Dracula

0
11

La imagen que el film ofrece del vampiro está alejada de la concepción original de la novela de Bram Stoker. Es que, de hecho, no estaba basado directamente en el libro, sino en la versión teatral de Hamilton Deane y John L. Balderstone. Así, su planificación y dirección escénica es demasiado estática, más de acuerdo al teatro.Drácula

La imagen que el film ofrece del vampiro está alejada de la concepción original de la novela de Bram Stoker. Es que, de hecho, no estaba basado directamente en el libro, sino en la versión teatral de Hamilton Deane y John L. Balderstone. Así, su planificación y dirección escénica es demasiado estática, más de acuerdo al teatro.

La versión teatral era más explícita y, pese a que había resultado un éxito, el productor del film, Carl Laemmle Jr., decidió suavizar su contenido, basándose sobre todo en dos directivas: Drácula solo podía vampirizar mujeres -para evitar cualquier referencia homosexual- y el acto en sí, la mordedura, debía ocurrir fuera de la pantalla.

La autocensura -en el film no hay colmillos, ni sangre, ni terror explícito- terminó siendo un punto a favor. Debido a las limitaciones, el director Tod Browning y el fotógrafo Karl Freund -colaborador en algunas obras claves del expresionismo alemán- se vieron obligados a inspirar un horror más bien intelectual y psicológico que físico, lo que aportó mucho para la estética del film. Un resultado menos efectista, pero más efectivo.

Otro factor decisivo fue la caracterización de Bela Lugosi. El papel iba a ser interpretado por Lon Chaney, pero al morir Chaney se le dio la oportunidad al húngaro Lugosi, hasta ese momento un actor desconocido. Tenía un manejo del idioma inglés precario, tuvo que aprenderse diálogos fonéticamente, e incluso recitar algunos sin idea de su significado exacto, pero al fin su particular forma de hablar le dio al personaje cierto toque de misterio.

Su pelo engominado, tez empolvada de blanco, solemnidad en la interpretación y su refinamiento para desplazarse también ayudaron a edificar la personalidad de Drácula y, aunque hoy algunos de esos aspectos resulten algo ridículos, dejaron huella para las posteriores representaciones del vampiro de Transilvania.

Tanto que terminaron por trastornarlo a él. Cuando se comentaba en la prensa que, tras el film, Lugosi dormía en un ataúd, se tomó la noticia un poco en broma; pero era cierto. Incluso había adoptado las ropas y otros hábitos del vampiro. La industria del cine terminó por encasillarlo con un éxito que ya no podría repetir.

Para su desgracia no volvió a caracterizar a Drácula, y cuando lo hizo fue en una suerte de autoparodia titulada “La marca del vampiro“, que fue rápidamente olvidada. Pasó sus últimos años en películas pésimas y su última aparición fue en el que está considerado el peor film de la historia: “Plan 9 del espacio sideral“, de Ed Wood, que fue estrenada tras su muerte (en 1956, lo sepultaron con el vestuario de “Drácula”).

En 1936, cinco años después del estreno de “Drácula“, la Universal moldeó la continuación: “La hija de Drácula“. Con el tiempo, la avidez

por el personaje posibilitó las producciones más extrañas y disparatadas, productos decididamente comerciales (como “El hijo de Drácula) y pocas obras de valor. Como felices excepciones podemos citar las películas de la productora Hammer, que las dotó de una nueva estética asociada al gótico y reflotó el mito.

El “Drácula” de Tod Browning fue, además, el impulsor de la “edad dorada” del cine de terror, producido en la mayor parte por los estudios Universal. En los años que le siguieron, harían su aparición decenas de films dedicados a monstruos como Frankenstein, La Momia y El Hombre Lobo.

Carlos Pagura