Mítico barrio de la Boca

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Típico paseo de Buenos Aires, el Barrio de la Boca es el vértice sur oeste de la ciudad. Junto a Caminito y Vuelta de Roca, hay mucho más para disfrutar: rincones coloridos y pintorescos con espacios refulgentes y otros deprimidos que también nos animamos a describir.
Por Héctor M. Portela

Volviendo al Sur de la Ciudad, ingresamos al barrio de La Boca por la Av. Patricios, su límite Oeste. Transitando todo su recorrido llegamos al Riachuelo, vértice Sur Oeste del barrio.

A pocos metros, un accidente de este río de la cuenca del Matanza, forma la vuelta de Berisso. Caminamos por su ribera remozada hacia el Este y comenzamos a experimentar las características de este barrio único. Seguimos por la Vuelta de Badaracco, curva muy pronunciada y agresiva, donde las aguas deben volver hacia el Norte. Nos detenemos para contemplar en círculo lo magnífico del panorama.

En la margen opuesta, la derecha del río, una hilera de galpones grises y grúas que se asoman; en la nuestra se suceden las barracas bajas de colores diversos, algunas con murales pintados por artistas de la Boca. Dejamos atrás la estación ferroviaria del siglo XIX, Barraca de Peña, primera de la Ciudad de Buenos Aires. Al frente divisamos la Vuelta de Rocha que penetra en la entraña del barrio. En los muelles, barcos y barcazas amarrados, de colores oxidados y nombres con nostalgias como “Cabo Blanco”, “Santa Elena” o “Doña Chela”, algunos de los cuales nunca zarparán.

La Vuelta de Rocha, el más pintoresco y escenográfico recodo del Riachuelo, aparenta un pequeño estuario. En su costa el viejo “Vapor de la Carrera” que unía diariamente las ciudades de Buenos Aires con Montevideo, hoy devenido en tienda de regalos, antigüedades y restaurantes. En el ángulo de la vuelta, la Plazoleta de los Suspiros, con su enhiesto y emblemático mástil de alguna embarcación perdida en el tiempo. Como fondo, construcciones de libre estilo arquitectónico con aires italianizantes. No lejos, el típico galpón de puerto del legendario Astillero Mestrina y cerca, las edificaciones donadas por el gran maestro del color, hijo dilecto de La Boca, Don Benito Quinquela Martín como la Escuela Museo que alberga sus obras y la de otros pintores argentinos; el Teatro de la Ribera; el jardín materno-infantil y el Instituto Odontológico todas realizaciones debidas a la gran bondad y filantropía del maestro.

Juan de Dios Filiberto, músico y poeta, caminaba todas las tardes por el empedrado de su calle Magallanes para encontrarse con sus amigos de la Vuelta de Rocha. Observaba la diminuta callecita que cruzaba la manzana y acercaba los encuentros. En ese devenir de horas y días soñaba con su inolvidable “Caminito” y veía en la cortada las chapas relucientes de los conventillos. Su tango-canción recorrió el mundo con la letra sencilla de sus versos y melodía cautivante.
Caminito es el ícono más preciado de La Boca, alrededor de él se concentra el movimiento turístico nacional e internacional de la zona. Su corto trayecto es una explosión de mimos, artistas plásticos, malabaristas, músicos y bailarines de tango que deleitan a los visitantes. El color, el ritmo y sonido es lo que predomina en este lugar de sueños.

Los Pintores de la Boca tienen su refugio en el bien cuidado edificio de la Escuela-Museo Benito Quinquela Martín donde se halla la colección más importante de su obra.

Hijo adoptivo de Manuel Chinchela, dueño de una carbonería a pocos metros del museo, Benito recibe las primeras nociones de pintura del maestro italiano Alfredo Lazzari, con quien realizó en el año 1910 su primera exposición. Durante el siglo XX sus trabajos recorrieron las principales ciudades del mundo. En el tercer piso, donde poseía su vivienda se puede contemplar gran parte de su obra. Desde los ventanales de este piso se aprecian vistas inolvidables de la Vuelta de Rocha y el Riachuelo.
En el primer salón y en lugar preferencial se halla “Crepúsculo en el Astillero” su cuadro preferido, con la temática de los trabajadores del puerto que predomina en toda la obra. Casi en su totalidad las pinturas son de gran tamaño, destacándose “A pleno sol”; “Día luminoso” y “Temporal”, de colores cálidos y fríos en perfecta armonía. La sala ocupada por la serie del fuego es la más impactante el contraste de colores; la transfiguración de las imágenes y los rostros con facciones toscas, son manifestaciones expresionistas de quien se emocionaba cuando con su espátula llevaba a la tela los paisajes de La Boca. En las terrazas anexas podremos contemplar una selecta colección de esculturas en bronce de importantes autores e impecable presentación.

En el segundo piso hay exposiciones colectivas permanentes y temporales. El carácter intimista prevalece en la muestra permanente con pinturas de temas urbanos, costumbristas, bodegones, naturalezas muertas y paisajes de autores que se destacaron alo largo del siglo XX como Pio Collivadino; Alfredo Lazzari; Fortunato Lacámera; Eugenio Daneri; Víctor Cúnsolo; Roberto Rossi; Miguel Diomede; José L. Menghi y muchos más. En el mismo piso hay una muestra de mascarones de proa de buques, barcazas y balandras que navegaban por el Riachuelo.

El entorno de Caminito está depreciado y devaluado. Sólo algunos edificios han sido restaurados. La Plazoleta de los suspiros con sus mástiles, parece la cubierta de un barco hoy se halla tomada en completo desorden por diversidad de quioscos y puestos para la venta de regalos y artesanías. Las calles adyacentes no son agradables para caminar y podemos tomar como ejemplo del Valle Iberlucea desde Caminito hasta Lamadrid que es incómoda para desplazarse y debería ser peatonal.

En el deambular por las calles de La Boca llegamos a la esquina de Magallanes y Garibaldi, que no es una esquina cualquiera ya que en ella se juntaban el empedrado con el pasto y las vías del tren y paraban ilustres vecinos Quinquela Martín, Lacámera y los Filiberto para pergeñar trazos de colores y versos populares.

El misterio que crean las vías del tren, sin saber de donde vienen y adonde van, se interna y cruza el barrio de La Boca. Tal vez provengan del laberíntico Puerto Nuevo y después de pasar entre la Casa de Gobierno y Puerto Madero, ingresan al barro casi tocando el Hospital Argerich, la Casa Amarilla y el estadio del club Boca Junior para dirigirse, bordeando destartalados conventillos, hacia su destino final: La Barraca y/o Puente de Peña.

Cerca de Caminito por la calle Olavaria está la Iglesia San Juan Evangelista, consagrada a María Auxiliadora. De estilo románico toscano, única torre campanario, fachada clásica y cúpula renacentista, fue construida a fines del siglo XIX. El interior está decorado con atractivas pinturas al fresco; de tres naves separadas por vigorosas columnas jónicas. Llama la atención el hermoso púlpito con paneles de santos pintados a la hoja. Anexo se halla el colegio conventual que exhibe en las paredes exteriores amplios murales en mosaico.

En la misma zona están los dos puentes sobre el Riachuelo con el nombre de Nicolás Avellaneda: el Trasbordador de hierro construido a principios del siglo XX y el vial de la década del 40. Ambos se encuentran en un estado deplorable de conservación.

El Trasbordador es una de las atracciones turísticas de La Boca. A poca distancia la nueva autovía que une las ciudades de Buenos Aires y La Plata. Desde este sector de la ribera se puede apreciar en su magnitud la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata con una vista espectacular de La Boca del Riachuelo.

Desde la costa marítima bajan las callecitas y por ellas nos internamos hasta la Plaza Solís lugar histórico donde nacieron los clubes Boca Junior y River Plate. Parte acromática del barrio de grises terrosos y sombras austeras como un collage informalista. La Boca es de contrastes disociados con espacios cromáticos y sectores sin color; casas precarias y conventillos sin el pintoresquismo de antaño.
Sólo en la calle Necochea reaparecen esporádicamente los colores de la Boca, con alguna vieja cantina que se resiste a su desaparición por la acción implacable del tiempo.
El abandono en que se halla la Plaza Solís merecería una urgente remodelación que favorecería la recuperación de su entorno.

Por la calle Caboto, hacia el Norte, llegaremos a la ex Usina de la Compañía Italo Argentina de Electricidad CIAE, ubicada en la calle Benito Pérez Galdos. Este edificio de muros descubiertos y estilo románico medieval, es un fiel exponente de las corrientes arquitectónicas de principios del siglo pasado. Su almenar; arquitos ciegos; ventanas dobles divididas por columnitas; franjas de piedra decorando el muro; faroles góticos; hierro forjado en las rejas y austera y sólida torre reloj hacen de la construcción una magnífica pieza edilicia. Está bajo la jurisdicción del Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (Onabe) y el proyecto es convertirlo en un centro cultural. Como trámite inmediato sería conveniente considerarlo Área de Protección Histórica (APH).

En la esquina de las calles Caboto y Pérez Galdos se encuentra el teatro Catalinas Sur donde se representa la obra El Fulgor Argentino por actores aficionados y que fue invitada recientemente al Festival de Teatro Grec de Barcelona como uno de los representantes de la Ciudad de Buenos Aires.

En la misma zona se hallan la Plaza Islas Malvinas y el Hospital Dr. Cosme M. Argerich, sector donde prevalecen edificios de departamentos modernos. Sobre la Av. Almirante Brown podremos apreciar la Casa amarilla, replica de la residencia del Almirante Guillermo Brown, marino irlandés que actuó en la guerra de la Independencia.

Sólo cuatro pequeños espacios verdes y pocas calles arboladas decoran el Barrio de la Boca. Es como si el verde estuviera ausente en su paleta de colores. La esperanza está depositada en los amplios terrenos frente a la Av. Almirante Brown, aledaños a la Casa Amarilla y que parecen vislumbrar el destino de un futuro parque.

La Boca es un barrio con espacios refulgentes y otros deprimidos. Caminándolo se experimentan alegrías y frustraciones. Entre sus necesidades nos atrevemos a mencionar:

a) el ya señalado espacio verde de Casa Amarilla
b) Habilitar la Casa Amarilla como Museo
c) Habilitar la ex Usina CIAE como Centro cultural
d) Remodelar la Plaza y mercado Solís.
e) Mejorar el Puente N. Avellaneda y Trasbordador
f) Continuar las mejoras de las calles Garibaldi y Vespucio
g) Convertir en peatonal la calle Iberlucea entre Caminito y Lamadrid
h) Recuperar la estación del FFCC Barraca de Peña
i) Reacondicionar el Puente Barraca de Peña
j) Pintar el barco que se expone en la ribera cerca del puente
k) Restaurar los murales de la barraca Mori de los pintores Qujinquela Martín, Lacámera y otro no identificado
l) A todo lo que pueda faltar le agregamos un clásico: la limpieza del Riachuelo.

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Nota publicada el 6-9-2001.