Laboratoria La Padula

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El ser humano, para Pablo La Padula, es objeto de estudio. El pasado miércoles 14 de abril inauguró en el Palais de Glace su ?Muestra de laboratorio? donde concreta esa idea de escarbar en un mundo que le resulta imposible: el microscópico. Una especie de ?muestreo? de tres formas básicas de observación, praxis y anhelo científico. En Leedor te adelantamos alguna de esas imágenes que estarán expuestas hasta el 16 de mayo.“Para el hombre, el ser humano constituye el objeto de estudio más preciado. Para ello, se vale de los demás phyluns para entender su propia materia, dispone de pequeños mamíferos, a través de los cuales experimenta y muestrea su propia carne. Una especie de ?muestreo? de tres formas básicas de observación, praxis y anhelo científico.” De esta manera Pablo La Padula explica su próxima exposición en el Palais de Glace: Muestra de Laboratorio. Inaugura el miércoles 14 de abril a las 19 hs. En Posadas 1725.

Extractos del catálogo de la muestra:

?La tormenta posada en el ojo del insecto. Mejor: preguntarse cómo esas alas de libélula retuvieron un instante de tormenta. Transcurra así la maravilla entre el yo y lo otro, tan cercana cuando esa misma libélula detiene un momento ; apenas; su tiempo en nuestra mano.? Andi Nachon

?Acercándose a la foto, un “peluche” se transforma en lo que es: la patita de una rata. Viva o muerta?
El laboratorio funciona en nuestras cabezas, en nuestra mórbida imaginación que sustrae el objeto real y lo aplana, lo ablanda para que nada nos conmueva, más de lo necesario.
Blancas, blandas, ellas se transforman ante nuestros ojos. El laboratorista está en guardia y limpia la sangre con un sutil pincelito. Guarda las muestras que producen escozor y todo se ilumina: los rostros y las ratas.
Otras muestras: en negros y blancos, de copia o prueba, la expansión se produce, provoca tocar y siempre alejarse, para ver.
Un paso más atrás: el Manual de Cirugía se transforma en el comic de lo que Pablo investiga. Su Laboratorio es uno y muchos a la vez: negativos, blancas ratas, relicarios, insectos que en su luminosidad se vuelven brillantes y envuelven en joyas la noche.
Registros de una experiencia autobiográfica que en la humorada perversa del niño que disecciona bichos nos espanta y nos hace volver la mirada hacia lo que de bellos tiene sus dibujos, a la recuperación del gráfico de otros manuales: Biología, Ciencias Naturales. Y el juego
de experimentos que incluye un microscopio. El mundo construido es siempre propio. El imaginado y el expuesto, otro, de los otros.” (Juan Fernando García)

Publicado en Leedor el 6-4-2004