Adentro!

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Cuando el espectador ingresa al Chacarerean Theatre, espera pasar un muy buen momento: sabe que va a ver a Goity y a Dayub. Y se encuentra con el orgullo criollo, el coraje, la fidelidad, el honor, la nostalgia, imágenes del ser nacional.Por Mercedes Vaccarezza

�Acá, para que el limón le pegue a la milanesa, hay que apuntar al ojo�. Mauricio Dayub, nos invita a través del humor, a repensar la identidad.

El orgullo criollo, el coraje, la fidelidad, el honor, la nostalgia, sujetados al gaucho, al folclore, al maestro como autoridad que asegura la continuidad del ser nacional están representados en Teté Chazarreta (Gabriel Goity), un personaje al parecer anacrónico que nos devuelve preguntas como: ¿Cuál es la noción de identidad que puede atribuirse a la Argentina? ¿Qué supone la identidad? ¿Qué pasó con el proceso de argentinización que la liturgia pedagógica, la invención de un pasado poblado de héroes de la patria y el plan civilizador de la elite oligárquica pretendían para la construcción de una identidad nacional? ¿Nuestra tradición es hispano-católica, es indoamericana, es la del gaucho, es la de San Martín y Bolívar, o es la del �malevo� que saca a bailar el tango a la musa mistonga de los arrabales?
Y un alumno, Pichón (Mauricio Dayub) que atenta con romper un saber heredado, con traicionar la fidelidad, pero que a su vez se convierte en el maravilloso opuesto desde lo mismo, abre la dialéctica.

Desde la aparente ingenuidad de �Adentro�, ambos personajes, como si fueran antepasados cercanos y coetáneos lejanos descienden de esas fotografías ridículas que recolectamos alguna vez cuando quisimos rearmar nuestro árbol genealógico o conocer la argentinidad �auténtica�.
Luego de un rato transcurrida la obra, la distancia se diluye y el espectador se encuentra a él mismo fotografiado en Teté Chazarreta y en Pichón, solamente que vestido más Palermo Hollywood, pero atravesado por la diversidad y sacudido por los mismos cuestionamientos: ¿Quiénes somos en realidad? ¿Cuáles son nuestros valores? ¿Todo lo nuevo vale, solo por el hecho de ser nuevo? ¿Qué es el éxito? ¿El éxito es sostener hacer lo propio? ¿Es llegar a ser alguien a fuerza del olvido de uno mismo? ¿Es rescatar lo que se supone es �nuestra cultura?� ¿Somos hijos de un invento, de la globalización o de circunstancias tan plurales, tan inabarcables cuya multiplicidad nos hace inclasificables?.

Cuando el espectador ingresa al Chacarerean Theatre, espera pasar un muy buen momento, reírs,e porque sabe que va a ver a Goity y a Dayub. Primero es sorprendido por un teatro poco convencional: un espacio lleno de mesas redondas, pequeñas, muy cálidas y confortables, donde, desde una barra de madera cubierta de tentadoras picadas llegan pampeanas modernas a ofrecer una opción de menúes sencillos, ricos, y económicos en los cuales el arroz con leche y canela no puede estar ausente. Al fondo un amplio escenario al que no le falta ni sobra nada y que nuevamente sorprende al espectador, cuando en un momento de la función, la pared donde se suponía que éste terminaba se transforma en un cristal transparente que deja ver un enorme árbol, ubicando ese espacio de capital en medio de la pampa.

Pero lo más inesperado resulta de que dos excelentes actores, apostaron al humor, a la música, a la percusión como el mejor recurso para la reflexión. Así, casi sin darse cuenta, el espectador se introduce en la dialéctica, en la identidad como la ineludible relación con el otro, de modo tal que la alteridad hace presencia. Una alteridad entre el otro y uno mismo, con quien lucho y coopero, alteridad de las otras historias en las cuales la propia está entrecruzada.

La alteridad es necesaria, es necesario su reconocimiento, es necesario el encuentro (unidad) y la lucha de contrarios, sólo esto permite la generación de lo nuevo, la renovación donde lo viejo no desaparece sino que se encuentra dentro de lo nuevo pero modificado. Así vemos la canción que componen finalmente de manera conjunta el alumno y su maestro.
Tomando la terminología de Bergson podríamos decir, que esto es así porque la cultura es duración: hay un sustrato indeterminable, indefinible que la hace esa y no otra, pero la realidad humana individual y social es un incesante, perpetuo devenir, hay una resignificación constante. En esta resignificación la identidad como la cultura no se diluye, se hace. Aunque más correcto sería decir se �haciendo� ya que hay un perviviendo de lo previo.
Esto es lo que propone Â?AdentroÂ?: hacer cultura.
Estamos en camino de reinterpretar nuestra tradición, de re-inventarla. El acomodo de la diversidad siempre es difícil: entraña dilemas y, no pocas veces, conflictos morales y políticos. Hay quienes sostienen que la identidad nacional está armada, que aparece en Malvinas o en un partido de la selección de fútbol o en los actos del colegio. A quienes cuando se les pregunta sobre la identidad, sobre los exilios, sobre el aluvión inmigratorio contestan. �Es que yo soy de Villa Crespo.�

Y hay quienes construyen un teatro, escriben una obra y la representan.

Entremos.

Publicado en Leedor el 13-4-2004