RM5 Jazz

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El quinteto de Roberto Moreno -que se presentó el día del trabajador en San Telmo hace un latin-jazz clásico, con arreglos por momentos interesantes y con un agregado ?local?: la chacarera.
RM5 en El Andén

Por Salvador Biedma

El 1° de mayo pasado se presentó, en El Andén, el quinteto del bajista Roberto Moreno, aunque en formación de cuarteto: saxo barítono, teclado, bajo y batería-percusión.
El baterista, Rodrigo González, estaba con gripe y lo ?reemplazó? Marcelo Woloski, que usualmente toca la percusión en la banda.

RM5 hace un latin-jazz bastante clásico, con arreglos por momentos muy interesantes, y agregando, por momentos también, sonidos propios de estos pagos, sobre todo cosas de la chacarera. Y entonces es cuando la música se hace más llamativa porque hay algo nuevo y valioso: una forma de trabajar la chacarera que no se queda en un experimento musical de laboratorio ni parece una ?fusión? caprichosa. Aportar eso es aportar novedad, y lograr con eso una música que suene plástica, respetando lo propio del género, es sumar. Porque el latin-jazz es increíble, pero la música siempre es mejor cuando uno aporta algo propio (lo mismo con la literatura y otras ramas del arte; escribir un policial clásico, por ejemplo, sin agregar algo propio? aunque el texto esté muy bien, pide algo más). Entonces, si contamos con eso, es lógico que uno de los temas de Roberto Moreno (?Candomateando?) esté dedicado al enorme Norberto Minichillo. Además, la elección de la chacarera no es nada casual; la polirritmia que tiene el género es riquísima y muestra una indudable raíz africana.

Si el concierto empezó un poco ?duro?, la cosa fue tomando color y al cuarto o quinto tema ya los músicos estaban más sueltos, más divertidos, y los temas mejoraron notoriamente. Es difícil subirse a un escenario y arrancar, pero a medida que todo fue soltándose, la música adquirió la plasticidad sin la que el latin no funciona; es casi mágica la diferencia entre una cosa y otra.
Lo mismo pasó con los niveles de volumen. Al principio el bajo estaba demasiado alto, pero después de los primeros temas, cuando la música ganó en plasticidad, la cosa se emparejó.

El repertorio propio (salvo ?Beautiful love?, de Victor Young, y ?Cambiando de suerte?, de Bucky Arcella, todos los temas son de Roberto Moreno) también suma. Hay algo que se agrega con los temas propios. Porque interpretar bien temas ajenos puede aportar mucho, pero tocar temas propios significa otra cosa que, en algún sentido, es más valorable. Y más en este tipo de géneros, donde muchas veces los músicos parecen la oscura sombra de un modelo a seguir.

La cosa, entonces, se fue encendiendo de a poco. Sobre todo con un par de temas que vuelan más allá, como ?Tuco y Pesto? y ?Recuerdos de La Habana?. El primero, una extraña chacarera (muy bien arreglada); el segundo, un son bastante clásico (al estilo del latin-jazz).

Los climas diversos cruzaron, para encontrarse, muy buenos puentes. Y Marcelo Woloski, en la batería, con un muy buen manejo de los climas, demostró ser un animal. Los puentes, los solos, los acompañamientos del baterista (que, como ya se ha dicho, suele encargarse de la percusión) agregaron muchísimo.
En cuanto a los arreglos, una de las cosas que más brilló fue el trabajo con los unísonos entre dos o más instrumentos. Económicos, bien regulados, justos. El unísono es un recurso que para muchos es simple, pero encajarlo en el lugar donde debe ir y tocarlo con justeza (no siempre, en el show, se logró la justeza total) es bien difícil. Y es un recurso, aunque quizá no lo parezca, muy rico.

El último tema (un bis luego de que los músicos amagaran a bajarse) fue el primero que habían tocado. La cosa había ganado mucha soltura, y el baterista estaba luciéndose sin soberbia ni artificios. Así, el concierto terminó caliente. Y estuvo bien que terminara así porque, si había empezado un tanto ?duro?, la cosa fue calentándose al punto de lograr que ese comienzo difícil se olvidara bastante rápido.

Nota publicada en Leedor el 10-5-2004

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