Alessandra Sanguinetti

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Alessandra Sanguinetti lleva ganadas dos becas del Fondo Nacional de las Artes, una de la Fundación Guggenheim y una de la Fundación Hasselblad. Entre otras distinciones, obtuvo el primer premio en el Salón Nacional de Artes Visuales 2000; la Work Grant del Concurso Earnst Haas, en 1997; y el primer premio en la Bienal de Arte Joven del 93. Tiene 33 años.
Entrevista a Alessandra Sanguinetti
Por Pablo Garber

Alesandra, vos no naciste con un pan bajo el brazo, pero sí con la cámara colgada al cuello…
Puede ser. Descubrí el mundo de las fotos cuando tenía 9 años Mi vieja tenía el estante de abajo de la biblioteca lleno de libros. Se los habrán regalado, porque ella no tiene nada que ver con el arte… Me acuerdo que allí había un libro que reunía una recopilación de diarios y fotos de Wisconsin, de principios de siglo. Un libro bastante oscuro, que nunca más pude encontrar en otro lado. Allí habían muchas imágenes de bebitos muertos, y hablaba de los suicidios en el pueblo, un pueblo que supuestamente era tranquilo… Cuando ví ese libro fue la primera vez que me di cuenta de que me iba a morir. Recuerdo una foto de una viejita muy arrugada, que estaba fechada en 1910. Al verla, pensé “ella ya no está más…”

¿Y cuándo empezaste a sacar tus primeras fotos?

Fue casi en la misma época. Mi vieja me había regalado una camarita y yo componía imágenes de almohaditas, y de un violín que tenía en un balcón. Era la típica hinchapelotas que le estaba sacando fotos a todo. Ya a los quince, empecé a estudiar con Andy Goldstein, y más adelante con Juan Travnik. También me interesé por la antropología, pero en la facultad me la pasaba imaginando retratos de los otros estudiantes. Finalmente decidí dedicarme de lleno a esto, y en el International Center of Photography de Nueva York me di cuenta que la fotografía es algo serio y uno puede hacerlo toda la vida.

¿Quienes fueron tus maestros allí?

Era un curso integral, en el que se intercalaban también talleres de fin de semana. Allí me tocó participar en los de algunos fotógrafos muy reconocidos, como Joel Peter Witkin, Nan Goldin, David Graham. Y había un profesor a quien sigo viendo y siempre que puedo le muestro mis trabajos, porque es una persona que sabe mirar y se da cuenta antes que vos adónde estás yendo. Se llama Robert Blake.

¿Fue allí donde desarrollaste la serie de los chicos?

Ese trabajo lo había empezado antes, sacando fotos de niños, pero sin pensar demasiado lo que estaba haciendo. Después, en ICP es como que el proyecto maduró. Sin embargo, si me pedís que lo defina, no puedo, me cuesta mucho. Yo diría que la infancia no es tan inocente como se suele decir o creer. Los niños son muy contradictorios, tienen sexualidad, y ya están llevando dentro de ellos lo que va a estar presente en toda su vida.

Yo creo que, en ese sentido, las miradas de tus modelos denuncian exactamente eso: no están viviendo en Disneylandia.

Yo creo que ellos mismos están como proyectando lo que es ser adulto, también. En las chicas es donde más se nota, porque ellas tienen más estereotipos, y se les inculca más el “cómo deben ser”. Además, hasta cierta edad, son más concientes de ellas mismas, que los varones.

Vi un trabajo tuyo nuevo en la web ¿Podés contarme de qué se trata?

Son “Las aventuras de Guille y Beli, y el enigmático significado de sus sueños”. Es parte de un trabajo mucho más grande que espero mostrar el año que viene. Lo había empezado al tiempo que terminaba esto de “El Sexto Día”, pero como está en desarrollo no quisiera hablar mucho todavía. Lo que te puedo decir es que es como un cuento, como un documental de la vida imaginaria de ellas, de sus fantasías, sus miedos. Es muy teatral el trabajo, hacemos como performances: yo les doy un empuje, por ejemplo tocando el tema de los miedos, ellas se disfrazan y empiezan a improvisar.

En el sexto día:

“Y Dios dijo: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza; y que domine sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre los ganados y sobre todas las alimañas terrestres, y sobre toda sierpe que se arrastre por la faz de la tierra.” (Génesis 1:26)

“Silenciosamente culpó al creador por forzar a una criatura a aniquilar a otra. De todas las preguntas que se hizo sobre el universo, encontró ésta la más difícil.” (El Esclavo, Isaac B. Singer)

¿Cómo surgió la idea de “En el sexto día”?

Yo sabía que quería hacer algo sobre animales, porque la relación que tenemos con ellos siempre me pareció muy interesante, por lo contradictoria que es esa mezcla de amor que se les tiene y la violencia con la que se los trata, algo que en muchos casos también se repite entre las personas. Y hay una negación constante de ese hecho. A los nenes, las primeras cosas que se les regala son animalitos de peluche, y se los utiliza como un símbolo de pureza, de inocencia. Se les cuenta cuentos cuyos protagonistas son animalitos, en los que se habla del amor, y de cuidar al prójimo; pero al mismo tiempo, a los animales de verdad se los trata con muchísima violencia.

¿Vos viviste en el campo?

Mi papá tenía campo y de chica pasé muchos veranos allí, y cada vez que veía matar un animal ( y aún hoy me sigue ocurriendo) encuentro ese hecho como algo completamente extraordinario. No lo puedo tomar como algo cotidiano.

¿Y cómo fue que, siendo que te afecta tanto esa violencia, decidiste encarar un proyecto que te obligó presenciar, y con atención, esas escenas?

Al principio el trabajo era muy general, aparecía más gente, y abarcaba otras actividades. Después, al cabo de editar y meditar, me di cuenta qué era lo que más me interesaba. En definitiva, lo que quería era, sacando la escena de contexto, mostrar que el acto de quitarle la vida a otro ser, no es un hecho natural y cotidiano. Por otro lado, una de las cosas que a mí siempre me obsesionó del campo son los colores: todo azul, rojo, verde. Suelen verse muchas imágenes monocromas del campo: tristes, con alambres de púa, árido, casi como muerto. Y yo siempre lo vi de manera contraria, lleno de vida – y de muerte, pero lleno! Abrís un pedacito de pasto y ya ves decenas de bichitos tratando de sobrevivir. Todos los días están presentes la vida y la muerte. Todos los animales que están allí tienen dos destinos posibles: o arriar a los que van a morir, o engordar hasta convertirse en alimento.

¿Debiste preparar algunas imágenes?

La mayoría de las fotos de esta serie no están preparadas. Digamos que veo una escena que me interesa y en ese caso tal vez intervengo pidiéndole a alguien que se ponga en tal lugar, o algo así, pero nunca pedí que maten a un animal para la foto, ni nada de eso.

¿Y cómo reaccionaban los campesinos a tu presencia con el equipo fotográfico?

En realidad nadie se sorprendía. La gente que vive en el campo está orgullosa, de lo que sabe hacer y de lo que involucra su trabajo. Además, trabajé mucho con gente que me conocía de antes. Cuando me veían llegar era escuchar “Ahí viene la Ale, ahí viene la Ale!! Venga, que tenemos conejitos acá…!” Pero entendían muy bien lo que yo estaba haciendo ahí. Yo creía que iban a pensar “¿qué está haciendo esta loca, persiguiendo todo el día a las gallinas?” Pero no fue así, porque ellos le dan importancia al tema; para ellos cada animal significa algo.

Varias fotos de esta serie tienen mucho de “momento preciso”. Todo está ordenado para dar una lectura bastante unívoca, con todo lo ambigua que puede ser una imagen. ¿Cómo las lograste?

Con mucha paciencia, con mucho trabajo de edición, y sacando muchas fotos, porque lograr que una escena banal tuviera ese plus que yo quería darle, no es nada fácil.

En algunas pueden adivinarse diálogos o complicidades entre los animales. ¿Aprendiste el idioma con el que se comunican?

Es algo que siempre me interesó. Si uno mira atentamente desde el punto de vista del animal -poniéndose de rodillas, por ejemplo- puede ver muchas cosas a las que normalmente no se les presta atención, como la forma de comunicarse, de mirarse.

¿Te quedó pendiente alguna imagen que te obsesione lograr?

No me obsesiona, pero todavía no logré una buena foto de una vaca lechera. Todavía no pude hacer el “homenaje a la vaca lechera”.

¿Cuál fue la reacción del público en esta muestra?

Lo que más me gustó es que no hubo respuestas tibias. La muestra provocó rechazo, o mucho interés. Hubo gente que me preguntaba, un poco espantada, por qué tanta sangre, tanta crueldad. A mí me sorprende esa pregunta cuando vivimos rodeados de violencia. Para darte un caso clarísimo, de todas las imágenes que se podían haber elegido de Jesucristo, se eligió la de la cruz, en donde él está sangrando, para que todo el mundo la tenga arriba de la cama.
Otras personas vieron este trabajo como una metáfora de las relaciones humanas. Eso me gustó, porque la idea del trabajo es que sea de lectura abierta. Esto no es una condena a la matanza de animales ni nada por el estilo. Yo no quiero dar ninguna respuesta a nada, en realidad me estoy haciendo preguntas todo el tiempo.

Retratar a un animal es nombrarlo. Así, este cobra una nueva vida como cuando se le asigna un nombre, y entonces, difícilmente se le dé muerte.
Cada sacrificio nos devuelve una imagen perturbadora de la frontera que cruzamos al cercenar una vida, de lo que implica que otro ser vivo se convierta en alimento.
Es posible que explorando la fina línea que nos separa de lo que dominamos, logremos un mejor entendimiento de nuestra propia naturaleza.

¿Tus fotos están a la venta?

Sí.

¿Vendiste alguna de tus obras?

En esta muestra vendí una, hasta ahora. Pero también hay mucha gente interesada, así que veremos…

¿Es la primera vez que exponés en galería?

Sí, las últimas veces que expuse en Argentina fue en la Fotogalería del Teatro San Martín, y en el Centro Cultural Rojas. Después, en Nueva York fui al MoMA y allí me compraron una foto de esta serie.¡Eso estuvo muy bueno ! Llegar allí, sin ser nadie que ellos conozcan, y que te traten con sumo respeto, desde la secretaria hasta el director. En general, en Europa y Norteamérica los curadores y críticos están en el mismo nivel que el artista: hay una relación mutua, igualitaria, nadie siente que le está haciendo un favor a nadie.

¿Esperás poder mantenerte con la venta de fotografías? ¿De qué estás viviendo actualmente?

Hace tres años que con Martín (NR: el fotógrafo Martín Weber es la pareja de AS) estamos viviendo de becas. A él le dieron la Guggenheim por su trabajo sobre los sueños, y cuando a él se le estaba acabando, me la dieron a mí, para hacer “En el sexto día”. Después gané la beca Hasselblat para desarrollar la serie de Guille y Beli, y también la del Fondo Nacional de las Artes. La verdad que es una suerte poder vivir haciendo los que nos gusta… Pero ya se va a terminar, vamos a tener que salir a buscar trabajo.

¿Vos trabajaste como editora en Clarín, no?

Sí, empecé en Internacionales, pero ese no era mi fuerte. La verdad es que no sabía mucho quién era quién. Entonces pasé a Viva, que era mucho más adecuado para mí. Allí podía pensar en cómo hacer una nota, hablar con los fotógrafos, cómo retratar a tal personaje. Fue muy bueno trabajar allí. Lo volvería a hacer, pero por un tiempo, porque a mí lo que me gusta más es sacar fotos. Aunque, ahora, en los medios está más complicado que en mi época en Viva. En ese momento había posibilidad de desarrollar ideas, de hacer cosas nuevas, pero actualmente, tengo entendido que no hay un mango, no hay producción, se hace lo mínimo indispensable, y a veces menos.

¿Cuál es el fotógrafo que más influyó en tu obra?

Si hablamos de influencia, es todo. No hay uno en particular. Hay fotógrafos que ni siquiera me gustan pero sé que me influenciaron. Todo puede ser una influencia, desde la pintura hasta las propagandas que se ven por la calle.

¿Y algún libro indispensable, de esos que si te tuvieras que ir a vivir a una isla…?

(Risas) A una isla! No, no me llevaría ningún libro de fotografía…. (silencio) Es que cambia todos los meses, un día me encanta un autor y al tiempo me dejó de interesar. No es que no haya ninguno, sino que hay muchos. Y con respecto a la influencia, tengo que decirte que Martín (Weber) fue quien más incidió en el desarrollo de mi trabajo, él me ayudó muchísimo a pensar sobre fotografía, me aconsejó en la edición, y por supuesto, con su trabajo también me enseñó un montón.

Nota publicada el 6-12-2001