presenta una importante franja de población negra aislada del proceso de desarrollo económico y tecnológico. Estoy estableciendo también una relación entre el hombre negro brasilero y el cubano, a través de estos rituales. Pero no en situaciones exóticas sino a partir de la vida diaria, en la calle, puesto que la simbología del Candomblé está presente permanentemente en la cotidianeidad de estos países.

¿Ya has mostrado parte de este trabajo?

En Brasil, la principal exposición fue una que se llamó Muestra del Redescubrimiento, una colectiva muy importante que se llevó a cabo durante el quinto centenario de Brasil. Fueron quince imágenes que se exhibieron junto a la obra de Pierre Verger, un fotógrafo y etnólogo francés que se radicó en Bahía, en la década del 40. Como sabrás, a Bahía le dicen la Roma Negra, por ser la capital de las tradiciones afro-brasileras. Verger fue uno de los mayores especialistas en religiones afro-americanas y tradiciones africanas, principalmente la yoruba (de la región de Benin). Este año se están conmemorando sus cien años con una mega-exposición itinerante que ya pasó por Río y San Pablo, y en noviembre estará en Salvador.
En 1998 también mostré, en la Casa de las Américas, las primeras imágenes que estaba haciendo en Cuba. Fue al mismo tiempo en que se celebraba un seminario de santería en La Habana.

¿Podés mencionar otros autores que estén haciendo algún trabajo afín al tuyo?

Me gusta mucho la obra de Eustáquio Neves, un jóven fotógrafo brasilero muy talentoso, que trabaja siempre con negros y aplica mucha intervención en el laboratorio. En varias ocasiones han mostrado nuestros trabajos juntos, pero aunque los temas son próximos, nuestra obra es muy diferente. Otro fotógrafo al que respeto mucho es Mario Cravo Neto. El utiliza permanentemente la simbología del Candomblé. Su penúltimo libro lleva por título Laroyé, que es una salutación Exú, un Orixá de la calle. Es un libro muy fuerte, muy interesante, con mucho rojo, mucho vermelho, mucho colorado….

En tu proyecto está la idea de incorporar imágenes en video y audio para hacer una eventual instalación ¿Cuál sería la diferencia entre asistir a esa presentación y participar a una ceremonia real?

Lo que a mi más me atrae de la fotografía es esa posibilidad que tenemos de mirar una cosa que las demás personas no están mirando. Por ejemplo, en un momento determinado, hay gente bailando, otros tocan los tambores, pero yo estoy viendo una sombra, y haciendo un recorte que sólo yo estoy percibiendo.

En ese sentido, una instalación de ese trabajo va a ser diferente a ir a ver un ritual, pues va a tener una profundidad y una sensorialidad en la que mi subjetividad va a estar siempre presente. Es que nosotros, los fotógrafos, enfocamos detalles que a otros no les llama la atención; y eso lo hacemos poniendo una valorización, interpretando ese detalle de forma que aquello gana la dimensión de nuestro propio sentimiento.

¿Qué otros temas estás investigando, además de las religiones?

Tengo un par de ideas, bastante conceptuales, que recién estoy empezando a desarrollar. Una de ellas se trata de fotografiar a personajes de escolas do samba durante el carnaval, en los quince minutos en los que esa persona se convierte, desde que se saca las ropas hasta que entra en el éxtasis del festejo. Pero, eso lo puedo hacer sólo una vez al año…

Publicada el 26-9-2002.

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