Borges en el taller

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Elena Bisso nos guía por un taller sobre la obra de Borges.Movimiento de espejos y relojería.
Una invitación a navegar en lecturas borgeanas.

por Elena Bisso

El coordinador tensa la cuerda de su voz, calibra el humor y abre en dos su edición dilecta de las obras de Jorge Luis Borges, como si abriera cuidadosamente puertas
magnánimas y nos hiciera entrar en un espacio-otro. Elije “Fervor de Buenos Aires” y dice:

“Llaneza.
Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.
Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza,
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.”

También es un lector especializado y lidera un taller de lectura. Aunque se disculpe por sus digresiones, felices, todas apuntan a un blanco preciso.
Quienes hemos participado de una guiada por laberintos de arrabal y puñales, por milongas y abusos de literatura, sabemos que no encontraremos un plan de actividad. Es que un taller, finalmente, no puede ni debe tener un estructura hermética.
Sin embargo, él se empecina en ordenarse y tal vez haga bien. Escribe, reescribe su lectura borgeana y la ofrece, corrigiendo aquí y allá, deslumbrándose ante nuevos sentidos. Su estilo en diseño pedagógico es del campo de lo grupal.

Quienes hemos optado por un taller de lectura, lo hacemos por placer. Poder disfrutar de la lectura de la obra de Borges y abrir el juego a la multiplicidad de sentidos que ofrece un grupo, construye un espacio para una navegación de navegaciones.

Al modo del taller literario, concebido como lugar privilegiado de producción textos, también el taller de lectura tiene algunas exigencias propias.
El desafío también es darse a leer pero en los propios tesoros interpretativos, de los que nos habíamos apropiado leyendo en soledad. Podemos descubrir que nuestra lectura es compartida, o que nuestros compañeros de grupo tienen posiciones divergentes o paralelas.
Cada cual llega con sus preferencias y se va con nuevas elecciones y descubrimientos. Los lectores que vuelven y vuelven a leer sólo poemas preferidos podrán leer otros y descubrir alianzas significantes o intertextualidad insospechada.
La escucha en un taller de lectura es activa, por lo que no es un “ensueño dirigido”, sino una práctica consistente de la atención. Requiere también capacidad de ceder los propios hallazgos y convivir en un espacio de disfrute, donde el encuentro también es del silencio, de lo inexpresable.
El deslumbramiento poético no tiene palabras. Convivir en esa experiencia crea el vínculo, un lugar de pertenencia desde lo grato.

Cuando se trata de una obra vasta y compleja como la de Borges, un taller de lectura puede resultar eficaz y didáctico, guiados por un investigador de su peculiaridad.
Hacer foco en la agudeza y el humor de Borges, ayuda a vulnerar las representaciones que circulan desde quienes temen toparse con la ignorancia propia. Muchos nos preguntamos cuánto se lee su obra, en realidad. O si hay lectores que lo marginan atrapados en prejuicios que no se autorizan a burlar.
Aventurados en la lectura de sus cuentos, poemas y ensayos no hay tiempo ni espacio para la solemnidad. Su estilo no deja lugar a especulaciones menores acerca de su supuesta condición de “meta escritor” o de su europeísmo.

Para los borgeanos siempre hay novedades que esperan cada vez que vuelven a entrar en el laberinto, con retorno asegurado por el hilo que alguna vez traicionara a Asterión. Las referencias se multiplican y multiplican la obra de este gran poeta que ha escrito en nuestro idioma, lo que nos ha sido dado como un privilegio.

El coordinador tensa la cuerda de su voz, templa el asombro y abre en dos su edición dilecta de las obras de Jorge Luis Borges, como si abriera cuidadosamente puertas magnánimas. También puede hacernos entrar en un espacio, el de un Borges preciso como un relojero, agobiado por la noche y el insomnio voraz, iluminado por la genialidad.

“Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o muertos
-aunque se oculten en la corrupción y en los siglos-
y condenarlos a vigilia espantosa..
Toscas nubes color borra vino infamarán el cielo:
amanecerá en mis párpados apretados.”

Un más allá donde no importa demasiado qué se diga de Borges como personaje, donde sólo cuentan su perpetua devoción por lo poético merodeando lo absoluto.

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